Hablan los hechos

La guerra arancelaria y las tensiones comerciales

Los Siglos XVI al XVIII la historia económica contemporánea lo registra como la época en que surge el pensamiento mercantilista en el ámbito de la economía en un escenario científico. Estos pensadores sustentaban sus principios fundamentales en que el oro y la plata, eran la forma más deseable de la riqueza y el poder, por tanto, un país debía tener excedente de exportación para mantener moneda fuerte y fomentar el nacionalismo sobre la base de que las exportaciones deben desarrollarse para acumular riqueza, aún a costa de sus vecinos, consciente de que el beneficio de unos supone la desgracia de otros.

El comercio internacional ha caído en una vulnerabilidad evidente derivado de que la amenaza de un cambio sustancial en las políticas comerciales de las mayores economías, y la incertidumbre asociada impulsan consecuencias negativas para los mercados financieros, la inversión y la actividad global.

El nacionalismo mercantilista, sinónimo de militarismo, en su esencia lo que promovía era el proteccionismo bajo el enfoque de que para las manufacturas y materias primas que el país no produce, prevalecieran sobre los de los consumidores, mantener precios altos para acumular oro. En ese esquema, sostenían que era necesario el incremento del comercio internacional y que al no existir una economía monetaria, el valor de este residía normalmente en la acumulación de metales preciosos como el oro y la plata.

En el contexto del mercantilismo, como consecuencia, emergieron de manera natural, tres cuestiones fundamentales que generaba esta lucrativa actividad comercial, es decir, el monopolio de exportación, el problema de los cambios y su derivación, la balanza comercial. Los criterios del pensamiento mercantilista se puede sintetizar de las siguientes características: minimizar las exportaciones de oro y plata, dado que éstos, en cuanto a medio de intercambio como dinero mercancía, representaba el definitiva acumulación de riqueza y minimizar la importación de bienes, salvo aquellos que participase en la elaboración de bienes exportables.

En la actualidad, la promoción del proteccionismo comercial se ha convertido en el gran elefante de la economía global y se están incurriendo en graves errores políticos hoy que tendrán consecuencias inimaginables de cara al futuro inmediato.

En la época, el comercio internacional promovía el proteccionismo, que sin lugar a dudas, llevaba a más proteccionismo, creando así una espiral económica retorcida en la economía general. A pesar del tiempo que separa la era del mercantilismo con el actual siglo XXI, la realidad que se está viviendo parece reproducir los criterios de esos pensadores en un período de globalización, si se considera la reproducción de aranceles para manejar la política comercial.

Esta afirmación se fundamenta en el hecho cierto de que el TLC, que une por más de 25 años a EE UU, México y Canadá, tiene enredados a estos en una difícil negociación por casi un año en busca de un nuevo entendimiento comercial. Pero resulta que la imposición de altas tasas arancelarias sobre el acero y el aluminio canadienses, el cual debilita a la industria automovilística, uno de los sectores sensibles en la renegociación del tratado y su ancla comercial, y que representa un gravamen equivalente de 16.600 millones de dólares canadienses, unos 11.000 millones de dólares sobre un buen número de productos estadounidenses.

En el ambiente del comercio internacional existe una latente incertidumbre como resultado de la no repuesta concreta a la interrogante de que ¿Es posible que EE UU ponga en marcha nuevos aranceles? La respuesta es desoladora fruto de la amenaza de Trump en la cumbre del G7 al sostener que EE.UU dejará de comerciar con aquellos países que mantengan aranceles a las exportaciones de su país, especialmente en el sector agrícola y enfatizó que “es muy injusto” para los agricultores estadounidenses que otros países como Canadá o India impongan elevadas tarifas a sus productos, sin embargo, El promueve más aranceles para los bienes que importa USA.

Se tienen grandes temores de que el nacionalismo económico de Donald Trump y el choque con China haga descarrilar el crecimiento, por lo que los desequilibrios comerciales derivados de la guerra arancelaria están creando fuertes tensiones en el comercio global.

El comercio internacional ha caído en una vulnerabilidad evidente derivado de que la amenaza de un cambio sustancial en las políticas comerciales de las mayores economías, y la incertidumbre asociada impulsan consecuencias negativas para los mercados financieros, la inversión y la actividad global. En tal sentido los países que tienen mayor relación comercial y financiera con EE UU son los más expuestos y, en el caso de EE.UU México y Canadá, el impacto de esa medida sería incluso superior que la salida de EE UU del TLC.

En la actualidad, la promoción del proteccionismo comercial se ha convertido en el gran elefante de la economía global y se están incurriendo en graves errores políticos hoy que tendrán consecuencias inimaginables de cara al futuro inmediato. La guerra arancelaria a escala global puede provocar una caída del comercio global del 9%, en los próximos tres años al ritmo que se están manejando las políticas comerciales.

Pero es que el riesgo económico que emana del proteccionismo comercial es, por tanto, muy elevado para la economía global, en particular para América Latina, lo que en la práctica se traduce en efectos negativos a través del comercio, la confianza, los canales financieros y las materias primas. Se tienen grandes temores de que el nacionalismo económico de Donald Trump y el choque con China haga descarrilar el crecimiento, por lo que los desequilibrios comerciales derivados de la guerra arancelaria están creando fuertes tensiones en el comercio global.

Cuando los aranceles son una imposición de los países grandes, los efectos son que este reduce la oferta del bien importable, debido al tamaño de la economía el precio mundial aumenta pero no tanto como en el caso del país pequeño, una parte del arancel la pagan los consumidores domésticos y otra parte la pagan los productores extranjeros.

Una reflexión detenida acerca de la guerra de los aranceles permite arribar a la conclusión de que la imposición de aranceles por parte de un país pequeño tiene como efectos inmediatos que los precios en el mercado mundial permanecen inalterados, el precio interno del bien importado aumenta por la cantidad total de arancel para los productores y consumidores individuales en el país pequeño, las importaciones se contraen y el bienestar del país pequeño se reduce. Cuando los aranceles son una imposición de los países grandes, los efectos son que este reduce la oferta del bien importable, debido al tamaño de la economía el precio mundial aumenta pero no tanto como en el caso del país pequeño, una parte del arancel la pagan los consumidores domésticos y otra parte la pagan los productores extranjeros.

Al final los consumidores, la producción y los países pequeños terminan siendo los grandes sacrificados de la guerra de aranceles que deriva en una tensión de la economía global y el bienestar de la sociedad.

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