Es importante iniciar recordando que como ciencia social, la economía se ocupa de la manera en que se administran los recursos escasos, con el objeto de producir bienes y servicios y distribuirlos para su consumo entre los miembros de la sociedad cuya finalidad de satisfacer sus necesidades. Dichas necesidades son ilimitadas, las cuales se enfrentan con recursos que son escasos, motivo por el cual la población está obligada a aprender a utilizarlos eficientemente, y por ello, se hace imprescindible saber priorizarlas.
Para lograr tal objetivo, la economía utiliza su tradicional división entre microeconomía y macroeconomía, en el cual ambas ramas convergen en sus análisis. Por ejemplo, el estudio del desempleo y de la inflación utiliza los fundamentos microeconómicos, pues dentro de ello se profundiza acerca de las causas y consecuencias de la escasez, que en el caso de los alimentos se expresa en hambruna y expresión de la pobreza.
Pero es que la gente que vive en situación de pobreza generalmente no puede costearse comida nutritiva para ellos ni sus familias. Tal situación los vuelve más débiles y menos capaces de ganar el dinero que los hubiese ayudado a escapar de la pobreza y el hambre, realidad que no es solo un problema del día a día, sino que esto puede afectar sus futuros ingresos, condenando a la población afectada a una vida de pobreza y hambre.
Es así como en los países en vías de desarrollo, normalmente los agricultores no pueden costear las semillas, lo cual trae como consecuencia el no poder plantar los sembradíos que hubiese provisto a sus familias de alimento. En algunos casos, ellos deben cultivar sin las herramientas ni fertilizantes necesarios, pero en otros casos no cuentan con tierra, agua o educación, conduciendo así a los pobres para que sufran de hambre y, al mismo tiempo, este flagelo es lo que los mantiene en la pobreza.
En adición, en muchos países en vías de desarrollo carecen de una buena infraestructura agrícola, como lo son un buen sistema vial, espacios físicos e irrigación. Esto trae como resultado un alto precio en el transporte, falta de instalaciones de almacenamiento y suministro de agua interrumpido, lo que en la práctica se traduce en una conjura en contra de las cosechas y el acceso al alimento.
Es en ese contexto que encontramos una de las principales causas del hambre, a lo cual se agregan los desastres naturales, los conflictos de la pobreza, y la causa más desastrosa, la cual es la falta de infraestructura agrícola y sobre-explotación del medio ambiente. Por igual, está el alza de los precios de los alimentos en el mercado internacional que se ha convertido en la principal causa de este incremento, aunque las causas que provocan el hambre son numerosas y complejas.
Es en tal sentido que la pobreza es la mayor causa de hambre en el mundo, lo que hasta cierto punto, es cierto tanto en países ricos como en los pobres. No importa si las personas viven en áreas urbanas o rurales ya que la mayoría de aquellos que sufren de hambre viven sumidos en la pobreza extrema, que se define como la población que vive con un ingreso de $1.25 o menos al día, provocando de esta manera que el mayor grupo de personas sumidas en la extrema pobreza a nivel mundial son los pequeños agricultores en los países en desarrollo.
Para que se tenga una idea del problema del hambre a escala planetaria solo hay que observar que en la actualidad, en el mundo existen 815 millones de personas que pasan hambre, esto es un 11.5% de la población mundial. De este total de personas hambrientas, en el en el sur de Asia es que también han registrado las mayor cantidad absolutas desde el 2005, así mundo, los mayores índices de hambre se encuentran en Africa subsahariana, Burundi y Eritrea.
Si se toma como referente los niveles de hambre mundial en el 2014, se tiene que el incremento del hambre en el planeta ascendió en el primer semestre del 2017 a la vergonzosa cifra de 38 millones de personas más, lo que en una alta proporción se debe la proliferación de conflictos violentos y de perturbaciones relacionadas con el cambio climático. Las evidencias empíricas ponen en evidencias que alrededor de unos 155 millones de niños menores de cinco años padecen desnutrición crónica, en tanto que, 52 millones sufren de desnutrición aguda, además, la anemia en las mujeres y la obesidad adulta son también motivo de preocupación, fruto de profundos cambios en los hábitos alimentarios y de las crisis económicas mundial.
Durante el 2017, la hambruna ha golpeado diversas zonas del mundo, lo que unido a la desaceleración económica global, han inducido a un deterioro de la seguridad alimentaria y la nutrición del planeta. El impacto del hambre en el mundo se expresa en que de los 815 millones de hambrientos del planeta, 489 millones viven en países afectados por conflictos, la prevalencia del hambre en los países afectados por conflictos es entre un 1,4 y un 4,4 por ciento más alta que en otros países, pero es que en contextos de conflicto agravados por condiciones de fragilidad institucional y ambiental, esa prevalencia es entre 11 y 18% más elevada y que las personas que viven en países afectados por crisis prolongadas tienen casi 2,5 veces más probabilidades de padecer subalimentación que las que viven en otros lugares.