Opinión

El profesor y su responsabilidad social

El aula se planifica. La planeación del aula de cada profesor, se debe planificar sobre el plan del curso que imparte. El plan de curso está centrado en el programa que establece los contenidos que han de ser impartidos. El docente como ente particular, desarrolla un proceso académico, en donde su intelectualidad como profesor, marcará el rumbo holístico de las clases y sobre todo, cristalizará las competencias puntuales correspondientes a cada tema contenido en el programa. Es responsabilidad particular del profesor crear un plan de curso y un plan de clase para cada una de las jornadas del aula. La organización, integración, dirección y control de ese proceso, determinará la suerte de su asignatura. Se hace necesario recordar, ante tanta ineficacia del oficio docente, que la docencia es desarrollada sobre técnicas sustentadas en el saber científico y experiencia del profesor.

La responsabilidad social del docente inicia, reconociendo su competencia en una introspección ayudada por la técnica del DAFO. La objetividad de esa revisión competencial, arroja un resultado que debe encararse con honestidad y humildad. Solo así, el profesor buscará ayuda para poder impartir con éxito, aquellos temas que no domina a cabalidad. La ayuda puede ser auto ayuda, buscando libros y otros materiales para auto aprender, es decir, pondrá en práctica sus habilidades de autoaprendizaje mediante la investigación documental, fortaleciéndose en su rol autodidacta.

Desde ahí inicia objetivamente el desarrollo efectivo o no de la responsabilidad social del profesor. Al llegar a ese punto, el ente social que porta el nombre de profesor, ha tomado decisiones cronometradas en el tiempo pasado y éstas decisiones le han colocado en la realidad de la importancia de la planeación en el ámbito del rol del profesor.

Al acatar esa verdad, el docente está caminando correctamente por la vía de la responsabilidad social, la que él se atribuye, de acuerdo a su desarrollo endógeno. Ese desarrollo interno le hace contraer compromiso acerca del servicio que desarrollaría desde las aulas en donde consuma su quehacer.

Por ejemplo, trabajar la creatividad, podría ser una las tareas de la misión elegida para colocar en el alumno la necesidad de ser creativo más allá del aula de clases y sus pormenores del día a día. Pero esa creatividad debe ser trabajada por el profesor en doble vía, y esto debe ser así, porque el profesor debe sentir en su accionar, la necesidad de ser creativo en sus clases y serlo ante la presencia de sus alumnos, de esa manera queda validado ante ellos, adquiriendo legitimidad de una forma objetiva. Este debería ser un deber primario del docente comprometido con desarrollar en sus alumnos la creatividad.
En el transcurso de la vida he aprehendido, que nadie puede dar lo que no tiene.

Debe hacerlo endoble vía, porque lo hará endógenamente y exógenamente, es decir desde él y para él, pero también hacia los alumnos y para que ellos sean creativos por naturaleza. Este proceso se debe dar de esa forma, debido a la construcción cultural de la creatividad sobre el paradigma docente que ha de ser emulado por el que aprende en el contexto del aula y en los elementos sociales de enlace, incluyendo a la familia nuclear del alumno.

El que es creativo innova por la lógica de su quehacer. La innovación se percibe desde la actitud del maestro, que motiva y demuestra dominios sobre competencias claves para crear necesidad en el alumno. Y en este punto, nace otra responsabilidad, se trata de crear necesidad de aprender en los estudiantes. Creemos firmemente, que el docente que no es capaz de crear necesidad de aprender en sus alumnos, no es un buen profesor. Siendo creativos nos convertimos en innovadores, y la innovación en su proceso cualitativo, describe de una manera clara los retos que deben enfrentarse para construir novedades.

Un buen docente, dentro de su responsabilidad social, construye una marca. Esa marca debe ser como un sello que le da identidad particular y casi única, dentro del conglomerado que comparte con él o con ella, la dicha de construir en distintas dimensiones, sobre los seres que pasan por la empresa de su aula. De lo dicho en estas últimas palabras, se colige la importancia de que el profesor vea su aula como una empresa, la que debe no solo administrar sino gestionar y liderar.

Dentro de la marca del docente se encuentra su mística de trabajo. Es la mística lo que le da forma a su accionar y le agrega valor a lo que hace, desde el punto de vista la profundidad paradigmática de su estilo. A mí por ejemplo, me complace darle su tiempo al curso donde voy a impartir docencia, en ese tiempo breve o no tan breve, identifico intereses particulares en los alumnos y a todos los pongo en el riel de lo positivo, comenzando por demostrarles lo importante que son para el desempeño de mis funciones docentes. Aunque mis alumnos casi siempre son adultos y algo más que adultos, debido a que imparto docencia en posgrado, siempre busco que se sientan confortables, propiciando la construcción de un clima áulico eficaz. Esta parte se logra siendo amable, alegre y poniendo las reglas claras desde la propia génesis de la relación.

En un curso existe una relación rutinaria entre docente y alumnos, construir confianza es algo trascendente para la eficacia del curso. El papel de la confianza se desarrolla sobre respeto mutuo y disciplina. El papel de la disciplina en todo proceso, debe ser la búsqueda de armonía y convivencia ética en forma sustentable.

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