Cultura

Documentales 2018: Una selección personal

La riqueza de ese cine que enfoca la realidad desde su protagonismo vivo, hace que el documental sea uno de nuestros géneros favoritos, y en este año que se termina la cosecha ha sido abundante en cantidad y calidad. Hemos escogido estos 10 ejemplos largos y cortos de lo mejor que vimos, pero como toda selección es arbitraria, pues las obras trascendentes no caben en este limitado espacio.

Los 10 escogidos:

Todo Comenzó por el Fin -Colombia, 2015-, es el homenaje que le hace el realizador colombiano Luis Ospina al cine, al legado del grupo de Cali, a sus amigos y colegas de aventuras, entre ellos Andrés Caicedo y Carlos Mayolo y a la ciudad que ha sido testigo de gran parte de su trayectoria, esa Cali tan amada por él. Ésta no es una enumeración vacía o una acumulación de anécdotas. Al contrario, Ospina nos estremece al confrontarse con su historia personal y a la vez nos estremece al hacernos espectadores de esas vivencias.

Noelí en los Países -Republica Dominicana, 2017-, es la visión de Laura Amelia Guzmán e Israel Cárdenas sobre las circunstancias vitales de ser una joven mujer del Caribe, es el cine mirándose y mirando a sus protagonistas vivir, pero también es la relación del ciudadano de a pie con la tecnología, viviendo una realidad posada en esa tortuosa dependencia del celular o Smartphone. La reflexión de este documental sobre temas tan amplios y tan cotidianos es de un gran alcance.

Somos Lengua –México, 2016-, es más que una enumeración de las técnicas como construir temas de rap o hip hop, más que una cita de los métodos establecidos por los grandes del género y mucho más que la colocación de una infinidad de intérpretes y de sus obras. Este documental de Kyzza Terrazas se dedica a mostrarnos el contexto creativo, el germen desde donde fluyen los contenidos temáticos, esas entrañas del barrio y de la calle que han parido una expresividad a punta de sílabas y frases.

Tierra, Arroz y Sudor -Republica Dominicana, 2018-, es una obra de la joven Mariel Aponte, que logró retratar las arduas condiciones de trabajo de los cultivadores de este cereal, el trabajo infantil y la desprotección de este colectivo de personas. Los valores estéticos y analíticos que contiene le merecieron el Premio de Mejor Documental en la IX versión de la Semana Más Corta de la PUCMM.

Un Tigre De Papel -Colombia, 2007-, el personaje de Pedro Manrique Figueroa emerge desde una ficción cuidadosamente elaborada para asumir la identidad de una cierta forma de hacer arte en tiempos de utopías y revoluciones. En Un Tigre De Papel, el realizador Luis Ospina crea y recrea las intrincadas relaciones entre el arte, la ideología y la existencia humana, cuestionando y cuestionándose sobre las formas de crear y de vivir. El falso documental como ente desmitificador, usando las mismas articulaciones del género.

“El Traje de Superman” -España, 2017-, se enfoca en Yvonne Blake y la confección por parte de esta diseñadora de vestuario de los atuendos usados por Christopher Reeves para encarnar al superhéroe en la película de Richard Donner en 1978, logrando el director español Juan Manuel Díaz trazarnos un panorama de la prenda y su hacedora que nos deja muy complacidos. La buena hechura del corto fue premiada como Mejor Cortometraje de Habla Hispana en el Festival de Cortos Libélula Dorada 2018.

El Pacto de Adriana -Chile, 2017-, su directora Lissette Orozco parte de una historia personal cuando descubre que su tía Adriana trabajo para el dictador Augusto Pinochet y sus tenebrosos servicios de seguridad. Esta fue la motivación que como jurado elaboramos para premiarla en el Festival de Cine Global 2018: “Por partir de descubrimientos familiares, relacionarlos de una forma sutil y extremadamente valiente con las heridas del oscuro pasado histórico de la dictadura en Chile, caminando siempre en un línea delgada que separa las esferas privada y pública de las personas implicadas en el régimen de Pinochet, el premio de Mejor Opera Prima Documental va para la película El Pacto de Adriana. Una película que empieza por buscar respuestas y termina en un intento de buscar curas para heridas que no se sabe si un día van a cicatrizarse”.

Open Doors (Puertas Abiertas) -Republica Dominicana, 2018-, el director Pavel Marcano nos habla de un paciente psiquiátrico y las dificultades de su inserción en la sociedad. Bonifacio convierte al hospital su hogar y a los compañeros de convivencia en su familia. Marcano erige mostrarnos los entresijos de esas construcciones sociales llamadas sociedad y familia, demostrando que son eso, construcciones arbitrarias.

Rostros y Lugares (Visages Villages) -Francia, 2017-, la gran cineasta Agnès Varda colabora con el misterioso artista callejero JR en este maravilloso cuaderno de viaje, en el que el dúo viaja a través de pequeños pueblos en el campo francés e inmortaliza los rostros de aquellos que encuentran, en inmensos murales públicos. Varda y JR establecen un diálogo sobre arte, humanidad, cine y sociedad, en una de las manifestaciones documentales más imponentes de los últimos años.

Home-El País de la Ilusión (Home-The Country of Ilusion) -Colombia, 2018-, la directora Josephine Landertinger Forero sigue cámara en mano a su madre Lilia, una colombiana que ha vivido en 8 países, que no ha vuelto a su país en 40 años y ahora envejece en Portugal. El cara a cara madre e hija sobre la pertenencia a un lugar, la migración o la patria cobran especial relevancia en esta era de discusiones sobre pactos migratorios y de recrudecimientos de los nacionalismos.

Ojo documental

La belleza o lo terrible están integrados en estos diez ejemplos que estuvieron delante de estos ojos en el año que termina. Algunos son de fechas lejanas, pero lo que dicen trasciende el tiempo. Las verdades y visiones de los cineastas en los documentales vistos nos han llenado las pupilas de preguntas y certezas.

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