La sociedad urge de un(a) docente que trabaje para ayudar al y la estudiante en la construcción de su perfil ciudadano. Ello conlleva trascender la rutina académica, para trabajar desde los primeros años del niño(a), no solo la calidad académica, sino también la calidad humana, que compete a su rol de hombre o mujer de bien, que armado con las nuevas tecnologías pueda conducirse con la urbanidad requerida por la actuación correcta, en un mundo lleno de malos ejemplos en su pasado y en su presente. Malos ejemplos que no solo atañen a la corrupción en todo sus sentidos, sino que atañe a la falta de honestidad, a la falta de compasión y a la falta de solidaridad, como valores contributivos con el bien común. A la sociedad le urge un(a) docente transparente, que pueda trabajar la transparencia necesaria en la escuela y fuera de ella. Con un(a) docente de este tipo el aula producirá dominicanos y dominicanas aptos(as) para vivir en un régimen democrático, porque la democracia no es palabra, es modo de vida. Solo con un docente con este alto compromiso por el bien común, podrá la sociedad obligar a que las leyes se cumplan a cabalidad, no solo por el ciudadano común, sino por todos(as) los(as) ciudadano(as), sin importar jerarquía política, económica, cultural, militar, deportiva o religiosa.
La sociedad necesita que el Estado fortalezca su institucionalidad, para no vivir episodios de incumplimiento de la Ley por el organismo llamado a hacerlas cumplir. Solo un pueblo educado y formado puede lograr el objetivo de la institucionalidad y lo que es más importante, defenderla para bien de la comunidad.
Las academias y sus docentes aseguran que la calidad de la educación se sustenta en la calidad de los profesores. Los políticos, el Ministerio y líderes de opinión dicen lo mismo, pero los profesores siguen siendo víctimas en una mayoría, de carencias en factores higiénicos básicos para una labor digna. Los actores oficiales mencionados en el párrafo anterior, con raras excepciones, provocan profundos procesos de desprestigio del sector magisterial, lo que provoca graves perjuicios en lo emocional al cuerpo docente, el que desmotivado no puede cumplir con sus múltiples roles.
Los factores motivacionales son básicos para el trabajo, incluso, de mayor relevancia que los higiénicos. En ese sentido, se hace necesario diseñar políticas integradoras que asuman en serio los elementos de la administración, es decir, la previsión, la planificación, la organización, la dirección, la integración y el control como fundamentos de su trabajo. Investigar y analizar sobre su grupo de alumnos (as), el clima en que estos se desarrollan e incluso el propio ambiente escolar en el que se desenvolverán, son variables importantes para conocer el terreno en donde se aplicarán sus estrategias docentes. Sobre esa investigación, construir los objetivos para su planificación, y organizarse para llevar a cabo las actividades, lograr sus metas y objetivos.
Armado con esos instrumentos estratégicos mecánicos, bajo su dirección, pasar entonces, a la parte dinámica de su labor administrativa en su rol de docente; se trata de liderar y armar los procesos, integrando, no solo a sus alumnos y alumnas, sino a él o ella como docente líder, así como a las autoridades de la escuela, junto a padres y madres.
De todos estos elementos, el último es el fundamental, aunque todos son pilares básicos que deben estar integrados. El control conlleva una omnipresencia tangible e intangible, la que debe ser la niña de los ojos del o la docente. El control no debe existir para obstaculizar para el trabajo, por el contrario él busca la excelencia y en vez de meter miedo, debe convertirse en fortaleza. Es él el que nos arma con la retroalimentación fundamental para no repetir errores y curar a tiempo nuestras debilidades.
El oficio docente necesita atraer, en el caso universitario en forma especial, a profesionales exitosos y algunos de renombre, para ejercer docencia aunque sea a través de conferencias u otras herramientas, organizadas dentro del currículo. Se Necesita urgentemente atraer a jóvenes talentosos hacia las escuelas de educación de las universidades para cambiar el perfil del egresado que se encuentra bajo el estigma del fracaso. Las universidades necesitan renovar las escuelas de educación en todos los niveles y áreas, para levantar el ánimo de éxito del sistema.
El sistema educativo necesita mejorar ampliamente la formación inicial y la formación continuada de los profesionales de la docencia, como una de las medidas para garantizar mayores niveles de profesionalismo en el ejercicio docente.
Nosotros cuestionamos desde nuestros inicios en el sistema educativo, que la antigüedad en el servicio sea motivo de incentivo salarial, debido a que muchos docentes han pasado toda su vida en el ejercicio de su carrera, pero su éxito ha sido tan poco, que más vale se hubiesen ido del sistema, al evaluarse su primer o segundo año de ejercicio. Siempre he abogado por un régimen de incentivos para él y la docente de acuerdo al desempeño de cada quien, a sus niveles de éxito, medido no solo por el sistema escolar si no también por los padres, madres o tutores. Debemos estructurar estrategias que nos lleven al cambio que necesitamos en las escuelas públicas y privadas, que persigan estructurar alto estándares cualitativos, por eso necesitamos al cuerpo docente en ánimo de cooperar con un proyecto de mejora continuo y sustentable en el tiempo, porque la búsqueda de calidad es un proceso eterno.
Necesitamos del compromiso y la responsabilidad de los docentes para poder empezar este trabajo, sin ellos y ellas no podremos ni siquiera comenzar a proyectar los cambios positivos, conseguir altos niveles de compromiso y responsabilidad para cualificar el desempeño docente debe ser la estrategia primaria, para que éstos logren mejores resultados de aprendizaje en sus alumnos y alumnas. Estoy seguro que esta estrategia ayudará, particularmente a los estudiantes que vienen de las familias de mayor marginación, porque al final de cuentas, el sector privado estará siempre en mejores condiciones que el público, para mejorar y seguir a la vanguardia de la educación y la formación. Si alguien duda esto último, pregúntese, ¿dónde estudian los hijos e hijas de las familias poderosas de la sociedad de cualquier nación?