Daris Javier Cuevas
El Producto Interno Bruto (PIB) de la República Dominicana tuvo una expansión de 6.6% en 2016, según el informe emitido por el Banco Central, lo que resulta similar al 6.4% del crecimiento estimado por la CEPAL. El informe en cuestión resalta que dentro de las actividades de mayor incidencia en el dinamismo de la economía, y que sustentan el comportamiento del PIB, se resaltan la minería, 26.5%; intermediación financiera, 11.0%; agropecuaria, 9.6%; construcción, 8.8%; hoteles, bares y restaurantes, 6.4%; comercio, 5.9%; transporte y almacenamiento, 5.3%; enseñanza, 5.2%, y manufactura local, 4.8%.
El Banco Central explica que el crecimiento económico de 6.6%, en el año 2016, en un 80% está explicado en su conjunto por esas actividades sectoriales, significando tal comportamiento que el sector privado es el motor dinámico de la economía dominicana, lo cual sustenta las irrefutables cifras que se han pluralizado. En adición, aunque el crecimiento del PIB resultó inferior al 7% del 2015, el mismo tuvo un impacto en el mercado laboral impulsando una generación de empleos de alrededor de 150,000 nuevos puestos, lo que explica en una alta proporción que la tasa de desocupación abierta promedio haya tenido un comportamiento manejable de 7.1% y una tasa de inflación de 1.70%.
Una retrospectiva detenida sobre el desempeño económico durante el 2015, de un PIB de 7%, se puede observar que entre los sectores más dinámicos de la economía dominicana se destacaron la construcción, 19.1%; intermediación financiera, 9.2%; comercio, 8.6%; enseñanza, 8.4%; transporte y almacenamiento, 6.4%; hoteles, bares y restaurantes, 6.3%; salud, 6.5%; manufactura local, 6.3%; Energía y Agua, 6.3%; Zonas Francas, 5.1%. Estas actividades sectoriales explicaron en un 82.7% el crecimiento del PIB para ese año, lo que tuvo un impacto en el mercado laboral con una generación de 155,189 empleos, de los cuales el 85% fueron creados en el sector formal.
Para el año 2014 la economía dominicana registró un crecimiento de 7.3%, donde todas las actividades económicas presentan tasas de variación aceptable, destacándose agropecuaria, 4.4%; explotación de minas y canteras, 20.3%; manufactura local, 5.5%; construcción, 13.8%; energía y agua, 4.7%; comercio, 4.9%; hoteles, bares y restaurantes, 7.5%; transporte y almacenamiento, 6.0%; comunicaciones, 5.2%; intermediación financieros, 9.1%; enseñanza, 8.4% y salud, 7.2%. Esta dinámica sectorial de la economía explicó su participación dentro del PIB cercana al 70.0%, con una generación de unos 165,799 empleos netos, lo cual se tradujo en una reducción de la tasa de desocupación abierta de 1.0%, al pasar de 7.0% a 6.0%.
Durante el período 2014-2016, de las cifras de los informes del Banco Central podemos observar algunos elementos importantes, y es que los sectores que dinamizan la economía dominicana son variantes y rompen con los sectores tradicionales del crecimiento, algo muy relevante, por igual se destacan los sectores construcción y financieros como lo de mayor consistencia y sostenibilidad. Más aun, cuando estos sectores registran una mayor expansión impactan en un mayor peso en el crecimiento del PIB, lo que unido al sector agropecuario, reflejan el dinamismo en el mercado laboral con un mayor número creado de empleos, lo que permite deducir que en estos sectores es que se produce su mayor creación.
En igual dirección, nos encontramos para el período 2011-2013, un trienio donde la economía dominicana logra crecer, pero a un ritmo inferior, esto es, que el PIB creció 4.5%, 3.9% y 4.1%, lo que significa que la economía no dejó de crecer durante ese período. También se generaron en empleos, en menor cantidad, mientras que los sectores económicos también fueron dinámicos, siendo la minería el que mayor expansión tuvo en ese período superando el liderazgo de los sectores construcción y financiero.
En tal virtud y visto que el comportamiento del PIB ha sido consistente con el mercado laboral, durante el período 2011-2016, todo parece indicar que existe una insatisfacción de la ciudadanía en relación con los indicadores macroeconómicos en cuanto a que predomina el criterio generalizado de que estos no se observan en la realidad cotidiana y el ciudadano de a pie tampoco lo percibe. En principio esta convicción se justifica en que un crecimiento del PIB se traduce en una reducción inmediata de la pobreza, abaratamiento de los precios y distribución abundante del circulante.
Una reflexión sesuda nos conduce a que cuando se presenten las cifras del crecimiento del PIB, estas se traduzcan en mayor calidad en los indicadores de salud y educación de manera tangible, actualización e innovación tecnológica, reducción de la pobreza, y que la generación de empleos no sean números sino realidades concretas por sectores, con sostenibilidad.
Sin embargo, hay que insistir que de lo que se trata es que el crecimiento sea de mayor calidad y que las cifras sean amigables con la inteligencia y las aspiraciones de la colectividad para satisfacción de los diseñadores y ejecutores de política económica.