Félix Bautista
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En la vida hay que tomar decisiones: agradables, desagradables, fáciles, difíciles, placenteras y dolorosas. Cada día nos enfrentamos a un conjunto interminable de toma de decisiones que pueden cambiar nuestro futuro. En todo caso, debemos analizar cuál es el camino más correcto a seguir, pensando siempre en lo que más conviene a nuestro entorno y a la colectividad en la que hacemos vida social y política. Todos los días tenemos el dilema de cómo equilibrar el trabajo y la familia; cómo cuidar a los hijos o a nuestro abuelo enfermo; cómo pagar los gastos de la universidad y los servicios del hogar; cómo mantener nuestro trabajo y qué hacer si lo perdemos; cómo enfrentar el reto de mantener el matrimonio o decidir por el divorcio, en fin, la vida consiste en tomar decisiones.
Hillary Rodhan Clinton, en su libro “Decisiones difíciles”, nos plantea que “nuestras decisiones y la forma en que las resolvemos dan forma a la persona que llegamos a ser. Para líderes y naciones, esas definiciones pueden significar la diferencia entre la guerra y la paz, la pobreza y la prosperidad”.
Siempre habrán amigos y familiares que opinarán contrario a tus pensamientos, escúchalos, reflexiona y decide conforme a tus propios criterios. Recuerda que tu futuro depende siempre de ti, de tus propias decisiones.
Cuando Hillary perdió las primarias de Obama, hizo lo correcto: apoyar al ganador e integrarse a la campaña para que su partido y su candidato alcanzara la victoria.
Para la señora Clinton, esa primera derrota fue difícil. Recordemos que hasta el 2008 había disfrutado de éxitos electorales, primero como parte de las campañas de su esposo Bill Clinton en Arkansas y luego para los dos periodos para la presidencia y posteriormente en sus propios triunfos como senadora en el Estado de Nueva York en los años 2000 y 2006. Era doloroso aceptar la derrota, estaba agotada y desilusionada.
En su libro “Decisiones difíciles” cuenta que “postularse para presidente es intelectualmente exigente, emocionalmente agotador y físicamente agobiante”.
No fue fácil para Hillary su primer encuentro con Obama luego de haber perdido las primarias en la que participó en el año 2008. Sin embargo, sabía que había llegado el momento del reencuentro, aclarar las cosas, darse el abrazo, ponerse de acuerdo y ganar la Casa Blanca. Hoy Barack Obama hace lo mismo por ella. Está haciendo campaña para que Hillary sea la próxima presidenta de Estados Unidos. Es la mejor forma de agradecer y asumir que lo más importante es la continuidad de su partido en el poder.
Se sentaron y Barack le pidió su ayuda para unificar el Partido y ganar la presidencia. En un encuentro con sus seguidores en el National Building Museum en Washington, Hillary expresó: “Si yo hice todo el esfuerzo para ganarle las primarias, haré todo lo posible para elegirlo presidente”.
Para la señora Clinton, escribir y pronunciar el discurso de apoyo a Obama, no fue fácil. En esa ocasión su intervención no contaba con la presencia de Obama. “Les prometí que siempre me verán en las primeras líneas de la democracia, luchando por el futuro. La forma de continuar nuestra lucha ahora, de alcanzar los objetivos deseados, es tomar nuestra energía, nuestra fuerza, nuestra pasión y hacer todo lo posible para ayudar a elegir a Barack Obama como próximo presidente de los Estados Unidos”.
A finales de junio en Unity, New Hampshire, donde ambos en las primarias obtuvieron 107 votos, se presentaron juntos por primera vez ante una multitud que los aclamaba. En el gran salón, una bandera azul que decía “unidos por el cambio”.
Las palabras de Hillary junto a Obama fueron las siguientes: “sin importar si votaron por mi o por Barack, ha llegado la hora de unirnos como un solo partido con un único propósito y donde ninguno puede mantenerse al margen. Esta es una lucha por el futuro. Una lucha que debemos ganar juntos. Con fe en nuestro partido y nuestro país, declaremos juntos a una sola voz, que Barack Obama es nuestro candidato y será nuestro presidente.” El 20 de enero de 2009, los Clinton presenciaron el juramento de Obama como el cuadragésimo cuarto presidente de los Estado Unidos de América. Su rivalidad había concluido y hoy son grandes amigos. Hillary ayudó a Obama a ganar y a convertirlo en presidente en el 2009. Hoy Barack Obama y su esposa hacen lo mismo y en un acto de reciprocidad y de nobleza política lo han dicho de manera elocuente: “Sé lo difícil que puede ser este trabajo, es por eso que sé que Hillary será tan buena”. “No creo que haya habido nunca alguien tan cualificado para ocupar este puesto (el de presidente)”.
Obama está haciendo todo el esfuerzo posible para que Hillary lo sustituya en la casa blanca y se convierta en la primera mujer presidenta de los Estados Unidos en más de dos siglos de vida democrática.
Hillary Diane Rodham Clinton fue designada como la 67va Secretaria de Estado de los Estados Unidos. Durante cuatro años visitó 112 países, recorriendo casi un millón de millas, y su trabajo contribuyó con la solución de poner fin a dos guerras, una crisis financiera global y reorientó la política exterior americana en torno a lo que ella denominó “el poder inteligente”.
Ese poder inteligente es lo que promete para Estados Unidos y la comunidad internacional en la presente campaña electoral: tener más socios y menos adversarios, más responsabilidad compartida y menos conflictos, más empleos y menos pobreza, más prosperidad generalizada y menos daño al medio ambiente, y tomar decisiones en beneficio de la paz y el progreso.
Por su parte, Donald Trump, un empresario inmobiliario, con poca experiencia política y con nada de experiencia en la administración pública, presenta una propuesta antinmigrantes y anti establishment. En un encuentro en el estado de La Florida, dijo que de ganar las elecciones del 8 de noviembre, daría un golpe mortal al “establishment corrupto de Washington”.
Dos propuestas y dos visiones, sobre las que el pueblo norteamericano tendrá que decidir, en las elecciones del 8 noviembre, cuyos resultados ocuparan hoy miércoles las primeras páginas de los diarios en todo el universo.
Las encuestas sitúan a Hillary Clinton con una ligera ventaja sobre Donald Trump. La diferencia entre ambos candidatos se sitúa prácticamente en el margen de error de las mediciones. Con este panorama, las votaciones tendrán la respuesta de quien se convertirá en el presidente número 45 de los Estados Unidos de América.