La inolvidable cantautora argentina Mercedes Sosa nos legó uno de los poemas filosóficos de mayor veracidad de la folclorista. Se titula la canción, Todo Cambia. Dice así: “Cambia lo superficial/ Cambia también lo profundo/ Cambia el modo de pensar/ Cambia todo en este mundo…/ Cambia la planta y se viste/ de verde la primavera/ Cambia el pelaje la fiera/ Cambia el cabello el anciano/ Y así como todo cambia/ Que yo cambie no es extraño”. Con estos versos en mente empiezo un viaje imaginario por la ruta del desarrollo de la práctica médica occidental. Arranco desde la Grecia antigua a una alta velocidad reduciendo la marcha hasta tocar suelo criollo al inicio del siglo XXI.
La guía central sería el juramento hipocrático que data de cuatro siglos antes de la era cristiana, versión original: <
En la Convención
de Ginebra de 1948 se cambió el texto: <
En 1964 el doctor Louis Lasagna, Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tufts, creó esta versión: <<... Aplicaré todas las medidas necesarias para el beneficio del enfermo, buscando el equilibrio entre las trampas del sobre tratamiento y del nihilismo terapéutico.
Recordaré que la medicina no sólo es ciencia, sino también arte, y que la calidez humana, la compasión y la comprensión pueden ser más valiosas que el bisturí del cirujano o el medicamento del químico... Si tengo la oportunidad de salvar una vida, me sentiré agradecido. Pero es también posible que esté en mi mano asistir a una vida que termina; debo enfrentarme a esta enorme responsabilidad con gran humildad y conciencia de mi propia fragilidad. Intentaré prevenir la enfermedad siempre que pueda, pues la prevención es preferible a la curación. Sanos de cuerpo y mente así como los enfermos>>.
En la variante dominicana 2016 insertaríamos términos tales como: Usuario, Cliente, Proveedor, ARS, etc.