Opinión

La libertad religiosa

Hemos estado trabajando un esbozo temporal sobre los antecedentes históricos de la libertad religiosa, entremos ahora al escenario de una época, en donde la expansión territorial y el surgimiento de un nuevo fenómeno impulsado por la osadía del hombre, colocó el momento histórico, en una situación universal de mayor complejidad en el perenne conflicto humano, en cuanto a los paradigmas poder, Filosofía y fe.

Se trata de la irrupción de los europeos al “nuevo mundo” y su posterior conquista colonizadora, iniciada por el reino de España, en una génesis de esplendor, y luego por el reino de Portugal, hacia las tierras allende los mares amerindios.

Este acontecimiento de trascendencia global, trajo consigo muchas cosas importantes para la transformación del mundo conocido hasta entonces. Entre esas cuestiones claves está la predicación del culto cristiano, el que se desarrolla de la mano de importantes representantes de la Iglesia Católica. Una arista importante de estos acontecimientos desarrollados como procesos de situaciones claves, fue la ayuda que facilitaron ambos Estados conquistadores a los enviados eclesiásticos Católicos.

Es innegable, el uso de la fuerza para imponer la nueva cultura, es por ello, que en la mayoría de los casos se produjo de manera forzada y violenta contra los aborígenes, que constituían pueblos con creencias particulares y es bueno decirlo, ancestrales. En esa época se vivía en el continente europeo una intolerancia marcada sobre todo vestigio de novedad; por ello, para muchos “entendible” la férrea intolerancia religiosa que exhibieron los conquistadores ante las múltiples y nuevas creencias encontradas en los nuevos territorios y arraigadas en sus poblaciones.

Esta violencia, marcada férreamente en lo ideológico, fue expresada en la destrucción de los templos aborígenes, destruyendo las figuras encontradas, a la manera de una «extirpación de idolatrías» y una sistemática y organizada eliminación del arte sacro autóctono. Es así, como los nativos observaron impotentes, la destrucción de sus esculturas, saqueada su orfebrería y hasta sus pinturas. Todo esto dio paso a la construcción de iglesias, monasterios y catedrales católicas.

En ese orden, existe una acción histórica importante, la que habla de cómo se ha usado la fuerza, y no solo la fuerza mecánica de la espada como símbolo militar emblemático, si no la fuerza dinámica de la acción del poder, utilizando estrategias fomentadoras del miedo; cuando se quiere dejar claro la posición de los que vencen. En este caso se trató de una inusual demostración de fuerza: las construcciones se levantaron sobre las ruinas de los templos nativos, accionando en seguida sobre la psiques de los conquistados, lanzando prohibiciones o quemando los diversos tipos de registros de costumbres aborígenes, destruyeron hasta el trabajo intelectual de los conquistados, tratando de borrar su historia.

Sobre lo que acabamos de decir, se puede poner como ejemplo, la quema de códices mayas y quipus incas, por considerárseles diabólicos.

Ojala nunca vuelvan a repetirse episodios históricos tan deplorables y azarosos para el género humano ni en este planeta ni en otro.

La nueva religión que se imponía en los territorios conquistados, tuvo personajes importantes, que cuando entraron en escena, en las primicias de la conquista, denunciaron a todo pulmón estos abusos e intolerancias, tal fue el caso de Fray Bartolomé de las Casas, quien rechazó el sistema de las encomiendas, nacidas en la Isla Hispaniola, en donde se asignaban tierras y personas nativas para ser salvadas, obligándoles a bautizarse en el cristianismo. Fray Bartolomé de las Casas luchó por la conversión pacífica de estos hombres y mujeres, a los que en principios se les consideró “sin almas.” Lamentablemente, el prelado no logró que este sistema se estableciera en toda América. Es justo decir en este punto, que aunque se prohibieron otras prácticas o rituales diferentes a los ritos católicos, el argumento de por razones humanitarias, eran muy válidos, porque en las religiones animistas, por demás politeístas de la América indígena, en algunos casos incluían sacrificios humanos.

Por otra parte, también es justo decir, que en los diferentes territorios conquistados por España, bajo el gobierno de los Reyes Católicos, se estableció la denominada Santa Inquisición, esto sucedió en el año 1569 y se instauró con la finalidad de detectar y reprimir ritos secretos y costumbres distintas o contrarias al catolicismo, una muestra de intolerancia al estilo de la época en que vivía la humanidad de entonces. Un dato importante en esta información, es que, la Inquisición estaba autorizada a actuar sólo contra los bautizados. Pese a ello, durante la mayor parte de su fatídica historia, al no existir en España ni en sus territorios dependientes, la libertad de cultos, su jurisdicción se extendió en la práctica, a la totalidad de los súbditos del rey de España. No fue hasta el año 1820, cuando este Tribunal fue abolido.

Durante toda la época de la conquista española y portuguesa, se indujo a la población en ocasiones pacíficamente, en ocasiones recurriendo a la guerra, mediante el requerimiento a la conversión de prácticamente todos los habitantes de América Latina a la fe cristiana católica, por lo que en el momento de la independencia, fue adoptada como religión oficial por la gran mayoría de las nuevas repúblicas. Esto trajo como consecuencia, la concesión a la Iglesia Católica de numerosos privilegios, los que vienen de la formación de los habitantes que poblaban las nuevas naciones, producto de las descendencias posteriores a la conquista y colonización.

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