Opinión

Filosofía y literatura: enlaces y desenlaces; un ensayo del libre pensar, III

SEGUNDO DESENLACE

Con el trabajo que hicieron Da Vinci, Newton, Galileo, Copérnico, Vesalio y otros, como seguidores de anteriores investigadores científicos, la filosofía, que fue madre de la ciencia, es ahora asistida por esta. Le permite tomarse las cosas ahora tan en serio como en la antigüedad. Cuando otros estudiosos, mezclados con la condición de filósofo, le sirvieron también de soporte y permitieron que fuera tomada la filosofía como actividad válida y valiosa, incluso por gobernantes de grandes naciones. Ello contribuyó a producir un gran desenlace, un gran alejamiento de la literatura, escultura, pintura, música. En fin, de las artes en general.

Pero también las letras lograron a ser tomadas en serio. Superaron así el trauma de la antigüedad, cuyos sabios la habían relegado a la calificación de actividad hija del ocio, como la consideró Aristóteles, y de gente cuya irresponsabilidad en el comportamiento no le permite estar en una república seria, como condenó Platón a los poetas.

Este desenlace fue muy productivo para la filosofía porque le permitió soltarse suficientemente de la religión, con la cual había ya puesto sus alambradas separadoras. Ahora, estas se tornaban en muros. Los nuevos Santo Tomás, San Agustín, renunciaron parcialmente a la filosofía y se quedaron con sus Padres Nuestros y sus Aves Marías. La filosofía salió huyendo de los monasterios, unas veces por la puerta trasera, como guerrilleros que se escapan a tiro limpio, como el caso de Diderot, Voltaire. Otras veces por la puerta delantera y pidiendo permiso, dejando un pie dentro, por si acaso, como ocurre con Pascal, Kant, Keerkegard. O simplemente alejándose sin despedirse, pero con paso seguro, como fue el caso de Rousseau o Descartes.

En otros casos, no se produce un alejamiento, sino que se toma una trinchera, se buscan sacos con arena, se preparan fusiles y se dispone un ejército a acabar con los templos teóricos, a derribar mezquitas mentales, destruir los primeros asientos en las sinagogas conceptuales y dinamitar el reino de las creencias establecidas. Giordano Bruno, Galileo, Copérnico, Kepler son buenos peligrosos ejemplos. La respuesta fue el acercamiento de la religión a la política para hacer sus Cruzadas y armar su Inquisición, porque comprendió que no debía dejar que la agarraran asando batatas, en plena oración al Altísimo.

FILOSOFÍA Y LITERATURA ROMPEN CON LA RELIGIÓN

Son estos los antecedentes de los que vinieron luego a atacar por completo los cimientos de la religión, dejando las fronteras clara y violentamente establecidas. Es el caso de Fourier, Hegel, Schelling, Husserl, Fuerbach, Engels, Marx. Claro, junto con toda esta historia de las ideas, o más bien llevada a empujones por esta, se encuentra la historia de las sociedades, los hechos sociales, económicos, que generan sus expresiones religiosas, políticas, literarias, filosóficas que son su plataforma espiritual. La delimitación entre estos campos es cada vez más clara, y en esa medida, los cambios son más radicales, con matices revolucionarios.

La literatura también rompe con la religión. Define claramente su función de alimento y solaz del alma, su rol, como diría luego el gran poeta Saint John Perse, de maestra de emociones. Nosotros le agregamos: su papel de científica del sentimiento, de filósofa del dolor y la alegría. De catarsis que transforma el espíritu a través de recrear mundos dentro del mundo, con tanto valor como los mundos llamados verdaderos.

Maestra creadora de realidades que pueden suplantar la llamada realidad que nos otorgan los sentidos y su organización hecha por la repetición que genera la lógica y la razón.Consigue así la literatura el desenlace que produce su autonomía, territorio propio, país independiente, ciudades tan habitables como las de la ciencia, religión, política, la sociedad u otras formas más sofisticadas de ficción con interés de entronizarse como realidad.

