Roberto Claudio
Juan Bosch es uno de esos hombres que nació y vivió para no morir jamás.
Su cuerpo no está entre los seres humanos, pero sus obras y sus ideas gravitan hoy igual o más que en los años en que compartió este mundo lleno de ingratitud y maldad.
De manera que las obras y el pensamiento de Bosch viven entre nosotros, y seguirán vigente por tiempo indefinido, y en ese aspecto es un inmortal.
Su cuerpo vivió entre nosotros el tiempo que Dios le reservó para este mundo, pero no es el hombre que pasó por la tierra sin saber que pasó, sino que dejó profundas huellas, sembró su semilla y su espíritu, tangible e intangible, las que germinaron para bien del pueblo dominicano
En esta fecha en que conmemoramos en natalicio del profesor Juan Bosch, propicia es la ocasión para que todos aquellos que creemos en sus ideas, y aprovechamos el fruto de sus obras, rindamos honor a quien honor merece, sin mezquindades.
Su trabajo literario enaltece, y en el político es el émulo del Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, la bujía inspiradora para la fundación del Partido de la Liberación Dominicana, PLD, a través del cual aseguró que gobernaría, aunque fuera muchos años después de su desaparición física.
Pero Don Juan no murió sin que su partido llegara al poder. Mas aun, partió de este mundo convencido de haber dejado el relevo ideal que siempre quiso para lo que fue su obra maestra en el plano político, el PLD.
Además de producir un relevo del liderazgo, en vida, también dejó sembrado en su partido los métodos de la organización, cuyo respeto es el mayor homenaje que se pueda rendir al profesor Bosch; y la vulneración de los mismos, es la antítesis, la negación de su memoria.
Estas reflexiones son oportunas, ahora que con diversos actos conmemoramos el natalicio del profesor Juan Bosch, en medio de conjeturas y situaciones que debemos hacer desaparecer, siguiendo al pie de la letra todos y cada uno de los postulados sembrados por Bosch en el Partido de la Liberación Dominicana.
El PLD está compelido a hacer en buena lid todo lo que sea necesario para preservar el poder en las condiciones en que se lo ha recibido del pueblo dominicano, y demostrar que sus dirigentes tienen bien ganada la confianza que en ellos depositó el fundador de la entidad, y que ha sido ratificada por la ciudadanía en seis elecciones libres.
Cada miembro y cada dirigente del PLD tiene bien claro el papel que le corresponde jugar en estos tiempos, para que podamos preservar el Partido que nos legó el profesor Bosch.
De quien no cumpla, también se tiene bien claro las sanciones que le corresponden. Las bases de este Partido son inteligentes, y como parte de este pueblo dominicano (parafraseando a Bosch) conocen al ciego durmiendo y cojo sentado.
El mejor homenaje que podemos hacer al profesor Juan Bosch, es abocarnos todos a trabajar para presentar al pueblo dominicano, y al propio Bosch, donde quiera que se encuentre, un PLD en las mismas condiciones en que se encontraba el día de su muerte: unido y disciplinado.-