“En conformidad, nosotros miembros del Consejo del Pueblo, representantes de la comunidad judía de Eretz-Israel y del Movimiento Sionista, estamos aquí reunidos en el día del final del mandato británico sobre Eretz-Israel y, en virtud de nuestro derecho natural e histórico y la fuerza legal de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por la presente declaramos el establecimiento del Estado Judío en Eretz-Israel, que será conocido como Estado de Israel. Declaramos que, con efecto desde el momento de la terminación del Mandato que será esta noche, vísperas del Sabat, el 6 Iyas 5708 (15 de mayo de 1948), antes del establecimiento de las autoridades del Estado regularmente elegidas de acuerdo con la Constitución que deberá adoptarse por la Asamblea Constituyente elegida no más tarde del 1 de octubre de 1948, el Consejo del Pueblo actuará como Consejo Provisional del Estado, y su órgano ejecutivo, la Administración del Pueblo, será el Gobierno Provisional del Estado judío, llamado Israel”.
Con esa declaratoria quedaría sellada en lo adelante la independencia del nuevo Estado de Israel, acción unilateral que generó gran conmoción en Medio Oriente, por lo que la misma no tardó en generar reacciones de carácter bélico entre sus ahora gobiernos vecinos, a pesar de haber sido reconocido por la URSS y Estados Unidos. Esto explica el que apenas hecha efectiva la declaración de independencia, Tel Aviv sufrió un bombardeo por parte del ejército egipcio, el cual sería acompañado por sus pares de Siria, Irak, Líbano, Jordania y logísticamente por Arabia Saudí, en una campaña militar masiva que abarcó todas las fronteras terrestres de Israel.
A pesar de su evidente desventaja numérica y geográfica Israel pudo plantar frente a dicha adversidad, en especial, debido a la falta de un mando unificado de parte de los ejércitos árabes, los cuales, al igual que el de Israel, se encontraban en proceso de formación. De ahí que después de 13 meses de guerra y unas 39 operaciones militares, las autoridades israelíes lograron que cuatro de los Estados árabes que le enfrentaron (Egipto, Siria, Líbano y Jordania) firmaran un acuerdo de paz, en parte por la incapacidad de doblegar al ejército israelí y la presión internacional.
Un dato interesante y que en parte alimentó el discurso israelí en torno a su declaratoria unilateral de independencia, fueron las peculiares conclusiones que previamente había formulado el Comité Especial de Naciones Unidas sobre Palestina (UNSCOP) ante la Asamblea General en septiembre del 1947, donde indicaban que los motivos para favorecer el establecimiento de un Estado judío se fundamentaban en “fuentes bíblicas e históricas”. En cuanto a lo bíblico se hace referencia a la tradición judía, donde se infiere que esta zona es la “tierra Prometida por Dios a Abraham y sus descendientes”, en cambio, por lo histórico se alegó que los israelitas ocuparon este territorio en la antigüedad, hasta que el emperador romano, Adriano, los expulsó en el 135 d.C. debido a las constantes insurrecciones. Además, el Comité también se basó en la declaración de Balfour que, como analizamos en el pasado análisis, por razones coyunturales, contextuales y geopolíticas, fue favorable a la causa judía sobre Palestina. A esto se sumó la presión internacional, como consecuencia del holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial.
Siete años después de la guerra de independencia tendría lugar otro conflicto bélico, el cual sería iniciado por el gobierno israelí con el apoyo de Gran Bretaña y Francia, en una campaña que buscaba por un lado aumentar la órbita de influencia israelí, mientras que las dos potencias europeas buscaban garantizar sus intereses económicos a través del uso del Canal de Suez, el cual estaba en proceso de ser nacionalizado por el presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser. Es así como tiene lugar la Guerra del Sinaí, la cual estalló el 29 de octubre de 1956 con la Operación Kadesh, prolongándose durante unos ocho días hasta que por intervención de la ONU, el 5 de noviembre, se exigió la retirada de los ejércitos israelíes, franceses y británicos de la Península del Sinaí, siendo reemplazados por un cuerpo especializado internacional. Las fuerzas establecidas por la ONU en esta región, ayudaron a preservar la paz durante unos 10 años, hasta que en 1967 estalla la Guerra de los Seis días, un conflicto cuyas consecuencias marcarían para siempre la correlación de poder de Israel con sus vecinos. El conflicto tendría lugar como resultado de las crecientes amenazas de las autoridades egipcias, que tenían la intención de ocupar militarmente la Península, haciéndose del apoyo de Siria, Jordania, Líbano, Irak, Argelia, Kuwait y Sudán.
Resultaría especialmente preocupante la aseveración por parte del presidente egipcio de que, en caso de confrontación, el objetivo era la “destrucción total de Israel”, amenaza que llevó a los israelíes a adelantarse a estas acciones y lanzar un ataque aéreo sorpresa, que acabó con casi la totalidad de las unidades aéreas egipcias y sirias, en una embestida sin precedentes que tomó por sorpresa a todo el mundo. Como resultado de estas acciones, Israel consiguió multiplicar su territorio al hacerse con la Península del Sinaí, los Altos del Golán, la Franja de Gaza, Cisjordania y Jerusalén del Este.
Las consecuencias de la Guerra de los Seis días darían lugar más tarde a una nueva retaliación por parte de Egipto y Siria, quienes para el 6 de octubre del 1973 aprovecharon el día más sagrado del pueblo judío, Yom Kipur, para lanzar un ataque sorpresa contra Israel con la intención de recuperar la Península del Sinaí y Altos del Golán respectivamente. Nueva vez Israel consiguió revertir la ofensiva, donde tras 18 días de conflicto se consiguió un alto al fuego, que daría paso a la firma seis años después (1982) a un acuerdo de paz entre Israel y Egipto, seguido por Jordania.
Israel terminaría devolviendo el control de la Península del Sinaí a las autoridades egipcias, y en los años subsiguientes la Franja de Gaza a Palestina, siendo este último un escenario de nuevos y sangrientos enfrentamientos, como en efecto lo fueron la Primera Intifada (1987-1993) y la Segunda Intifada (2000-2005). Con anterioridad ya Israel tuvo que lidiar con ataques selectivos de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), entre ellos los de los Juegos Olímpicos de 1972 en Múnich, Alemania, que solo terminaría tras los acuerdos de Paz de Oslo en 1993, que también darían lugar a la creación de la Autoridad Nacional Palestina, que goza de reconocimiento internacional.
Aún en la actualidad los principales puntos de conflicto entre Israel y Palestina son: la ausencia de un Estado palestino independiente; los incidentes fronterizos; los asentamientos israelíes en Cisjordania y Jerusalén Oriental; y los refugiados palestinos. Ninguno de estos impases ha podido ser superado en los intentos de paz, incluyendo el de Camp David en el 2000, a lo que se suma la relación desigual entre Israel y el territorio habitado por palestinos, algo que con argumentos válidos estos últimos atribuyen a la cuestionada Declaración de Balfour.