Opinión

Decisiones que marcan la historia (III)

Llegada la noche, los hombres de Alejandro comenzaron el ascenso en forma sigilosa. Un grupo de expertos escaladores, con experiencias acumuladas en sus procesos de vida y no solo en los menesteres que tienen que ver con el escalamiento, era toda una gama de experiencias decididas a conseguir su arribo a la gran cima. Eran unos trecientos individuos capaces de pensar en tener éxito en su temeraria escalada a través de un sin número de cuerdas que iban sujetando según avanzaban y de inmediato otros seguía detrás del primero que se aventuró a ser vanguardia en cada cordada. Estos hombres parecían eslabones unidos por las cuerdas de lino y en sus cinturas varias clavijas de metal para enclavijarlas en las rocas, asegurando con firmeza la pesada subida de aquella hilera de hombres decididos a subir a esa cumbre ocupada por exaltados guerreros.

Al conquistador se le ocurrió utilizar las cuerdas y las clavijas que servían de anclas a las tiendas de campaña, para que sirvieran de soporte al ser utilizadas para fijar las cuerdas a la pared rocosa, martillando al estilo de los alpinistas que hoy suben irreverentes a casi todas las cumbres terrenales.

Al amanecer los hombres se guarecieron del sol y de la vista de los hombres de Oxiarte colocándose entre las grutas para esperar la siguiente noche y así hicieron por varias noches consecutivas, no estamos seguros de cuantas, lo que sí sabemos es que entre la segunda noche y la última cayeron unos treinta hombres al vacío y murieron despedazados entre los filos de las grutas de la montaña sogdiana. Se dice, que tal y como acordaron con Alejandro, no gritaron al caer, muriendo en silencio, inmolándose como héroes ante los ojos de cada uno de sus generales y del Gran Conquistador del mundo conocido de aquella lejana época.

La recompensa a la extenuante subida fue de excelencia, aproximadamente 270 hombres arribaron a la cima, haciendo posible el milagro de ascender, gracias a decenas de cordeles de lino con cientos de nudos y decenas de cuñas fabricadas para levantar las casas de campaña. Quién podría imaginar estos utensilios no bélicos, sirviendo de avenida oscilantes desde donde subieron colgando cada una de las cuerdas 10 individuos arriesgados, subiendo la roca sogdiana para convertirse en leyenda y colocar a su jefe máximo en otro momento de gloria imperecedera. Nada es imposible para quienes tienen el poder de querer, la voluntad de triunfar.

270 aguerridos hombres, listos para sorprender las huestes de Oxiarte y su comandante Ariamazes hicieron la señal acodada con Alejandro, al llegar arriba iniciaron la agitación de pañuelos de lino blanco y de esa forma hacer de conocimiento del Conquistador su arribo al final de la cima rocosa, para que así pudiese éste proceder con el siguiente paso de lo acordado en la planeación estratégica.

Entonces, el Conquistador hizo saber a Oxiarte, que tenía hombres con alas que habían llegado a la cima de la montaña y que estaban listos para aniquilarle junto a las familias que le acompañaban. ¡Voltea la cabeza y ve a tu espalda, que estamos prestos a cumplir los designios de los dioses!

Los ojos incrédulos de una multitud de guerreros, de mujeres y niños, vieron de sopetón a una infinidad de hombres colocados en la parte más alta de la montaña sogdiana. Al girar la mirada, Ariamazes y Oxiarte se paralizaron.

La multitud de personas en la planicie encima de la montaña se asustaron de tal forma, que al mirarles Oxiarte, entendió que no había forma de parar al miedo que penetraba a través de los ojos incrédulos de los hombres, que atemorizados ante los gritos de los poderosos soldados de Alejandro, blandiendo sus espadas y entonando con voz de trueno sus temerosos gritos de guerra, solo pensaban en los hombres alados que se veían sobre ellos como semidioses decididos a castigarles con el ardiente fuego del olimpo griego.

Ariamazes supuso que había miles de hombres a sus espaldas que los que se veían a simple vista, pensando de esa forma, tomó la decisión de rendirse. Ese error le constaría la vida. Las decisiones no pueden ser tomadas sin que sea sustentada sobre cuestiones objetivas, porque las subjetividades te pueden llevar a cometer errores que pueden marcar tu historia en forma negativa y no solo eso, sin entender, que lo que decidas hacer afectará a terceros y marcará su destino eslabonado a tu decisión.

Todo líder debe saber, que tomar decisiones importantes de forma correcta oportunas es algo trascendente, porque han de tomarse sobre riesgos calculados, cronometrando las acciones y observando los acontecimientos.

Tomar decisiones es uno de los retos más complejos y delicados a los que se enfrentan los individuos en cualquier época de la historia, porque de ellas va a depender -en gran medida- el desarrollo propio y el de los que acompañan a quien la toma. Porque en torno a nuestras decisiones están las esperanzas, las dudas, los problemas, los proyectos, las frustraciones o las alegrías agridulces del éxito de quizás mucha gente.

Se trata de la concentración de todo lo que somos y lo que queremos ser, pendiendo de una decisión.

En la toma de decisiones se coloca en los rieles del proceso-situación sobre el que actuamos, las acciones inmediatas, haciéndonos constructores de nuestra propia historia y en ella arrastramos a quienes confían en nosotros. Esa es la razón, por la que muchos autores afirman, que las decisiones que tomamos van haciendo la esfinge de lo que somos y la fotografía en que nos observarán las futuras generaciones.

En verdad, nuestras decisiones nos hacen y nos muestran en su proceso, escenarios posibles de lo que en realidad podemos llegar a ser.

Entonces, tomar decisiones como las que tomó Ariamazes, con escaso conocimiento, con poca información para ser descodificada, sin reflexión, sin dialogo previo -casi seguro- empobrecerá el resultado final.

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