Por acerado que este el corazón de un ser humano, penetra la sensibilidad el testimonio presentado por tres mujeres, dos al perder sus criaturas antes de nacer y otra al ver fallecer la madre en el intento de traer una nueva vida al mundo. Lo propio fue presentado en “El Informe”, espacio producido por la distinguida periodista Alicia Ortega, el lunes 24 de septiembre.
Por demás, al presentar a la sociedad las explicaciones divergentes del director del centro y los médicos sobre el hecho, ha abierto la brecha para que la ciudadanía se interese por el funcionamiento de los hospitales con las características del Dr. José Francisco Peña Gómez, de la ciudad Valverde, Mao, de la República Dominicana, donde se produjeron los hechos.
Ante las manifestaciones de “preferir morir” en el desconsuelo por la pérdida del primer hijo; de incredulidad de la muerte del bebe y de los ojos anegados en lágrimas de una hija al perder a la madre que iba a llenar de alegría al hogar con la llegada de una criatura, de las tres mujeres; “El Informe”, sumerge a los televidentes en el dilema de la razón, formulando la pregunta, sobre la causa de los decesos “¿Negligencia Médica o Falta de Recursos?”
Del testimonio de las damas se infiere la ineficiente Gestión del Servicio de Ginecología y Obstetricia del Centro, pues, no garantiza que los recursos profesionales, equipos y medicamentos existentes estén disponibles en el momento y lugar necesarios para mantener la continuidad de la atención.
Esta situación es la condicionante de una inadecuada Administración Clínica de la condición de salud de la paciente. Por lo que, no resulta extraño que sea prácticamente en el momento del parto que el médico haga el diagnóstico de la muerte del niño en el vientre materno o, peor aún, que le informen que la paciente hospitalizada para dar a luz mediante cesárea está en condición crítica de salud.
De ahí que, tiene sentido la declaración del Director del Centro a través del programa, al señalar la falta de “Apego a Protocolo” como la razón básica por lo que no se detecta en tiempo oportuno los cambios en la condición de salud de la madre y/o el niño en el curso del embarazo.
Así mismo no guarda coherencia con los hechos la explicación dada por el colectivo médico vía la dirigencia local y nacional del Colegio Médico Dominicano (CMD) en el “El Informe”. Aunque para el seguimiento del embarazo, parto y puerperio solo se requiere de instrumentos sencillos como el estetoscopio y el esfigmomanómetro, los dirigentes colegiados se refirieron a la inexistencia en el Centro de equipos indispensables para la adherencia a los protocolos, tales como: incubadoras, equipos de anestesia en óptimas condiciones, ultrasonido para 24 horas; además de material gastable quirúrgico, oxitocina, compresas, antibióticos, hilos, doppler para escuchar el corazón del bebe… Todos disponibles en el hospital al momento de presentarse los hechos.
De cara a la imposibilidad de avanzar hacia el cumplimiento del principal reto de salud del país, reducir el número de madres embarazadas y niños que mueren por causas evitables en los Centros de Atención, los alegatos son obvios. Según los intereses a defender, mientras unos se inclinan por la carencia de recursos para dar la calidad de atención exigida, otros, por la negligencia en el trabajo médico.
Por lo que las medidas a tomar también son obvias. O se aumentan los recursos o se aplican consecuencias si hay responsables de los hechos o una combinación de ambas. Todo va a depender de la correlación de fuerzas en la opinión pública entre el manto protector del CMD a sus agremiados y la presión de la conciencia ciudadana. Lo que sí es seguro, es que por estas vías continuarán incontrolable los indicadores de Mortalidad Materna e Infantil.
De las expresiones del director, “resistencia del personal al apego a estos protocolos y querer que prime su experiencia personal”, y de los médicos, por vocería de los dirigentes del CMD, “…, qué es lo que hay, la voluntad de los médicos para hacer las cosas más o menos bien”. Se puede deducir que el objetivo misional de la institución hospitalaria, atender a una persona enferma, desborda la autoridad del director del centro quedando a merced del cuerpo médico.
En el hospital Dr. José Francisco Peña Gómez, la Gestión del Funcionamiento de la Institución y la Gestión del Servicio de Ginecología y Obstetricia están divorciados. Las autoridades no dirigen la planificación, organización, supervisión y control de la atención a las personas ni el médico está incorporado a los procesos de gestión de los recursos que soportan la producción del servicio perset. Por lo que nunca se logra articular la cadena de valor en el proceso de producción de los servicios de salud. Característica común en todos los hospitales públicos tradicionales del país.
Ambas corrientes de incidencia en la Gestión de los Centros tienen intereses diferenciados. La dirección del hospital, en línea con los del Estado, proporcionar el mayor estado de bienestar a las personas; los médicos, a través del ejercicio de la profesión, obtener el financiamiento para la realización de sus aspiraciones de desarrollo personal y familiar. De ahí que el ausentismo laboral, la disminución del número de horas de estadía en el centro y la prevalencia de la experiencia personal sobre el apego a los protocolos, funcione cual moneda de curso legal, aumentando el valor de la menor cantidad de horas usadas en el hospital del número de horas contratadas con el Servicio Nacional de Salud.
No es descabellado pensar que por esta vía, al limitar el número potencial de pacientes a evaluar en el hospital alimenten, de paso, el mercado económico informar de la salud; caracterizado por el trasiego de pacientes que, al no lograr un turno en el hospital, se ven obligados a financiarse la atención en los centros privados donde trabajan los médicos. Los que no pueden, corren la suerte de la joven madre que no más de las 9:00 AM, la enfermera de consulta le informa que: “…, no, no hay turnos para esta hora”, según destacó la paciente en “El Informe”.
La falta del eslabón vinculante de la Gestión de los Servicios de Apoyo con la Gestión de los Servicios de Producción de Salud en los hospitales tradicionales define un perfil de funcionamiento caracterizado por la no disponibilidad del 57% de los médicos en nómina, y el no uso del 64% de los recursos existente en la institución. Por esta situación, es deficiente la Administración Clínica del problema de salud del paciente.
Por lo tanto, en vez de ¿Negligencia Médica o Falta de Recursos? Cuestionamiento con el que la presentadora cautiva la atención de la sociedad, se evidencia la existencia de una patología institucional que afecta la disponibilidad en tiempo oportuno de los recursos profesionales y materiales existente en el hospital, por lo que se interrumpe la continuidad de la atención, y como resultante natural, Eventos Adversos.