Hablan los hechos

Crisis de confianza en América Latina

En las economías desarrolladas, en particular USA, se está produciendo un fenómeno que llama poderosamente la atención en el entorno económico, el cual es la reorientación que ha sido objeto la política monetaria. Ese cambio en la política monetaria procura un incremento en las tasas de interés con la finalidad de retener y atraer capitales, pero esa situación implica que los países que emiten deuda soberana hacia esos mercados tendrán que asumir costos mayores de endeudamiento derivados de la carga de intereses, lo que afecta de manera directa las economías de América Latina.

A la Luz de la realidad no quedan dudas de que la región de América Latina está asistiendo a un escenario incierto, sin haber encontrado su rumbo para enfrentar un contexto internacional nebuloso en materia política y económica.

En ese contexto se puede interpretar la existencia de un deterioro en el perfil de la deuda pública fruto de esa carga de intereses que, de por sí, ya están limitando la capacidad de los países de América Latina para responder a posibles nuevos shocks, a medida que pierden espacio fiscal. Por tales razones, el nivel de deuda de las naciones de América latina se está proyectando que en promedio alcance 9% del PIB más alto en el 2018-2019, en relación al periodo 2013-2014.

La situación más severa recaerá sobre las economías de Brasil, Colombia y Costa Rica, las cuales registrarán el empeoramiento más inflexible de sus condiciones fiscales en la región, seguidos por los casos de Paraguay, Chile y Perú. En ese escenario se prevee un crecimiento económico anémico y excluyente, lo que se traduce en insatisfacciones en las expectativas y aspiraciones de progreso por parte de la ciudadanía.

A la Luz de la realidad no quedan dudas de que la región de América Latina está asistiendo a un escenario incierto, sin haber encontrado su rumbo para enfrentar un contexto internacional nebuloso en materia política y económica. En adición, la región enfrenta riesgos y desafíos en el corto y largo plazo, los cuales crean mayores incertidumbres si se considera que las proyecciones de los organismos multilaterales arrojan que el Producto Interno Bruto (PIB) regional a penas aumentará en un 1,9% y 2,2 %, a final de este 2018.

Ese panorama ha profundizado el deterioro de la confianza de los agentes económicos y la población agudizado por las tensiones internas debido, en parte, a posibles casos de corrupción y la violación a las normas constitucionales para extender los periodos gubernamentales, en algunos casos.

Aunque en el presente 2018 se prevee que se registrara un crecimiento de 5,6% en Panamá, 4,9% en la República Dominicana y de 4,4% en Nicaragua, sin embargo, esto refleja una desaceleración en el PIB en relación al patrón de crecimiento habitual de estas economías. La incertidumbre aumenta cuando se sabe de la presencia de un deterioro en el marco macroeconómico de Venezuela con una del PIB negativo por el orden de -4,2%, Ecuador 0,8% y El Salvador 1,8%.

Pero la mayor incertidumbre se produce por la situación política en países como Brasil, Guatemala y Perú podrían frenar el crecimiento económico, en tanto, México está en una inseguridad por el estatus en que se encuentra el tratado de libre comercio con USA y Canadá, origen fundamental de su desempeño Macroeconómico. Ese panorama ha profundizado el deterioro de la confianza de los agentes económicos y la población agudizado por las tensiones internas debido, en parte, a posibles casos de corrupción y la violación a las normas constitucionales para extender los periodos gubernamentales, en algunos casos.

La desconfianza parece ser un fantasma que está entorpeciendo la convivencia en la mayoría de los latinoamericanos, que a pesar de creer que la democracia es el mejor sistema de gobierno, muchos de estos están incentivando a su rechazo, provocando así una caída de su apoyo. Esto se fundamenta en que una mayoría significativa de los ciudadanos desaprueban la gestión del grueso de los gobiernos de la región, un 47%, preocupando que estos se sienten inclinados a preferir a cualquier otra forma de gobierno, lo cual implica desaprobar el esquema democrático prevaleciente en un nivel de 8% por debajo de lo registrado en el 2010, lo que es una baja significativa.

e acuerdo a las mediciones que se hicieron al respecto en el 2017, los países en las que sus ciudadanos están apoyando menos a la democracia están Honduras con 34%, el Salvador 35% y Guatemala 36%.

De acuerdo a las mediciones que se hicieron al respecto en el 2017, los países en las que sus ciudadanos están apoyando menos a la democracia están Honduras con 34%, el Salvador 35% y Guatemala 36%. También se están registrando caída significativa en los últimos dos años en México con un 10%, Perú 8%, Honduras 7%, República Dominicana 6% y Bolivia 5%, esto requiere ponerle atención ya que se trata de países que en las últimas dos décadas han registrado índice de estabilidad democrática muy elevada, pero esa carrera hacia la desconfianza está explicada por situaciones que no están en la línea de interés colectivos.

Atribuido a la revista Británica The Economic, el balance del 2017 arroja que en la región de América Latina el apoyo a la democracia ha descendido de una puntuación de 6.33 en el 2016 a 6.26 al cierre del 2017. Sin embargo, aún se mantiene como la región más democratizada del mundo en desarrollo, pero resulta que situaciones multifactoriales están incidiendo en su deterioro como lo demuestran los problemas que ha tenido la región con la corrupción, el crimen organizado, el tráfico de drogas, así como las dificultades de cultura política ya que los habitantes de la región aumentan la desconfianza en la democracia en la medida que se violentan los preceptos constitucionales.

Basta una mirada objetiva detenida a lo que pasa en la región de América Latina para entender los giros bruscos que están produciéndose en lo que el conservadurismo está sacando la mejor partida a la desconfianza.

Basta una mirada objetiva detenida a lo que pasa en la región de América Latina para entender los giros bruscos que están produciéndose en lo que el conservadurismo está sacando la mejor partida a la desconfianza. En efecto, una mirada política revela una escasa presencia de la región en temas centrales de la agenda global, por igual, desde una mirada económica y comercial, la región sigue muy desconectada del resto del mundo y esto se traduce en un verdadero riesgo ya que las nuevas dinámicas que adquieren las negociaciones comerciales son ejemplo de cuán riesgoso es darles la espalda a esta.

En definitiva, el actual contexto internacional lleno de incertidumbre puede convertirse en una motivación para que la región, en tanto ser de economía emergente, América Latina tenga una oportunidad para alanzar un mayor protagonismo económico, político y comercial a escala planetaria. Pero en virtud de que la misma se encuentra atrapada en una crisis de confianza, corresponde a los gobiernos revertir esa percepción de la población para que la región logre un nivel de crecimiento económico a tasas superiores al 5%, lo cual está siendo frenado por la crisis de confianza que avanza a pasos de gigante.

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