Opinión

Universidad, disciplina e inteligencia

Como sistema, la universidad tiene que ir reciclándose a sí misma para poder ir tras la mejora constante de sus múltiples procesos. En este tiempo de grandes confusiones en la esfera social, debiera repensarse sobre la importancia de trabajar sobre la formación de la voluntad, es decir, buscar formas para enfrentar el desgano por el trabajo. Y ese mismo desgano, lleva a muchos entes sociales a la aceptación irremediable de situaciones personales pesimistas, llenando el espacio social de actitudes frustrantes para las generaciones futuras.

El mundo actual dispensa una cultura hedonista y superficial, en donde la persona rehúye al esfuerzo y al sacrificio, dejándose vencer desde sus adentro por impulsos que le conducen hacia un confort improductivo, situación que coloca a la sociedad en una situación compleja, en donde un sinnúmero de personas ni trabajan ni estudian, pero mucho menos se preocupan por el contexto que le circunda, colocando al todo social en grandes disyuntivas sociopolíticas y socioeconómicas.

Es tal la indisciplina social y la mirada cómplice de los estados nacionales, que este mal prolifera hasta estudiantes. Muchos ciudadanos que asisten a las universidades evitan esforzarse en forma sistemática y sostenible, alejándose del camino hacia la consecución de sus carreras. Lo quieren todo fácil y ahora, hasta el titulo que supuestamente le proveerá de mejores condiciones de vida.

Está muy difundida la creencia -debido a la experiencia humana- de que la disciplina es una virtud, que modifica en forma positiva a la persona que la asume como práctica y por consiguiente, al conglomerado en donde se ejerce.

Las familias que envían a la escuela y monitorean a sus hijos e hijas en el transcurso de su formación escolar, construyen una disciplina integral que las hace capaces de trabajar juntos por el éxito escolar de sus proles, y lo hacen con el objeto de que adquieran inteligencia, a través de los múltiples procesos de esfuerzos cognitivos.

Entonces puede afirmarse, que la inteligencia de las personas produce la diferencia, para que unas naciones se erijan como ricas y otras permanezcan pobres. Pero, quien suscribe estas palabras conoce dominicanos y dominicanas, que en naciones como los Estados Unidos de América y Alemania, se han colocado por encima de la media de esos países. Y lo han logrado, tanto en negocios, como en éxitos académicos, técnicos y científicos. Entonces… ¿qué hace la diferencia entre países pobres y países ricos?

Creemos que el problema se encuentra en la actitud de las personas. También creemos que la mayor parte de la población de nuestros países no cumple las reglas de conductas capaces de hacerles portadores del éxito.

Los individuos deben auto disciplinarse, empezando por ordenar sus acciones y limpiar su entorno de todo lo que le puede perjudicar anímica o biológicamente. Limpieza interior y limpieza exterior. Alejar de su vida el cinismo y convertirse en un ser íntegro, la integridad armoniza con el éxito.
Porque el tiempo es lo más valioso de las personas, debemos cultivar la puntualidad. El éxito necesita de dos patas fundamentales, responsabilidad y compromiso, esas patas forman lo que muchos definen como vocación.

Sin el deseo de superación, el éxito no se aposenta en nuestra realidad, por lo que el deseo de superarse a sí mismo, es una de las claves del progreso.

La fortaleza de la democracia está en su debilidad, se trata de la libertad. La libertad es espléndida para la vida del individuo humano, pero ella es peligrosa si no se brida, es decir, si no se reglamentan las acciones de los individuos, es por ello que el respeto a las leyes y los reglamentos, son indispensables para la civilización. En ese mismo orden, el respeto por el derecho de los demás, es la base del clima que hace en la convivencia, el trabajo y en toda la ruta de la existencia de los procesos situaciones que acaecen. ¿Cabría este capítulo en la extensión universitaria?

Noticias Relacionadas