Hablan los hechos

Del NAFTA al USMCA: ¿Qué cambia con las siglas del nuevo acuerdo comercial?

Luego de un tiempo lleno de tensiones, incertidumbres y dudas en el horizonte comercial, EE.UU, México y Canadá han arribado a un nuevo acuerdo para reeditar el tratado que regula desde 1994 el intercambio comercial entre estas tres naciones. Las señales de arribar al nuevo acuerdo comercial se aceleraron para cumplir con el plazo fijado por Washington para evitar un fracaso que habría trastornado los estrechos vínculos entre tres de las economías más interconectadas a escala global.

El nuevo régimen comercial en lo adelante se denominará USMCA, en sus siglas en inglés, y que descontinúa el NAFTA que prevalecía desde el 1994.

Los argumentos para justificar el nuevo acuerdo comercial entre EE.UU, México y Canadá se sustentaron en que se trata de que el mismo se haga sobre un nuevo y modernizado tratado comercial para el siglo XXI. El nuevo régimen comercial en lo adelante se denominará USMCA, en sus siglas en inglés, y que descontinúa el NAFTA que prevalecía desde el 1994.

Aunque resulta inentendible, el cambio de nombre fue la principal condición de la Administración Trump para reconsiderar un nuevo acuerdo comercial y evitar el colapso del comercio trilateral. Los promotores del cambio de siglas interpretan que el mismo estará acompañado de la creación de un mercado libre, un comercio justo y fortalecerá el crecimiento económico en la región, pero si se pondera los fundamentos del NAFTA, se trata de los mismos argumentos con términos distintos.

El cambio del NAFTA hacia el Tratado USMCA mantendrá sus tres socios originales en la misma embarcación, sin incluir a otros países, por lo que con este cambio de siglas no se suponen elementos nuevos significativos que alteren la dinámica del comercio trilateral.

El cambio del NAFTA hacia el Tratado USMCA mantendrá sus tres socios originales en la misma embarcación, sin incluir a otros países, por lo que con este cambio de siglas no se suponen elementos nuevos significativos que alteren la dinámica del comercio trilateral. No obstante, existe la curiosidad de por que durante meses estuvo en un hilo por las amenazas de Trump con destrozar en repetidas ocasiones la vigencia del acuerdo del 1994.

Una reflexión detenida acerca de la aptitud asumida por Donald Trump frente al NAFTA es que al arribar a un nuevo acuerdo comercial, se puede vender un primer pacto internacional de manifiesto como un gesto de buena voluntad y apertura del entendimiento y que se es capaz de consolidar la relación con dos de sus aliados tradicionales en plena guerra comercial con China. Por igual que dicho acuerdo comercial es fruto de la voluntad del presidente de EE.UU y así se envían señales de mitigar las discrepancias con dos rondas de aranceles sobre el gigante asiático, por tanto, la primera potencia mundial preserva aliados en su pulsación con China.

Una reflexión detenida acerca de la aptitud asumida por Donald Trump frente al NAFTA es que al arribar a un nuevo acuerdo comercial, se puede vender un primer pacto internacional de manifiesto como un gesto de buena voluntad y apertura del entendimiento y que se es capaz de consolidar la relación con dos de sus aliados tradicionales en plena guerra comercial con China.

Si se observa el contenido del nuevo acuerdo marco, el USMCA, en lo inmediato esto no se va a traducir en que se evite que EE UU siga aplicando aranceles contra las importaciones de acero y aluminio del 25% y el 10%, respectivamente. Aunque el nuevo acuerdo requiere ser ratificado por los Congresos de EE UU, México y Canadá para que entre en vigor.

Según la teoría del comercio internacional, todo acuerdo que viabilice el comercio entre naciones es favorable para incrementar las relaciones comerciales, fomenta la integración y el intercambio comercial sin aranceles perturbadores. Lo bueno y acertado del acuerdo USMCA es que el sector agroalimentario quedó sin ninguna restricción, se incorporaron disposiciones de etiquetado y certificación que ayudarán a los países a evitar obstáculos al comercio para alimentos.

Si se observa el contenido del nuevo acuerdo marco, el USMCA, en lo inmediato esto no se va a traducir en que se evite que EE UU siga aplicando aranceles contra las importaciones de acero y aluminio del 25% y el 10%, respectivamente.

Detrás de las bondades que trae el nuevo acuerdo USMCA, lo perturbador al libre comercio es que lo que queda implícito es que a nivel regional lo relativo al sector automotriz pasó de 62.5 a 75%, 12 puntos porcentuales más que bajo el NAFTA original. Esto significa que tres cuartas partes de las piezas que conforman un vehículo deberán ser manufacturadas en México, EE.UU o Canadá para que puedan acceder a sus mercados sin cobro de aranceles.

Tampoco el nuevo acuerdo USMCA resolvió el conflicto que ocasionaron los aranceles de EE.UU a las importaciones de acero y aluminio de México y Canadá, las cuales cayeron en un 30%. Sin embargo, el mismo garantiza que ninguna tarifa aplicada por la ley de EE.UU se aplique a sus socios por 60 días, periodo en el que deberán negociar una solución a este tema según la dinámica de la industria.

Luego de 25 años de existencia del NAFTA este queda descontinuado y pasa a convertirse en USMCA por lo que los cambios no alteran los fundamentos que dieron origen al acuerdo de 1994.

En sentido general, se puede concluir que el acuerdo alcanzado por los tres países es un elemento muy positivo para la inversión, porque reduce significativamente el grado de incertidumbre que existía y que estaba generando un impacto la postergación de decisiones. Sin embargo, si el mismo se asocia a las perspectivas de America latina, la región no logra fortalecer la integración comercial, aunque no la debilita, pero de manera ideal, la región se hubiera podido integrar aún más, incluyendo temas como las cuestiones migratorias, crear instituciones trinacionales más sólidas que pudieran participar en el diseño de políticas públicas o su implementación.

Luego de 25 años de existencia del NAFTA este queda descontinuado y pasa a convertirse en USMCA por lo que los cambios no alteran los fundamentos que dieron origen al acuerdo de 1994. En tal sentido, los elementos incorporados más resaltantes son la adaptación a un estándar del siglo XXI, con mercados más libres y que vigorizan el crecimiento económico entre los países miembros, moderniza la relación en muchas disciplinas, apoyar el crecimiento y desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, revisión cada seis años y su terminación después de 16 y mejorar los procedimientos aduanales, que es la tendencia predominante a nivel global.

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