Hablan los hechos

La economía mundial en perspectivas

Aunque el final del 2012 se estableció como la clausura de la gran crisis global, la economía mundial todavía no ha salido del período de crecimiento lento, que se caracteriza por la escasez de inversiones, el comercio decreciente y un debilitado aumento de la productividad. Concretamente se ha llegado a la conclusión de que se necesitan medidas deliberadas en materia de políticas que reactiven la inversión y el crecimiento para facilitar los progresos de sostenibilidad en el crecimiento y el desarrollo económico.

Cuando se analiza el desempeño macroeconómico de la economía mundial durante el periodo 2016-2018, actual, y se observan las proyecciones para el 2019, en sus diferentes escenarios, se interpreta que estamos ante la presencia de un mundo forrado de incertidumbre y desaliento para la economía.

Cuando se analiza el desempeño macroeconómico de la economía mundial durante el periodo 2016-2018, actual, y se observan las proyecciones para el 2019, en sus diferentes escenarios, se interpreta que estamos ante la presencia de un mundo forrado de incertidumbre y desaliento para la economía. En efecto, la economía mundial creció en un 2,2% en 2016, el ritmo de crecimiento más lento desde la gran recesión de 2009, en tanto que este crecimiento tan solo alcanzó un 2,7% en 2017 y se espera sea de un 2,8% en el 2018, interpretándose todo esto como un estancamiento real en tres años.

Lo que está ocurriendo a escala global ha puesto de relieve la necesidad de redoblar los esfuerzos para que la economía mundial regrese a una senda de crecimiento más firme e inclusivo y cree un entorno económico internacional propicio para el crecimiento y desarrollo sostenible con inclusión social. Aunque es resaltable que se registre un crecimiento de la economía, pero esto solo indica que más bien los esfuerzos se están orientando hacia una estabilización económica que una reactivación robusta y sostenida de la demanda mundial.

Lo que está ocurriendo a escala global ha puesto de relieve la necesidad de redoblar los esfuerzos para que la economía mundial regrese a una senda de crecimiento más firme e inclusivo y cree un entorno económico internacional propicio para el crecimiento y desarrollo sostenible con inclusión social.

Las cifras manejables permiten establecer que los países en desarrollo siguen siendo los principales impulsores del crecimiento mundial y representan aproximadamente el 60% del crecimiento del PIB mundial durante el período de 2016-2018. Pero resulta que este crecimiento es impulsado por Asia Oriental y Meridional, las cuales siguen siendo las regiones más dinámicas del mundo, fruto de la fuerte demanda interna y las políticas macroeconómicas que se aplican.

El crecimiento lento del PIB mundial se explica en una alta proporción por la prolongada escasez de inversiones como una de las principales causas de la desaceleración del crecimiento mundial. En tal sentido, se interpreta que muchas economías han experimentado un marcado descenso de la inversión privada y pública en los últimos años, especialmente en las industrias extractiva y del petróleo, en los países exportadores de productos básicos, en tanto, los gobiernos han reducido la necesaria inversión pública en infraestructura y servicios sociales, como respuesta a la brusca pérdida de ingresos.

Las cifras manejables permiten establecer que los países en desarrollo siguen siendo los principales impulsores del crecimiento mundial y representan aproximadamente el 60% del crecimiento del PIB mundial durante el período de 2016-2018.

En tal contexto hay que poner de relieve la importancia que tiene la inversión en nuevo capital como motor del cambio tecnológico y el aumento de la eficiencia. En particular, se puede interpretar que la inversión en esferas fundamentales, como la investigación y el desarrollo, la educación y la infraestructura, puede servir para promover el progreso social y ambiental, al tiempo que contribuye también a que aumente la productividad.

La dinámica por la que transita la economía conduce hacia un panorama mundial sombrío con importantes incertidumbres y riesgos de consecuencias impredecibles. En la actualidad se percibe un alto grado de incertidumbre en el entorno normativo internacional y los elevados niveles de endeudamiento denominado en moneda extranjera como riesgos clave de deterioro que podrían frustrar las perspectivas de crecimiento mundial en el mediano plazo.

El crecimiento lento del PIB mundial se explica en una alta proporción por la prolongada escasez de inversiones como una de las principales causas de la desaceleración del crecimiento mundial.

En el contexto de un difícil entorno económico y financiero, se precisa un enfoque de políticas más equilibrado no solo para restablecer una trayectoria de crecimiento saludable a mediano plazo, sino también para lograr un mayor progreso en cuanto a desarrollo sostenible ya que la economía mundial necesita medidas de política que vayan más allá de la gestión de la demanda. La racionalidad económica establece que estas medidas deben integrarse plenamente en las reformas estructurales dirigidas a los diversos aspectos del desarrollo sostenible, entre ellos la pobreza, la desigualdad y el cambio climático.

Las perspectivas del crecimiento mundial del PIB no han cambiado y ocultan contribuciones ligeramente diferentes de las economías nacionales que aumentan la incertidumbre y un panorama desolador lleno de interrogantes. Aunque los riesgos en torno a los pronósticos de crecimiento mundial parecen estar más bien equilibrados a corto plazo, a mediano plazo continúan inclinándose a la baja con elevadas valuaciones de mercado, lo cual podría empañar el crecimiento y la confianza a escala planetaria.

En la actualidad se percibe un alto grado de incertidumbre en el entorno normativo internacional y los elevados niveles de endeudamiento denominado en moneda extranjera como riesgos clave de deterioro que podrían frustrar las perspectivas de crecimiento mundial en el mediano plazo.

El crecimiento del PIB global es también cada vez más desigual entre las economías de mercados emergentes y en desarrollo, como consecuencia de la influencia combinada del avance de los precios del petróleo. En adición, el aumento de las rentabilidades en EE.UU, el cambio de actitud de los mercados frente al recrudecimiento de las tensiones comerciales y la incertidumbre en el ámbito político y en torno a las políticas económicas en el plano interno están empujando a unas perspectivas sombrías de consecuencias herméticas.

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