El sistema financiero mundial estaría entrando en un riesgo de igual magnitud al 2007, dada la desnaturalización del sistema económico mundial inducido por el predominio del sector financiero sobre la economía global, situación que se ha incubado desde hace tres décadas. Esta apreciación se desprende del artículo publicado en el periódico El País, de España, por el presidente del PLD, Leonel Fernández.
Fernández avala sus argumentos en el hecho de que en el marco de un sistema económico fundamentado en la libre competencia, se entiende que el sector financiero ha de servir de intermediario entre el ahorro de los depositantes y la demanda de crédito para el financiamiento de los sectores productivos, sin embargo, entiende que lo que ha ocurrido es una acumulación de beneficios a través de beneficios especulativos, como es el caso de los denominados productos de derivados, los cuales fueron el detonante de la crisis financiera mundial que estalló en el 2007 y cuyo epicentro fue el mercado financiero de USA, el cual derribó la banca de inversión de Wall Street.
Para enfatizar sobre la importancia del capital financiero mundial sobre la economía, Fernández pone como ejemplo el hecho de que durante el periodo 1980-2014, los activos financieros registraron una impresionante expansión de 12 billones a 294 billones de dólares. Por igual, resalta que para el mismo periodo, los contratos de derivados pasaron de un billón a 692 billones de dólares, lo cual no tiene antecedentes en la historia financiera y económica contemporánea ya que la misma ha representado un incremento de un 70% de los activos a nivel global.
Destaca que los derivados, cuyo valor era cercano al PIB de 1980, pasaron a representar 10 veces el valor de la capacidad mundial de generación de riquezas a partir de la segunda mitad de la década del 2000. Considera que debido al volumen de los montos indicados, en la economía global no hay falta de liquidez, sino abundancia de capital especulativo. Es bajo ese enfoque que Leonel Fernández llega a la conclusión que la falta de crecimiento de la economía mundial esta explicada, entre otras razones, por el fenómeno de la financiarización, la cual ha producido una desconexión entre el sistema financiero y los sectores productivos.
Fernández encuentra en el exceso de liquidez que predomina en la economía mundial, el no uso para invertir en sectores reproductivos como la industria, alimentos y energía, sino que estos recursos son utilizados en inversiones financieras especulativas, que en vez de crear riquezas materiales, crean riquezas artificiales fundamentadas en papeles comerciales que empujan al fomento de una economía mundial de casino. En tal sentido entiende, que al seguir una trayectoria de multiplicación de sus activos, el sistema financiero ha generado desequilibrio en la balanza comercial, de la balanza de pagos, y en la emisión de títulos de deuda.
Dada en situación, Fernández visualiza un potencial de crisis que se ha generado por la existencia de la creación de una riqueza ficticia que se incrementa a gran velocidad, la cual sobrepasa al mismo tiempo los volúmenes de producción y de comercio a nivel mundial.
Entiende que por tales motivos, se requiere enfrentar esta situación y desactivar lo que a todas luces constituye una bomba de tiempo, lo que en lo inmediato sugiere la ejecución de un plan global de regulación del sistema financiero. Situación que se produce ya que la conformación del G-20 no tuvo una coordinación para orientar las políticas para superar la crisis que se inició en el 2007 y concluyó en el verano del 2012, lo que explica la contracción de la economía mundial en ese periodo.