Cultura

Presencia de Freddy Mercury en Bohemian Rhapsody

Reflejar la vida de un artista de masas como lo es Freddy Mercury es un reto peligroso que requiere sagacidad para no caer en los lugares comunes. Bohemian Rhapsody busca explorar la vida del cantante y de la banda Queen en las dos horas y 14 minutos de su metraje.

La tormentosa existencia de este astro de la música se entrecruza con su éxito profesional, una materia dramática de mucha riqueza para ser trasladada al cine y engrosar la lista de biopics que pueblan su historia.

Abordar temas tan difundidos como este dan la ventaja para que el público cuente con la suficiente información pero enfrente el desafío de armar una estructura que no aburra o caiga en la imprecisión. No existe espectador más difícil que ese fan de hueso colorado, un ser casi imposible de complacer.



Bohemian Rhapsody se centra en la historia de Freddy Mercury que ascendió al olimpo musical desafiando estereotipos y tradiciones, pero también es la crónica del grupo Queen, que es indisoluble de la vida de Freddy. Los encuentros y desencuentros entre el cantante, el grupo y la vida, se plasman en esta película.

El director es Bryan Singer, el guion es de Anthony MacCarten y cuenta con las actuaciones de Rami Malek, Lucy Boynton, Ben Hardy, Joseph Mazello, Mike Meyers, Gwilyn Lee, Aidan Gillen, Allen Leech, Tom Hollander, Aaron McCusker, Max Bennet y un extenso elenco que componen el cuerpo actoral.

Rock, identidad y estrellato

Singer se decanta por una puesta en escena que se centra en el abordaje de la personalidad del cantante como un ente creativo y ciertos pasajes como la creación de la canción Bohemian Rhapsody, que están relativamente bien articulados en su estructura, funcionando efectivamente en la ilustración de la dificultad del entendimiento entre el grupo de artistas y la parte industrial.

Es notable el parecido entre Rami Malek y Freddy Mercury, logrando en muchos momentos ser asumido como una reencarnación del cantante; es decir que el retrato se logra y el actor se esfuerza para conseguir esa comunión personaje–interprete, pero la ligereza del guion o la construcción de los diálogos le impiden elevarse y alcanzar una mayor efectividad interpretativa.

El no querer agarrar el toro por los cuernos evita que el filme remonte el techo de lo usual y que se quede como un correcto homenaje a los fans menos exigentes. La dirección de Bryan Singer se saltó las partes difíciles del examen y por eso queda en un aprobado sin más ni más.

El arte de las transiciones es vital para ir de una escena a otra o de un hecho a otro, y el filme sufre de brincar de aquí para allá sin ton ni son. A veces estamos atrapados en un momento casi mágico y el paso brusco a otra situación destruye el ambiente creado.

Las actuaciones, salvo la de Remi Malek como Freddy Mercury que sobresale, no pasan de meras ilustraciones con algún momento cálido, pero todo es consecuencia de un guion endeble, lleno de situaciones pero carente de una buena definición de personajes o de escenas relativamente articuladas.

Lo vital de Freddy con sus inseguridades, complejos, las luchas internas sobre su identidad sexual, el sida o los conciertos, incluyendo el de Live Aid en Wembley, magníficamente recreado, todo está en la película. Pero su falta de atmosfera, su ligereza y el no arriesgarse profundizando en los temas polémicos, le impiden conectar a fondo con el público.

Siempre nos quedará su música

Una figura y una banda musical como las que se retratan aquí, pertenecen a la memoria emotiva de varias generaciones y no puede acometerse un proyecto sobre ellos edulcorando las partes amargas. Hacer eso es dudar de la inteligencia de esos espectadores.

Bryan Singer construye una película que complace a aquellos fans menos exigentes que se deleitan con una imagen suavizada de la estrella, pero Bohemian Rhapsody tendrá de frente a quienes no solo conocen la verdad sobre Freddy Mercury, sino que desean verla.

últimas Noticias
Noticias Relacionadas