En mis 42 años de trabajo en el sector público y en el privado –porque he tenido esa suerte– he aprendido, que trabajar en equipo genera entusiasmo. Considero, que trabajar en equipo trae resultados satisfactorios, porque al cumplir las tareas emprendidas, uno siente que mata el egoísmo del yo, haciendo germinar el concepto nosotros.
Trabajar en equipo busca afianzar resultados positivos, que unifiquen las acciones, en vez de dividirlas. La empresa partidaria en efectividad y los trabajadores de la política en sus relaciones sociales, son sinónimos de éxito, cuando practican el trabajo de equipo, de una forma sincera. El éxito que propicia el clima creado por la unidad del equipo, acrecienta los niveles de compromiso, solidifica la solidaridad real y efectiva, así como los niveles de responsabilidad, ante las tareas asignadas a cada individuo participante. Hasta ahora, la grandeza del PLD ante las masas populares, ha estado cimentada en el trabajo de equipo.
La reglas de comportamiento establecidas desde 1973 por los miembros del equipo denominado PLD, han surgido para ser acatada de forma reflexiva, porque la mayoría ha creído que son una garantía de un buen desenlace institucional.
Hago estas puntualizaciones, para enfatizar en la dedicación que debemos tener todos en el conjunto de líderes, pero en forma especialísima, los dos principales líderes, para alcanzar la fundamental visión del fundador.
Este énfasis lo manifiesto en la necesidad de que ambos tengan el debido carácter de actitud firme frente a la unidad partidaria, requerida para el éxito partidario. Necesitamos de una actitud de riesgo calculado y sobre esa sobriedad empresarial, desarrollar las actividades de la misión diaria, con agallas, para que el tiempo invertido en las tareas por venir, sea recompensado con triunfos sucesivos.
El valor del tiempo es incalculable, por lo que perderlo en cuestiones insulsas, sería un pecado no perdonado por las masas populares, las que después de perderlas como adeptas, son similares al tiempo, se tarda mucho para recuperarlo. La historia no perdona a quienes no tienen en cuenta las oportunidades que la providencia les ofrece.
La falta de talento para aprehendernos de una racionalidad de acción, capaz de reconocer lo temporal como efímero, en la importancia de agregar valor a nuestra impronta; es considerada por la filosofía de la historia, como producto de inmadurez. Creo que Bosch apostó a nuestro éxito y este depende de la voluntad de Danilo y Leonel.
Lo que estoy diciendo, les toca a muchos, dentro del Comité Político del Partido. Es hora de trabajar sobre las estructura de motivaciones de los dirigentes medios y de base de la organización. Porque es básica la calidad del clima partidario. La estructura de motivaciones debe ser desarrollada como una cultura, pero hemos ido sufriendo pérdida de contacto directo con las estructuras medias y de base. La estructura de motivación que instaló Juan Bosch debe ser reintegrada a las acciones partidarias de hoy, porque ella, entre otras cosas, fue capaz de ensenarnos a aprender a acoger a los que no pensaban iguales, con sus virtudes y des virtudes, el PLD acogió marxistas, reformistas, socialistas democráticos, pro chinos, pro soviéticos, etc.
Se debe propiciar la creación de espacios reflexivos, para a través de ellos, tratar de que el equipo común –que es el Partido- trabaje hacia metas de un futuro previsto, al que hay que construir, diseñándolo con antelación. Eso nos ensenó Juan Bosch.
Sobre ese logro -como siempre hemos hecho- entonces buscar métodos para lograr plasmar ese futuro con el menor esfuerzo posible. Todo aspirante a la presidencia de la República, debe lograr entre sus acompañantes, el alcance de la tenacidad, de una disciplina consciente, de un empeño profundizado en el compromiso por lograr las metas propuestas por su equipo, enmarcadas dentro de los objetivos de un verdadero plan particular hacia la consecución de la dedicación plena de su equipo. Nadie tiene derecho a colocarse por encima del pueblo dominicano, ni mucho menos a experimentar en detrimento de la armonía partidaria.