Opinión

Inclusión en Latinoamérica

Les comparto mi discurso pronunciado en inauguración de la XXXVI Reunión Plenaria de la Copppal en Panamá el 11 de octubre del presente mes

A la hora de discutir el tema que serviría de eje central de esta XXXVI Reunión Plenaria con los compañeros del Partido Revolucionario Democrático de este hermoso terruño ístmico, aparecieron sugerencias que contemplaban el abordaje del quiebre de la institucionalidad democrática en América Latina y el Caribe, el retroceso en materia de conquistas sociales, la judicialización de la política, el estancamiento o bajo crecimiento de nuestras economías, la creciente inseguridad jurídica y el agotamiento de nuestros modelos económicos; entre otros temas que, viéndolos en conjunto, y como producto de una realidad tangible, me hicieron pensar que la región atraviesa por una crisis de múltiples causas y urgente tratamiento.

Luego de nuestras reflexiones, acordamos, por la acertada insistencia de nuestros anfitriones, bautizar esta reunión plenaria con el tema “Hacia la construcción de sociedades incluyentes y equitativas en América Latina y el Caribe”. Digo acertada, porque si es cierto que con los gobiernos progresistas que asumieron el poder en los últimos años se logró avanzar en materia de inclusión económica y social, cierto es también, que la pérdida del poder, en algunos casos, el acoso y estrangulamiento o comportamientos externos de impactos negativos, en otros, la construcción de la equidad social ha sido golpeada con fuerza en muchos de nuestros países.

He afirmado en varias ocasiones que, desde el progresismo, no importa si la coyuntura fue favorable, América Latina y el Caribe crearon más riquezas que nunca en su historia, y que, en paralelo, se fue construyendo un modesto estado de bienestar derivado de una visión y una práctica que comenzó a poner al ser humano como centro de las políticas públicas.

En el marco del brusco desmonte de las políticas progresistas expresado en la precarización del empleo, la disminución en los presupuestos en salud y educación, acciones que conducirán a un frenazo en la movilidad social, adquiere sentido el tema que escogimos, porque en él convergen los demás, en razón de que esto se traduce en la implementación de programas que cierran las puertas a las oportunidades, por lo que, retrocedemos hacia sociedades excluyentes, marcadas por la inequidad que se convierten en factoría de la pobreza, y como consecuencia, nos crea las fracturas sociales con vocación hacia la inestabilidad que lleva a la crispación y las convulsiones que alteran el ánimo y ritmo sociales.

Habíamos avanzado mucho como región, y aunque seguimos avanzando todavía en algunos países, el cuadro general acusa un deterioro visible y preocupante en el desempeño económico y la institucionalidad democrática. Y lo de preocupante viene a cuento por aquella ecuación aplicada en los países gobernados por fuerzas conservadoras que, durante las crisis, socializan las pérdidas entre las grandes mayorías y, en los tiempos de vacas gordas, reparten la masa a las minorías que representan y lanzan los huesos a los que aportan sudor y fuerza en la generación de riquezas.

No podemos negar que la crisis financiera desatada en los Estados Unidos en 2008 que arrastró a la economía real a nivel global, tuvo un impacto negativo en el desempeño económico de la región, pues como sabemos, esta crisis desaceleró el crecimiento de China, país que en medio de su ebullición económica demandaba la materia prima que de algún modo daba dinamismo a nuestras economías. Pero nuestro deterioro institucional no fue consecuencia de esa situación, sino que, aprovechando ese elemento económico, y teniendo como precedente gobiernos que comenzaron a administrar las riquezas a favor de sus pueblos, afectando intereses foráneos corporativos, se inició un proceso de desestabilización política con golpes de Estado suaves.

