Opinión

¡Juan Pablo Duarte! (III)

Juan Pablo Duarte aparece de nuevo en Santo Domingo, en 1831 o 1832, cuando tenia la edad de 19 años y se dedicó a trabajar en el negocio de su padre. Realizó una intensa vida social, que le ligó a importantes sectores de la pequeña burguesía urbana, y en esa vida social fue testigo de matrimonios, padrino de bautizos y asistió a reuniones de carácter cultural.

Esas actividades en la sociedad de aquella época fue lo que le permitió percibir que existía un sentimiento patriótico, que rechazaba la presencia de los haitianos en el país; a Juan Pablo hay que reconocerle la admirable sensiblidad política que tenía, que a esa edad le permitió interpretar el momento histórico que vivía el pueblo dominicano de entonces, renuente en sus capas más importantes a aceptar la presencia de la dominación haitiana.

El régimen de Boyer había envejecido y de un gobierno liberal y progresista, pasó a ser una dictadura con serios problemas económicos y la aparición de una resistencia interna muy activa y frontal.

En los años transcurridos, inmediatamente después de su regreso al país, era un hombre estudioso, que leía, traducía del francés al español y también el latín; era un hombre de cultura avanzada, con un fino instinto político de profundidad, que lo convirtió entre los hombres de su edad, 24 a 26 años, con ascendencia y liderato entre sus compatriotas.

Y usamos el término de compatriotas porque para ese momento, particularmente para el 16 de julio de 1838, cuando fundó la sociedad secreta “Trinitaria”, las bases históricas del pueblo dominicano lo habían convertido en nación, totalmente diferente al conglomerado humano que se conocía con el nombre de República de Haití.

Los dominicanos hablaban español, tenían las mismas costumbres y los hábitos de vida acentuados por el sentimiento religioso de ser cristianos católicos, negados radical y totalmente a ser iguales que los haitianos.

En la realidad histórica la sociedad secreta “Trinitaria”, fundada por Juan Pablo Duarte y un pequeño grupo de compañeros, fue realmente un partido político, con claros objetivos y definidos principios estratégicos independentistas: la separación de Haití y la fundación de un Estado con el nombre de República Dominicana. Duarte fue el ideólogo, fundador y propagador de la idea y el instrumento que tenía como función dar a conocer la fundación de esa República.

Con acertado criterio táctico, promovió y auspició la unidad con los adversarios de Boyer, enviando a Mella a territorio occidental para que gestionara la alianza con los reformistas adversarios del mandatario haitiano.

Era un político tan inteligente y decidido que viajó a El Seibo para hablar con los hermanos Santana, Pedro y Ramón, para incorporarlos al movimiento revolucionario, lo que revela el sentido de la unidad frente a un enemigo común que no podía ser combatido por grupos desligados de las fuerzas sociales determinantes de la vida nacional.

La familia dominicana en realidad era una sociedad rural, con escaso desarrollo del capitalismo, que luego de la revolución inglesa y francesa, había promovido e impulsado el desarrollo en todos los aspectos de la organización, la producción, educación, salud y otras necesidades importantes para que se diera un paso de avance, que fuera decisivo en la consolidación de la libertad y la democracia.

Duarte tenía mucho antes del 27 de febrero de 1844, un concepto muy definido de la nación dominicana y de las mujeres y los hombres que la integraban. Continuaremos…

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