Opinión

El termómetro de la economía

En la economía dominicana se tiene mucho más ingresos elevados que hace tres décadas, en realidad hace treinta años los dominicanos tenían ingresos más bajos, más desempleo, baja calidad de vida, menos esperanza de vida y el crecimiento de la economía era inconsistente con fuertes desequilibrios. Un examen detenido de la evolución de la economía permite apreciar que en la actualidad la diferencia consiste en que se tiene más crecimiento en la producción explicado por el incremento de los factores de la producción.

También el proceso de reformas estructurales en la década de los noventa fue fundamental en el desempeño posterior y las políticas económicas que se han diseñado y ejecutado. En adición, la economía dominicana pasó a una etapa de convergencia pronunciada, esto es, una situación en que la economía se pone a la par de otras, observado a través del PIB percápita y la tasa de crecimiento.

Debemos precisar que el PIB es una magnitud macroeconómica que expresa el valor monetario de la producción de bienes y servicios de demanda final de un país o región durante un período determinado, normalmente de un año. Por igual, se entiende que la tasa de variación del PIB es el incremento o disminución que experimenta este en un período de tiempo determinado.

En la década de los 90s en la economía dominicana se instituye una política económica con vistas a la modernización del Estado y del aparato productivo, en el cual la liberalización económica fue gradual, mediante un proceso caracterizado por avances, marcados por algunos retrocesos. En esa dirección, se observaba cierta desregulación externa e interna, así como una retirada parcial del Estado en la producción de bienes y servicios y, a su vez, el ajuste doméstico ante la competencia externa fue muy lento. La justificación de estos cambios durante la década de los 90s fue fruto de la promulgación de diversas leyes destinadas a transformar el funcionamiento de la economía dominicana. El proceso de reformas económicas se inició en el sector externo con apoyo en disposiciones jurídicas con la modernización arancelaria, el desarrollo de las zonas francas, el cambio del régimen tributario, apertura a la inversión extranjera, avances en materia del mercado laboral y transformación en la regulación de las entidades de intermediación financiera.

Los avances logrados recibieron una estocada mortal durante el 2001-2004, el cual se inició para el mes de septiembre del 2001 cuando el gobierno recurrió a los mercados financieros internacionales para colocar una emisión de bonos soberanos por la suma de 500 millones de dólares que generaron intereses de 23.7 millones de dólares. No conforme con esa decisión, el 16 de enero del 2003 se produjo una segunda emisión de bonos por un monto de 600 millones de dólares que forjaron intereses por 27.1 millones de dólares.

El festival de deuda pública durante el período condujo al histórico consolidado de un 48.1% y de 28.4 del sector público no financiero como porcentaje del PIB. El comportamiento de la actividad económica fue muy vulnerable y cambiante a partir de los empréstitos asumidos y los recursos provenientes de los bonos soberanos determinaron el desastre más estremecedor en materia de deuda pública, completado con el colapso bancario del 2003 con un costo fiscal de un 21.1%.

Como resultado del trastorno en la economía, el crecimiento del PIB retrocedió a -1.9% comportamiento que no se registraba desde la crisis de 1990. Los esfuerzos titánicos para la recuperación y estabilidad se lograron en el 2005 cuando la tasa del PIB fue de 5.8% y el tipo de cambio se deterioró en un 120%. La economía dominicana repuntó de manera impresionante al crecer a un ritmo de 9.2%, sin embargo, la crisis financiera global, iniciada en el 2007 con epicentro en EE.UU, impactó en lo inmediato sobre la economía dominicana. En efecto, durante el período 2007-2009 el crecimiento del PIB de un 7.2% pasó a una estrepitosa desaceleración de 0.9% en el 2009, pero volvió a crecer en un 8.3% en el 2010, registrando una nueva desaceleración durante 2011-2012 a niveles de 3.1% y 2.7%, respectivamente.

Durante el 2013-2017 la economía dominicana ha logrado crecer entre los límites de 4.9% y 4.6% y se proyecta un 6.1% para cerrar el 2018, significando esto que la economía está creciendo, pero a un ritmo ondulado lo que implica reorientar el modelo de crecimiento sobre el cual se sustenta. Esto es más; sugiere cautela si se considera que la deuda pública consolidada se ha acelerado a partir del 2014 con un 41.2% hasta colocarse en un 48.9% del PIB al cierre del 2017, es decir, al mismo nivel arrojado en el 2004 que agudizó la crisis de entonces, con el agravante de que la deuda del sector público no financiero es de 38.9%.

El termómetro del panorama macroeconómico tiene como atenuante la estabilidad de los precios como expreso del manejo prudente de la política monetaria, aunque existen ciertas alteraciones en el tipo de cambio que ronda el RD$50.1 por un dólar. También se hace necesario pensar en el índice de desarrollo humano cuyo mejor valor se logra en el Distrito Nacional con 0.734, el Doing Bussines que coloca al país en la posición 102 y el índice de desigualdad de Gini que arroja un 0.489, casi en la media en relación a uno, esto obliga a repensar la política económica para evitar un mayor deterioro de estos indicadores.

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