Opinión

Del Padrino a Alien, el Octavo Pasajero, o Cómo resistir el paso del tiempo.

A pesar de que el poeta Ezra Pound declaró abril como el mes más cruel, para el mundo del cine ese mes en 2017 se transformó en jubiloso por celebrarse el aniversario de dos películas emblemáticas y que dieron origen a sendas sagas: El Padrino I y Alien, el Octavo Pasajero, que inscribieron a sus directores, Francis Ford Coppola y Ridley Scott, en la historia del cine con mención de honor.

El 26 se celebró el Alien Day en todo el planeta para rendir honores al estreno de 1979. En RD, Caribbean Cinemas lo conmemoró exhibiéndola y dando un adelanto de Alien Covenant, próxima a estrenarse. Alien describe el regreso a la tierra del carguero Nostromo, que despierta a sus tripulantes para responder a la llamada de auxilio de un planeta desconocido en el cual Gilbert Kane (John Hurt), es atacado por una criatura desconocida que irá exterminando a toda la tripulación.

La combinación de actores y actrices veteranos, junto a otros de menor experiencia, le proporcionaron al director Scott un balance muy positivo en el desenvolvimiento de esta trama de ciencia-ficción con Sigourney Weaver, John Hurt, Yaphet Kotto, Tom Skerrit, Veronica Cartwright, Ian Holm y Harry Dean Stanton. Weaver era una novedad, pues en esa época no se prodigaba el caso de mujeres protagonistas en un género como este.

A 38 años de distancia pueden notarse muchas cosas, y entre ellas, lo bien que ha resistido el paso del tiempo -a pesar de que en su momento algunas críticas no fueron muy halagadoras-. Críticos de la talla de Rogert Ebert, Leonard Maltin o Vicent Canby, la encontraron carente de profundidad, en contradicción con la opinión de la audiencia y de otros críticos.

En el caso de El Padrino, Francis Ford Coppola describía las interioridades de la familia mafiosa capitaneada por Vito Corleone (Marlon Brando) y sus herederos, Michael (Al Pacino) y Santino (James Caan), quienes entran en conflictos con las otras familias por los deseos de estas de introducirse en el tráfico de drogas.

Al margen de todos los problemas enfrentados desde la selección del director o los actores, las discrepancias entre Coppola y el director de fotografía Gordon Willis, la negativa de los vecinos de Long Island a que se filmara en el sector o los problemas con la mafia y el incremento del presupuesto, el producto final es una de las películas más icónicas de la historia del cine.

El Padrino I también ha aguantado el paso del tiempo de manera estoica -como cualquier gran obra que se respete-, hasta llegar a sus 45 años lozanamente cumplidos, celebrados con la presencia del elenco casi completo, a excepción de los fallecidos Marlon Brando y John Cazale. La tenacidad mostrada por Coppola para imponer su criterio artístico debería ser una guía para muchos directores.

Critica social desde el cine mainstream

Como revela la trama, el oficial científico Ash tenía unas órdenes específicas y cuando estas entraban en contradicción con la del comandante Arthur Dallas, prevalecían las de Ash. Los reclamos de Dennis Parker, el ingeniero jefe y de Samuel Brett, el ingeniero técnico, acerca de los porcientos en las ganancias, sitúan a Alien dentro de los conflictos laborales que ocurren en las empresas, dándole un contexto social interesante.

Ridley Scott no solo construye un film modélico de ciencia-ficción con gran suspenso, sino que lo sitúa dentro del mundo de los grandes negocios del futuro cercano. La visión de Nostromo no es la de un simple carguero comercial, sino la de una expedición para hacerse con una especie alienígena que pueda ser usada como arma, obteniendo con ella grandes ganancias.

Ash es un robot que representa los intereses de la empresa. Ejecuta sus órdenes al pie de la letra sin la más mínima sensibilidad acerca del bienestar de sus compañeros tripulantes, como bien termina Ripley dándose cuenta al indagar en la computadora Madre (Mother), donde son descritos como prescindibles, pues la misión principal era recoger al alienígena. Cualquier parecido con las directrices de algunas empresas con sus empleados en nuestros días, es pura coincidencia.

El Padrino I también fue estrenado en los años 70 y describe sin medias tintas los turbios negocios entre las mafias, los estamentos estatales y ciertos políticos. La corrupción permeaba todos los ambientes, pero hubiese sido imposible que estos delincuentes pudieran operar con tantas facilidades sin la protección de los organismos y funcionarios encargados de combatirlos.

Ahondando en el tema, veremos la controversias que levantó, llegando a recibir amenazas de bombas y protestas de varios sectores italo- americanos, hasta tener que cambiarle el nombre Mafia, como era originalmente, a El Padrino, como se estrenó. Ninguna obra que no toque ciertas fibras sociales e intereses puede levantar tantas pasiones como lo hizo esta película basada en la novela de Mario Puzzo.

Si como dijo Coppola, el vio trasuntos del Rey Lear de Shakespeare, con toda aquella lucha de los herederos buscando suceder al anciano rey, su panorama crítico muestra a la sociedad norteamericana con todo ese componente violento, mafioso, familiar, político y moral, revelando el lado oscuro de un sistema dominado por poderosos intereses de individuos que desean mantenerse en la cima de la pirámide a costa de quien sea y de lo que sea.

Monstruos, asesinos y sociedad

El mundo de la mafia y sus conexiones con la política o los estamentos estatales fueron articulados por Coppola en El Padrino, así como Scott retrató de manera muy precisa las doctrinas esenciales de las grandes corporaciones en el entorno espacial. Ambos impusieron su minuciosidad y su saber hacer.

El Padrino I y Alien, el Octavo Pasajero, son dos filmes que ya forman parte del canon cinematográfico y que han vencido al tiempo con las armas de este, combinando una hechura estética de altos vuelos con un reflejo muy preciso de los problemas sociales de su época. Problemas, que con ciertas variantes, nos han llegado hasta hoy y eso permite una lectura modernizada de ambos, pues no hay nada más actual que la honestidad discursiva en la estética de un cine como el de Coppola y Scott.

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