Opinión

El pueblo dominicano

Desde el inicio del año 2018, numerosos amigos, del autor de esta columna, no podemos decir cuántos se comunican con nosotros a diario, por ese instrumento de tortura y loquera que es el teléfono, particularmente los llamados celulares. Hablan profundamente preocupados por el desorden extraordinario, que es calificativo correcto, que se produce todos los días en los medios de comunicación radiales y televisivos, de una cantidad realmente tan grande mujeres y hombres, hablando de todos los temas, particularmente el político; y como consecuencia del mismo incursionando en el terreno de la historia con ignorancia total que nos preocupa.

Esa conducta de mujeres y hombres en nuestro país, tiene que ser enfrentada por los sectores del gobierno del PLD que preside el compañero Danilo Medina; por el Ministerio de Educación y por nuestro Partido, que es el responsable de dirigir el destino de los dominicanos.

Juan Bosch, el Gran Maestro Político, dominicano y de América, percibió desde que regresó al país en 1961, después del ajusticiamiento de Rafael Trujillo Molina, lo compleja que era la composición social dominicana.

Muchos años después, en 1970, fue que escribió ese ensayo extraordinario que se llama Composición Social Dominicana, que no sabemos cuántas ediciones tiene, pero debemos recordar que fue el autor de esta columna quien recibió el honor y distinción de presentar la 6ta. edición de ese ensayo en 1976, en un concurrido acto al que fueron invitados los profesores de historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, así como numerosos intelectuales y periodistas. No tenemos la cantidad, pero este libro debe andar muy por encima de 60 ediciones. Solamente ese gran maestro inigualable, que fue Juan Bosch, pudo escribir una obra de esa naturaleza.

Ella es la que nos explica, con esa prosa única de su autor, cual es la composición social de nuestro pueblo: hablamos el mismo idioma de todos los pueblos hispanoamericanos; tenemos las mismas costumbres y los mismos hábitos de vida, que los pueblos de origen español de nuestro continente; pero en la realidad histórica hay una diferencia profunda con ellos, que tiene su origen en que Santo Domingo español, en términos absolutos, no existió la esclavitud.

Los conquistadores españoles en los inicios del siglo XVI, cuando llegó Diego Colón a La Española como gobernador y Virrey, presentó sus credenciales como dueño de las tierras que su padre, Cristóbal Colón, había incorporado a la Monarquía española.

Años después, hacia 1520 extinguida la población aborigen que existía, que no ascendió a más de doscientos cincuenta mil habitantes, quedaron tal vez, cinco mil familias españolas y más de sesenta y cinco mil negros, que fueron traídos como esclavos, que eran mujeres y hombres que procrearon las mujeres, hijos con los blancos españoles y terminaron las mujeres blancas españolas amancebándose con los negros esclavos domésticos, de donde salió el llamado color dominicano.

Aquí, en el idioma que habla nuestro pueblo, no se conoce la palabra “Amo, ni Ama, ni Señorito ni Nana, ni Aya” las cuatro palabras de autoridad y distinción más usadas son: “Don, Doña, Patrón y Jefe”. Esa realidad es la que identifica, explica y define a los dominicanos. En otra oportunidad volveremos a tratar el tema.

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