Opinión

Llamando al Diablo

El autor de esta columna ha conocido profundamente, la valentía, inteligencia y malicia del pueblo dominicano, y cuando hablamos de pueblo, hablamos en orden genérico; el pueblo dominicano está integrado por mujeres y hombres, de quienes hemos aprendido, desde hace más de sesenta años, cuando fuimos alfabetizados totalmente, que aprendimos a escribir, porque sabíamos leer antes de cumplir los siete años de edad.

Hecho que, ocurrido en la ciudad de El Seibo, en los finales del año 1942, cuando nuestro padre Euclides Gutiérrez Abreu, Capitán del Ejército Nacional, comandaba la provincia de El Seibo, cuando en ese entonces, Higüey y La Romana, no eran provincias sino municipios de El Seibo.

Haber vivido en esa región y luego en otras provincias y lugares del país como en Loma de Cabrera, municipio de Dajabón, en la frontera domínico-haitiana, Santo Domingo, en aquel momento Cuidad Trujillo, San Francisco de Macorís y a partir de 1946 en San Fernando de Montecristi, en su municipio cabecera, una de las poblaciones, por no decir ciudades, de tradición admirable en la historia dominicana.

El autor de esta columna nació en Santo Domingo en el corazón de Gazcue, pero vivió en Montecristi y en las fincas bananeras de la División Berlanga, de la Grenada Company, desde antes de cumplir los once años de edad; haber recorrido todas esas localidades urbanas de la república, nos enseñó, como expresión de la inteligencia y malicia de los dominicanos, los refranes que, en nuestra lengua o idioma, que es el español, son reconocidos como “sentencias populares”.

Uno de esos refranes dice y repetimos “Una Cosa es Llamar al Diablo y Otra es Verlo Llegar” y eso ahora está sucediendo con los haitianos, impulsados por una gama de organizaciones internacionales basuras, como la llamada Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo supuestamente independiente, ligada íntimamente a la otra basura internacional que se llama Organización de Estados Americanos, (OEA), auspiciada y económicamente financiada por los Estados Unidos de América, Canadá y Francia.

Juan Bosch el Gran Maestro Político dominicano y de América, con la responsabilidad intelectual, política e histórica que le corresponde, afirmó hace mucho tiempo, que Haití no era república, ni Estado organizado sino pura y simplemente un conglomerado humano; y ese conglomerado humano que es el 90% de quienes lo integran, no sabe leer ni escribir, y desconoce la realidad de su historia.

Olvidan que en la Batalla de Azua de 1844, en la de Santiago de 1844 también, y en las de Santomé y Sabana Larga, diez años después, el pueblo dominicano, “Legendario, Veterano de la Historia y David del Caribe”, les dio una pela, en el orden militar en el escenario del territorio de nuestro pueblo, sin violar nunca la Frontera de Aranjuez. Con su conducta agresiva e irrespetuosa contra nuestro pueblo, los haitianos “Están Llamando al Diablo”.

Y ahora recordando la inteligencia y la malicia de los dominicanos, podemos agregar que una cosa es llamarlo “Y Otra es Verlo Llegar”. Que no jueguen apoyados por la basura de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la otra basura de la Organización de Estados Americanos OEA, que la historia de los pueblos hispanoamericanos, quienes la adornan como nación independiente, soberana y libre, es el pueblo dominicano, que no ha tenido miedo nunca, con quienes han tratado de pisotear la dignidad nacional, comenzando por España, Inglaterra, Francia, el conglomerado humano llamado Haití y los Estado Unidos de América.

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