Víctor Hugo, Walt Whitman, Francois Villón, Baidelaire, Rabelais, Dostoiesky, Kafka, están entre las cabezas que protagonizan la guerra independentista de la literatura. Con una gran salvedad que ha dominado esta disciplina durante años, y la dominará siempre: que todo gran poeta, cuentista, novelista, dramaturgo, ensayista, ha de tener un sentido profundo de la vida, y ahí está su eterno amarre con el pensar.

OFICIO SUPERFICIAL HECHO POR GENTE PROFUNDA

Puede aplicársele el siguiente apotegma: La literatura es oficio superficial que solo puede hacerlo bien la gente profunda. Aparentemente superficial porque no tiene los móviles didácticos de un texto pedagógico, el petulante sueño de exactitud de la ciencia, la ruidosa comparonería conceptualizadora de la filosofía. Su objetivo es más humilde. Es producir una emoción inolvidable en el lector, a través de estremecerlo con unas mentiras tan armoniosamente diseñadas, fuera de lo común, de las costumbres, de tal modo que transforma su espíritu con un divertimento que lo afecta, una distracción que lo conduce a lo más hondo de su ser, y jugando le cuestiona el mundo en que se halla, y casi sin saberlo, lo lleva a otro que le descubre le era conocido, pero que no sabía que había visitado.

Caben aquí los versos del genial poeta filosófico que fue Fernando Pessoa: “El poeta es un fingidor. / Finge tan completamente /que hasta finge que es dolor / el dolor que en verdad siente”. Son estos autores, profundamente literarios, pero lo que los hace grandes escritores está en su dominio de la emoción pasajera que convierten en profundidad perenne.

Siguen la evolución de las modas que crean los movimientos literarios -clasicismo, medievalismo, renacimiento, romanticismo, surrealismo, simbolismo, modernismo-, juegan con las lenguas e ideas, términos y actualidades de épocas y culturas, pero tienen la raíz de su árbol sembrada en lo profundo del alma, en lo inalterable, en lo que permanece en la esencia humana por encima de países, costumbres, religiones, culturas, filosofías, hechos históricos o linguísticos. Por ello permanecen. Son excelente literatura. Se vuelven clásicos. !Qué ironía! Un ingrediente básico para hacer verdadera literatura es la hondura filosófica, pues ahí están los hilos que mueven el sentimiento humano.

LA LITERATURA SE DIVIERTE CON EL PENSAR

Quizás de este punto común entre ambas enemigas y amigas, entre ambas formas de enfocar la vida, sale ese género intermedio entre pensamiento y emoción que es el ensayo. Ese género centauro, que patea como bruto y lanza flechas con inteligencia. Que junta el pensar con el emocionar. El buen escribir con el buen razonar. La belleza de lo que se dice con la certeza de lo que se expresa. Forma y fondo bailando una bachata sinfónica jazzeada.

Paralelamente a esto, surgen los filósofos de matices poéticos. Los remedos del decir platónico, del hermoso imaginar junto al profundo razonar. Ahí tenemos los intentos de Kant de demostrar la existencia de Dios como una necesidad ética y no de la razón, y ante el fracaso autoconfesado, como un imperativo categórico moral. Igualmente interesante es el Zaratustra que recrea el angustiado Nietzsche, el anárquicamente lógico universo inventado por Schopenhauer, el demiurgo o razón absoluta de Hegel, las mónadas de Leibnez, Spinoza y sus demostraciones morales a través de la geometría, Heidegguer, y sus poéticas obsesiones existencialistas.

Estos autores nos hacen muchas veces dudar sobre el género que leemos. Se entrecruzan. Planteamientos filosóficos toman matices en los que no sabemos si nos habla un filósofo, un narrador de ficciones o un poeta de relámpagos. En ellos, virando la frase de Borges, diremos que la literatura es un capítulo de la filosofía fantástica.

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