Opinión

Youtubers, Instagramers, “Influencers” y la crítica de cine

La democratización que producen las nuevas tecnologías, agrega una cantidad de productos sucedáneos de mayor o menor calidad que irrumpen en los medios de comunicación en plan tsunami, haciendo difícil a las audiencias diferenciar entre unos y otros ante tal avalancha de contenidos. El cine, como arte de masas, es uno de los más beneficiados y afectado por estos fenómenos.

Es cierto que aún tenemos una cantidad apreciable de analistas con una mentalidad prehistórica hacia las innovaciones técnicas, aunque a mi parecer, son más dañinos los análisis con pensamientos y métodos caducos. Lo que no puede es haber confusión con esos expertos en historia del cine, cuyos conocimientos pasan de generación en generación preservando un riquísimo legado del pensamiento cinematográfico.

Los aires populistas en el sector de la crítica y el análisis han asumido que todo aquel que tenga acceso a las redes, es capaz de generar un contenido, y que por lo tanto, basta plantarse delante de la cámara de un Smartphone, computadora o Tablet y tiene una credibilidad per se. Y no, lamentablemente el conocimiento en cualquier área cuesta mucho esfuerzo, pues el inteligente o Smart debe ser el sujeto y no el medio técnico.

La discusión no es lo nuevo contra lo viejo, la moda contra lo tradicional, el trasfondo va más allá de las cosificaciones, trivialidades y descalificaciones de un pensamiento facilista que se apoya en argumentos tan etéreos como el humo de un tabaco cibaeño. Para hablar de cine, hay que conocer su historia, su lenguaje y estar empapado de cultura universal, para ver más allá de las narices de los blockbusters o de las ligerezas peliculeras de algunos productos locales.

El pecado original de muchos Youtubers, Instagramers e “influencers”, es la falta de propiedad al aproximarse al cine de manera incoherente e ignorante de sus reglas básicas, y esa fortaleza discursiva se consigue viendo cine clásico y leyendo, sumergiéndose en los movimientos y las escuelas surgidas desde 1895 hasta la fecha, porque no basta nutrirse de Wikipedia, de revistas de chismes sobre las estrellas o de una reducida parte del cine contemporáneo para autonombrarse experto en el área.

De ligerezas conceptuales y otros demonios

Muchos oficiantes padecen una confusión identitaria que los incapacita para distinguir entre un comentario y un análisis, factor de capital importancia a la hora de entablar una comunicación fluida con el espectador o usuario que acude a este medio, buscando una guía que le proporcione los elementos para aproximarse a una obra cinematográfica y obtener un disfrute más consciente de las imágenes, sonidos y narrativa que recibe.

Ese Youtuber, Instagramer o “influencer”, que asume el título de critico o analista por el solo hecho de hacer un “review”, un listado de estrenos semanales o de lo más destacado del año, le hace un daño terrible al noble oficio que analiza las imágenes en movimiento, pues carece de la formación y los conocimientos para ser reconocido como tal. El analfabetismo visual y conceptual de muchos de estos individuos es un arma de destrucción masiva en esas manos tan poco hábiles.

Los famosos “influencers” alardean de sus juicios sobre esta o aquella película utilizando las redes sociales, tomándose la atribución de recomendar “la brillante interpretación de fulana” o “la extraordinaria película de mengano”, simulando un dominio de lo cinematográfico que está lejos de ser cierto, cuando lo que realmente está haciendo es amplificando la publicidad, y como ya sabemos, esto no es por amor al arte.

Auxiliarse de una sinopsis, utilizar calificativos rimbombantes o acudir al “Me gusta personal”, no convierten lo dicho en un video, o en cualquier red social, en crítica de una película, porque se necesitan herramientas analíticas y discursivas, además de un cuidado proceso de reflexión para que a un texto o una grabación se le otorgue esa honrosa distinción.

Las informaciones pueden pasar como eso, datos e imágenes para mantener a los espectadores actualizados de los sucesos y estrenos, pero jamás como piezas que deconstruyen el rompecabezas que es la estructura de un filme. No se trata de negar la utilidad ni el servicio prestado. Solo aclaramos que critica de cine no es.

Crónicas, críticas y reviews

En el entramado informativo y analítico, todos los sujetos participantes deben jugar su rol para no extraviarse en el camino y terminar con traumas de identidad. La farándula cinematográfica, la crónica y el análisis a profundidad, son todos partes de la comunidad que se mueve alrededor del cine y sus hacedores, cada uno con tareas específicas.

El análisis tienen unos parámetros que muy pocos Youtubers, Instagramers e “influencers” cumplen, por lo tanto, su pertenencia al sector de la crítica cinematográfica es un espejismo que solo asume visos de realidad en la imaginación de estos personajes. El amor al cine y el rigor para analizarlo, es lo que convierten a una persona en crítico o analista. El resto es cualquier cosa menos eso o si pregúntenle a críticos como Saúl Montoro,Irving Torres Yllán o Pavel Nathaniel González.

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