Opinión

Migración Americana

El hombre moderno preñó los continentes con su acción migratoria, la que dio origen a pueblos distintos moldeados de acuerdo a ambientes que crearon los fenotipos diversos, definidos antiguamente como razas, y hoy como etnias grupos poblacionales, en razón de que, según los científicos, el concepto raza aplicada a la espacie humana no existe en términos biológicos, aunque es necesario aclarar que la palabra raza no ha desaparecido en su uso antiguo en razón de que para algunos las palabras etnia y población están más vinculada, en el caso de la primera, a cuestiones de orden cultural, y la de segunda, a características estrictamente geográficas.

Pues bien, abordado lo anterior con la idea de ir definiendo uno de los matices que colorean el tema migratorio y que veremos más adelante; y, además, con el propósito de irme acercando al tema central de este trabajo, paso a referirme a los pueblos americanos llamados originarios, los que encontraron los europeos a su llegada en 1492, y que según la teoría más aceptada vinieron de Asia a través del estrecho de Bering. Es bueno precisar, sin embargo, que a aquella aseveración del origen único, sustentada por el investigador mexicano Pablo Martínez y el Checo-estadounidense Alex Hrdlicka, se contrapone a la del antropólogo francés Paul Rivet, quien asegura hubo una segunda ola migratoria con rutas sobre el océano Pacífico.

La revista científica Plos Genetics, basada en una investigación internacional, cuestionando la hipótesis que se centra en el estrecho de Bering, sugiere que los primeros pobladores americanos llegaron en migraciones casi simultáneas desde diferentes lugares. Apoyándose en el análisis de la genética de las poblaciones nativas del continente, el estudio revela que el origen geográfico de los individuos estudiados no solo es asiático, sino que detectó linaje genético de origen polinesio en Perú, además de otros desconocidos en el norte y el centro americanos.

La cuestión es que, sea que los primeros pobladores del continente hayan llegado por el estrecho de Bering, por diferentes rutas sobre el océano Pacífico o cualquier otro camino, lo cierto es que hace entre 40 a 50 mil años antes de nuestra era, estos pobladores descubrieron un nuevo territorio que, todavía a la llegada de Cristóbal Colón, seguían descubriendo, empujados por olas migratorias marcadas para la conquista de nuevos territorios, sea por vías pacíficas o violentas, desde las que emergieron pueblos que levantaron civilizaciones en las que se exploraron rutas hacia el dominio de la naturaleza con la intención de ponerla al servicio de sus necesidades.

Los más avanzados -los que incursionaron en la astronomía, la arquitectura –creando maravillas como Machu Picchu -, las matemáticas, medicina, las artes; en fin, los que crearon sociedades que, sin alcanzar el estadio civilizatorio del viejo mundo que trajo al marinero ¿genovés?, aportaron conocimiento, hermosura visual y auditiva a la humanidad- migraban en busca de nuevos horizontes estimulados por diferentes razones. Los rezagados, de vidas más rudimentarias, los sumidos en una cotidianidad primitiva, como los que en diferentes momentos de la era precolombina tocaron el suelo de lo que se llamaría la isla de Santo Domingo, hicieron de la migración una forma de vida, razón por la cual no llegaron a alcanzar los niveles de desarrollo que sus pares, los que eligieron vivir de forma permanente en lugares con condiciones habitables.

Los rezagados, de vidas más rudimentarias, los sumidos en una cotidianidad primitiva, como los que en diferentes momentos de la era precolombina tocaron el suelo de lo que se llamaría La Española, también migraban.

Esquimales, navajos, cheroquis, apaches, nahuas, aztecas, mayas, taínos o caribes; wayuus, muiscas, quechuas, araucanos, aymaras, guaraníes, charrúas y mapuches, son de los pueblos llamados amerindios que proyectándoles de norte a sur, asumiendo su llegada por el estrecho de Bering, copaban todo el continente americano, algunos moviéndose con discreción y con pequeños desprendimientos; y los nómadas siempre buscando el norte de los alimentos, pero todos sumados a acciones migratorias que hicieron olas a la llegada de los europeos que pronto se convertirían en migrantes conquistadores.

Los africanos arrancados de sus tierras, sumados a los pueblos originarios americanos y los europeos, conformaron un concierto migratorio que trajo al inevitable mestizo, mulato, zambo y, con el tiempo, al criollo que parió, por un lado, la multiétnica nación latinoamericana -una voz compuesta del Américo Vespucio que se supone “descubrió” el error de Cristóbal Colón de que el continente “nuevo” no era la India, y la imposición de lenguas romances como oficiales-, y por el otro, los Estados Unidos de Norte América y Canadá con una historia diferente, escrita por británicos y franceses; este último latino, pero con un proceso de desarrollo capitalista más avanzado que españoles y portugueses.

Las razones que determinaron el avance hacia el capitalismo a diferentes velocidades en el caso de estos cuatro países europeos, se encuentran en los accidentes históricos determinados por alianzas entre el poder político y fuerzas productivas que, en unos casos insistieron en mantener vigentes los remanentes del feudalismo como poder rector de sus sociedades, y, en otros, la clase ya dominante que, emergida del sistema en agonía, hizo uso de sus resortes y poder económico para tomar la conducción del Estado. España y Portugal fueron actores clave en el primer episodio -antihistórico-; Inglaterra y Francia en el segundo, que derivó de un proceso dialéctico.

Los avances y atrasos, como fenómenos económicos, políticos y sociales que marcaron la vida de estos países al momento de producirse la llegada del marinero “genovés”, fueron reproducidos en América para crear dos realidades: Estados Unidos y Canadá por un lado, y Latinoamérica por otro.

Antes que Colón arribara por estos lares creyendo que había llegado a la India, nuestros aborígenes, como hemos afirmado, migraban de un lugar a otro, por ello, luego de que el almirante “descubriera” lo que luego sería La Española, otros pueblos indígenas, además de los taínos, tuvieron el placer de descubrirla para seguir sus andanzas descubridoras en la ruta Este/Oeste.

La llegada de los españoles a este continente desató una oleada migratoria tan grande que, tras convertirse en conquista, barrió con lo encontrado hasta diezmar la población aborigen para llenarla de los que vinieron.

La triste suerte que importaron los inmigrantes europeos para los denominados pueblos originarios, les ha acompañado por más de 500 años, aunque un crisol desprendido de la mezcla de conquistados y conquistadores (el criollo) fue desplegando sus alas para transitar un camino construido con sus propias manos, mientras al norte el fenómeno de la migración agita la agenda política que podría definir el futuro de la nación más poderosa del planeta.

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