Opinión

El poder del profesorado

Pocos profesores llegan a darse cuenta del poder que les otorga su oficio y sin percatarse de ello hacen daño a sus alumnos y alumnas con una actitud pesimista y negadora de soluciones viables. Es algo nocivo en lo social y en lo ético. El papel principal del profesorado es sembrar, pero la siembra debe ser conciente. No debemos olvidar que la educación es ideología y que la ideología trae consigo corrientes de pensamiento y estas corrientes han dirigido el destino de los pueblos durante toda la historia humana. Lo que se diga o deje de decirse, marca a nuestro alumnos y alumnas. Sin darnos cuenta, vamos forjando el carácter y la identidad de los participantes en los cursos de Educación Inicial, Primaria y gran parte de la Educación Secundaria.

La cuestión del salario es un problema nuclear en la actitud del profesorado. Nunca la sociedad ha pagado lo que un profesor se gana cuando hace bien su trabajo. Pero, ¿estamos haciendo bien nuestro trabajo? Con respecto a los estándares de calidad y competencias, ¿dónde estamos colocados?, ¿existen razones objetivas para que la sociedad valore en su justa dimensión al profesor y desde ahí exija mejoras en la vida del profesorado? La siembra de la que hablaba Eugenio María de Hostos hace mucho que no da buena siega. Muchos son los factores, digamos que los bajos presupuestos, la desidia de las autoridades y todas las razones habidas y por haber. ¿Y el aula cómo está?

El sistema social está en crisis en toda America Latina. ¿Qué debemos hacer? Creemos que las frustraciones del profesorado no pueden servir de acicate para la siembra de mediocridades. Por esa razón debemos luchar por rescatar el prestigio de la profesión docente frente a padres y madres.

Debemos hacerlo, para que las familias que conforman la sociedad en la que vivimos, sienta respeto por los docentes en todos los niveles del sistema educativo. Pero, el profesorado debe hacer revisiones periódicas a su accionar, debe hacer introspección, imitando la labor de un alfarero, que revisa su obra para perfeccionarla en una construcción de mejora permanente.

El profesorado debe crecer en lo humano y empezar a contribuir eficazmente en la construcción del porvenir de la sociedad, y esto debe hacerse en cada una de las aulas del país. Para lograrlo tiene que convertirse en individuo capaz de influir positivamente, no solo en sus alumnos, sino en toda la escuela.

¿Cómo lo debe hacer? Organizándose para ser coherente. Una persona no puede decir una cosa en su discurso y en la práctica de la convivencia humana, hacer todo lo contrario. La organización le dará seguridad y la coherencia le traerá el respeto de las familias.

El profesorado debe buscar ser competente. Para lograrlo tiene que cultivarse. Un buen Mecánico tiene sus herramientas de trabajo, las tiene actualizadas, organizadas y limpias. Ni hablar del Medico Cirujano. Un profesor bueno debe preguntarse, ¿Cuántos libros he leído en los últimos dos años?, ¿cuántos de ellos son del área de mi competencia?, ¿cómo ha estado mi actualización docente?, ¿he asumido con responsabilidad estos cursos y aplico lo aprendido en ellos?

El profesorado debe trabajar la compensación en su quehacer diario. ¿He compensado el esfuerzo de mis alumnos con mayor dedicación? ¿He compensado el esfuerzo de mis colegas en la Escuela?, ¿Cómo he trabajado la compensación en mi Familia?

El profesorado debe trabajar el sentido del olfato. Este sentido nos permite saber en qué andan los alumnos y alumnas, y lo que es más importante, cómo anda la familia. El profesorado debe trabajar la intuición en los problemas propios de su oficio. La percepción es clave para el oficio de aprender y aprehender.

El profesorado es poderoso. Trabaja el futuro de la sociedad en el presente representado en su Aula. Por eso, debe perseguir un ideal; para ir más allá de las necesidades fisiológicas.

El Profesorado no solo respira, camina y siente; él persigue metas, consigue objetivos y vive por sus propósitos.

El profesorado autentico persigue metas trascendentes.

El profesorado debe transmitir serenidad y confianza. Generar tranquilidad es uno de sus papeles básicos. Su viaje es largo, por esa razón no son buenos los agobios, ni los tedios y mucho menos los aburrimientos.

El viaje del profesorado es muy largo, no son buenas en su camino las prisas, ni las ansiedades. Es bueno hacerse acompañar por paz espiritual y buen humor, pero sobre todo debe trabajar la paciencia y la perseverancia. Esa actitud le ayudará a procesar en su organismo biológico una hormona llamada serotonina, que le compensará con una vida más feliz.

El profesorado debe actuar con flexibilidad y tolerancia. El éxito es de quienes perseveran en sus ideas, pero cultivado junto a la tolerancia y comprendiendo la flexibilidad de la vida.

El profesorado debe servir de caldo de cultivo a las iniciativas. Significa, poner la cabeza y el corazón a funcionar para generar innovaciones. El profesorado debe comprobar las ideas en el laboratorio de la vida. No temer a las equivocaciones, aprender continuamente del proceso educativo, acumular experiencias para ser cada año escolar mejor en el oficio de enseñar y aprender.

El profesorado debe valorar cada vez más a las personas. El talento es clave de la competitividad y la productividad. Los profesores y profesoras deben buscar capacidad y productividad continua. Debe ir por la vida con el “Pico” y la “Pala” en sus manos, descubriendo talentos ocultos en las profundidades de las confusiones de sus alumnos y alumnas.

El profesorado debe generar relaciones, para que su curso funcione a plenitud. Para que el equipo de profesores y profesoras funcione a cabalidad, debemos jugar limpio y combatir el chisme.

Se debe respetar a los demás y producir confianza y seguridad entre todos.

El profesorado debe usar su poder para influir en los demás desde su autoridad moral. Para ello debe generar credibilidad sobre lo dice y hace. Demostrando honestidad en su actitud se convertirá en paradigma social. Demostrando altura en su visión y transparencia en su misión, podrá trabajar los valores con que vive, en la práctica de su aula. Trabajando su tolerancia se armará de capacidad para dialogar y concertar.

Antes de hablar del profesorado y la ética, quiero citarles a Robinson Crusoe en la prehistoria de la utopía: “no lejos de la costa de Utopía yacen los restos del barco malogrado, pero Robinson se ha salvado, ha logrado llegar a tierra y su capacidad de aprender ha sobrevivido. El barco del saber ha naufragado, pero su poder puede regenerarse.”

El profesorado debe trabajar indisolublemente pegado a la ética. Eliminar la codicia, para colocar las cosas en su lugar, en un trabajo arduo y largo. Las competencias sin valores, son con el sexo sin amor. En realidad se vuelven mecánicas.

Una nación no se construye sin profesores capaces de comprender su papel en la reingeniería social.

Si fracasamos como Escuela, fracasamos como nación; porque un país es lo que son sus ciudadanos. ¿Quiénes forman al ciudadano, desde el nivel inicial hasta su grado y postgrado? ¿Cómo nos valoramos a nosotros mismos?, ¿Cómo nos valoran los padres de familia?, ¿Por dónde deben iniciar los cambios?

últimas Noticias
Noticias Relacionadas