Hablan los hechos

Hillary Clinton: arriba, pero con presión

Aunque casi con toda seguridad Hillary Clinton se impondrá en la lucha por la candidatura dentro del Partido Demócrata, su situación provoca hoy serias preocupaciones entre sus asesores políticos.

Nadie pensó que la exprimera dama, exsenadora y exsecretaria de Estado de los Estados Unidos tendría que librar una lucha tan prolongada y tenaz en las primarias internas. Bernie Sanders, con su discurso penetrante y progresista, ha resultado un hueso duro de roer.

Los especialistas indican que para la señora Clinton esta batalla cuerpo a cuerpo está teniendo un peligroso efecto desgastante. Y lo peor es que poco a poco en un segmento para nada desdeñable del electorado estadounidense simpatizante del Partido Demócrata se fortalece un rechazo con tinte radical a su figura al calor de los ataques del senador por el estado de Vermont, quien ahora incluye al partido en su discurso cuestionador, acusándolo de corrupto.

En el partido azul la figura del superdelegado, que asegura una influencia directa a la cúpula en la elección del candidato, tiene más peso que en el partido rojo. De hecho, la gran ventaja de Clinton radica hoy en el respaldo que ha recibido de los superdelegados, que no se someten a elección popular y que en total suman 486. Este apoyo eleva a 760 la ventaja sobre su competidor de la exsecretaria de Estado. Sanders cree posible convencer a los superdelegados de que cambien de opinión en caso de lograr una victoria contundente en California. Eso le anima a permanecer firme en la contienda.

Mientras, Donald Trump, con el camino totalmente despejado, se emplea a fondo en un lavado de rostro para aumentar su potabilidad política. Después de vencer por knock-out a sus rivales internos, el magnate inmobiliario intenta ahora reconciliarse con importantes sectores de los que por conveniencia se distanció en las primarias, como la comunidad hispana, y en cohesionar al partido. Para lograr esas metas y mejorar los niveles de confianza del elector cuenta con tiempo suficiente.

De hecho las encuestas, si bien muestran un electorado de origen hispano inclinado mayoritariamente a favor de la señora Clinton, también hablan de un mejoramiento de la imagen de Trump entre los integrantes de este colectivo.

Mientras, por el otro lado, casi todos los días el virtual candidato republicano recibe el apoyo de distintos sectores del partido que antes apostaban por los aspirantes vencidos. Esto parece indicar que la esperada gran fractura del partido rojo que algunos vaticinaban en caso de que ganara Trump no se producirá.

Desde su cómoda posición, Trump dirige sus cañones contra la puntera en las primarias demócratas, lo que obviamente complica un poco su situación, si bien indirectamente de alguna forma refuerza el discurso que la proyecta como la virtual candidata del partido del burro.

Las encuestas dicen también que actualmente existe un empate técnico entre Hillary Clinton y Donald Trump, un panorama radicalmente distinto al que prevalecía hace algún tiempo, que presentaba al multimillonario como un seguro perdedor en una competencia con cualquiera de los aspirantes demócratas.

Una gran incógnita es qué pasará con los radicalizados simpatizantes del senador Sanders. Una encuesta realizada en el mes de abril reveló que uno de cada tres no votaría por Clinton, a la que consideran poco confiable e igual que los dirigentes republicanos.

Algunos analistas entienden que dentro del Partido Demócrata se ha conformado un grupo “rebelde” que solo controla el senador, quien ya ha adelantado que únicamente apoyaría a Clinton si esta asume su plataforma programática y, entre otras cosas, se compromete a: aplicar un programa de acceso general a la salud (medicare) manejado por el gobierno; garantizar educación superior gratis para todos los estudiantes; promover la fijación de un salario mínimo a nivel federal de US 15,00 la hora; impulsar la fijación de impuestos a las actividades especulativas en Wall Street; promover la creación de impuestos a las grandes fortunas, y desarrollar un programa de reconstrucción de la infraestructura del país (carreteras, puentes, vías férreas, acueductos, etc.).

Sanders ha acusado a la señora Clinton de ser la “candidata del aparato político demócrata” y una mujer de los grupos de poder (establishment) de la sociedad estadounidense. Por tanto, dice, “hay que preguntar qué estaría dispuesto a hacer ese establishment por nosotros” si gana Hillary Clinton.

¿Aceptaría la señora Clinton las condiciones de Sanders a cambio de su apoyo?

Es muy difícil, al menos en todas sus partes. Sería como admitir que anduvo equivocada todo el tiempo. Además, eso equivaldría a renunciar al apoyo de quienes hasta ahora han cargado con la financiación de su campaña.

Mantener a Sanders y sus 10 millones de seguidores del lado demócrata será, al parecer, un gran reto para la señora Clinton y su equipo. Muchos analistas entienden que una vez consumada la victoria de la exsecretaria de Estado el senador habrá de flexibilizar sus posiciones. Veremos.

En cualquier caso, las cosas no lucen muy cómodas para doña Hillary, a quien aguarda un competidor que maneja al dedillo las técnicas del marketing y que carece en absoluto de escrúpulos. No cabe duda de que la batalla será dura.

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