La idea era, y es, retomar el dominio de una región que se había salido de control, que actuaba con una independencia económica y política que nunca tuvo. Una región que desafiaba con la elaboración de agendas propias, con la creación de empresas que fueron desplazando a históricas transnacionales de capital estadounidense o europeo. Una región que se atrevió a revisar contratos onerosos de empresas extranjeras que explotaban nuestras riquezas naturales a cuenta de ganancias 80/20 y hasta 97/3, siempre a su favor, en una especie de continuación del despojo iniciado con la conquista europea.

La vuelta al despojo requería campañas de mentiras o golpes mediáticos con el fin de condicionar a la opinión pública y preparar golpes electorales, golpes judiciales o la combinación de todos ellos para la inhabilitación política, como ocurrió con el compañero Lula Da Silva en Brasil y continuo con el torneo electoral viciado, precedido de las trampas jurídicas que legitimaron la persecución política. No quisiera parecer un necio, pero insistiré en denunciar lo que he venido denunciando desde hace algunos años, para ello copio a continuación un tweet que escribí el pasado domingo al conocer los resultados de las elecciones brasileñas: “En Brasil se ha ejecutado una urdimbre perfecta: golpe blando, campaña de descrédito contra Lula para “legitimar” una sentencia que lo envió a prisión, con lo que, siendo el candidato a ganar, es eliminado. No hay duda, es el Plan Atlanta en su recorrido triunfal”.

Pues bien, esta madeja conspirativa también ha llegado hasta los golpes financieros, expresados en acoso económico de variadas formas: bloqueo, boicot en la cadena de distribución comercial, alteración de los mercados, manipulación en las calificadoras de riesgo a las que nadie monitoria o califica; en fin, ningún medio parece descartado, porque hasta la intervención militar se ha insinuado o sugerido para continuar con el propósito recolonizador que el reordenamiento global complejiza y dificulta.

Desde América Latina, e incluso desde nuestra Copppal, y lo digo con propiedad porque fui parte de ello, hemos hecho esfuerzos para construir puentes, para llegar a entendimientos, para explorar formas que terminen con siglos de desencuentros, de desconfianza justificada en los golpes constantes que hemos padecido.

No es posible que mientras países poderosos fuera de nuestra región, entendiendo la realidad de la globalización, se acerquen a otros más débiles con ánimos de explorar o acometer proyectos económicos y de cooperación que apuntan hacia el beneficio mutuo, hacia la lógica civilizatoria de ganar/ganar sobre la base de reunir tecnología, recursos económicos, naturales y humanos para desarrollarnos sin agresiones.

Apostar al caos en nuestra región, como de hecho se apuesta, no deja ventaja alguna, porque la estabilidad y el bienestar económicos contienen las migraciones y crean mercados de consumidores. ¿Por qué temerle a la integración de nuestra región? ¿Por qué se pretende abortar la consolidación de la Patria Grande? América Latina no es, y nunca ha sido una amenaza para nadie, es un nicho de oportunidades que siempre serán más provechosas por la vía de los acuerdos, los entendimientos y el multilateralismo, porque la vuelta al despojo tiene sus complicaciones en un mundo multipolar y con disfunción hegemónica; la resistencia tendrá más aliados y es muy seguro que no sea en el marco de la confrontación armada.

América Latina tiene mil doscientos millones de brazos dispuestos para la producción de riquezas. Tiene minerales, tierra con vocación agrícola, agua abundante; en fin, toda suerte de recursos naturales que, combinados con ese material humano, puede hacerle la guerra a la pobreza y al subdesarrollo para construir una sociedad latinoamericana fuerte e integrada, próspera, solidaria, justa y abierta al mundo, porque en un contexto de interdependencia el aislamiento es un suicidio.

Encaminémonos pues hacia la construcción de sociedades incluyentes y equitativas, hacia la consolidación de la integración comunitaria, como paso necesario para construir la patria grande, trabajemos sin descanso para recuperar la institucionalidad democrática, para hacer valer nuestra soberanía. ¡Qué viva América Latina y el Caribe! ¡Qué viva la Copppal y se mantenga como instrumento de defensa de los intereses latinoamericanos!

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