Hablan los hechos

JULIAN ASSANGE: Un destino entre intereses en conflicto.

Hace aproximadamente un año el universo político, en especial dentro de Estados Unidos, reaccionó con notable indignación ante lo que a toda vista constituía una clara vulneración a la privacidad y seguridad de millones de ciudadanos. Hablamos del escándalo de Cambridge Analytica, empresa que logró manipular las simpatías de un gran número de potenciales votantes estadounidenses, al acceder a través de la red social Facebook, a datos personales de unas 50 millones de personas.

Los algoritmos utilizados para influir en los electores, según expuso en aquel momento el diario británico The Guardian, fue determinante para la victoria alcanzada por Donald Trump. Sin embargo, más allá de las investigaciones y la comparecencia ante las autoridades del creador y principal responsable de Facebook, Mark Zuckerberg, lo cierto es que aquel escándalo no pasó del disgusto inicial y una protocolar disculpa de parte del gigante tecnológico.

Pero, ¿qué sucedería si en vez de ser ciudadanos comunes los afectados, los datos filtrados comprometieran a los gobiernos? O ¿qué tal, si dichas filtraciones lejos de beneficiar a un mandatario, contribuyeran a la defensa de la transparencia, los derechos humanos y justicia social? Posiblemente las respuestas nos dibujen el perfil de Julian Assange.

Sucede que las historias de filtraciones masivas han tenido especial protagonismo a lo largo de décadas, condicionando y, en cierta medida, forzando cambios positivos en las normas de juego dentro de la, a veces opaca interacción, de los gobiernos con la sociedad.

Entre los casos de filtraciones cuya envergadura han marcado un antes y un después podemos citar el escándalo de los Papeles del Pentágono, que en 1971 reveló a través de unas 7,000 páginas cómo los gobiernos estadounidenses desde 1950 al 1967 engañaron sucesivamente a la población, para justificar el accionar militar en Vietnam.

También merece especial reseña el afamado caso Watergate, por medio del cual se logró establecer la responsabilidad del presidente Richard Nixon y parte de su equipo, en el robo de documentos frustrado dentro de la sede del Comité Nacional del Partido Demócrata.

No podríamos dejar de mencionar dentro de este renglón a Edward Snowden, el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional, quien en el 2013 reveló 1.7 millones de archivos que comprometían al gobierno de Estados Unidos en el espionaje internacional, por el acceso a las comunicaciones privadas de millones de ciudadanos y líderes extranjeros. Lo interesante de estos casos, es que de alguna manera todos revelaban el lado oscuro de la principal potencia del mundo, una tentadora misión “redentora” a la que se sumó Wikileaks.

Creada en el 2006, con el fin de permitir la publicación anónima de escándalos y casos de corrupción de interés general, esta organización tuvo su salto al escenario internacional en el año 2010, cuando dio a conocer informaciones que cuestionaban el rol de Estados Unidos como “policía del mundo”.

En efecto, apoyándose en la colaboración del entonces analista de inteligencia estadounidense, Bradley Manning, Wikileaks accedió a documentos que revelaron los excesos del ejército estadounidense en Irak y Afganistán, así como la injerencia extranjera a través de cables diplomáticos interceptados, todo lo cual sumó más de aproximadamente 700,000 documentos.

La publicación de estas informaciones de manera simultánea en gran parte del mundo, fueron reseñadas por el Departamento de Justicia de Estados Unidos como “las mayores filtraciones de información clasificada de la historia”, lo que llevó al arresto y posterior condena a 35 años de cárcel para Manning. No obstante haber sido conmutada dicha condena en el 2017, por orden ejecutiva del presidente Obama antes de su salida, algo parecía despertar nueva vez el interés de Washington sobre el caso.

En lo concerniente a las filtraciones de Wikileaks, tan pronto se produjeron las mismas, Julian Assange pasó internacionalmente a estar en la mira de Washington. Llamaría la atención una orden de arresto europea emitida por Suecia, que de manera simultánea a su estrellato mediático en el 2010, le acusaba de violar una mujer y acosar a otra sexualmente, acusaciones que fueron negadas por él.

No obstante, tras el gobierno británico haber autorizado la solicitud de extradición en su contra en el 2012, Assange se refugió en la embajada de Ecuador en Londres, sede diplomática que le acogió y que, según el entonces presidente ecuatoriano Rafael Correa, tras estudiar por meses el caso le otorgaron asilo político.

Desde entonces, lo que fue visto por muchos como la más clara muestra de autodeterminación y distanciamiento respecto a la política exterior estadounidense por parte de Ecuador, llevó a Assange a un aislamiento de siete años que culminaría la semana pasada.

En esencia, a pesar de que los cargos contra Assange fueron retirados por el gobierno sueco en el 2017, la continua actividad de Wikileaks fue tensando el ambiente interno de la embajada, potenciada tras el cambio de gobierno en Ecuador. El ascenso de Lenin Moreno al poder, hasta entonces considerado un aliado de Correa, marcó un antes y un después en la política ecuatoriana y el caso Assange no sería la excepción, tildado por Moreno como “una piedra en el zapato”.

Por ello no sorprendió que en verano pasado comenzaran las negociaciones entre las autoridades británicas y ecuatorianas, seguidas por acusaciones contra Assange por supuestamente poner en riesgo la misión diplomática al violar disposiciones de asilo, instalar equipos electrónicos, agredir a personal diplomático, etc. Dichas acusaciones parecen haber sido la excusa para despojar a Assange de la ciudadanía concedida hace dos años y del asilo diplomático que le brindaba inmunidad, vulnerando el derecho internacional.

No obstante el trasfondo político que ha venido enfrentando a Lenin Moreno y Correa, donde el actual mandatario busca a toda costa sepultar el legado de su antecesor, todo indica que el detonante de la actual decisión yace en la publicación de los Papeles de Ina, por los que Ecuador acusa a Wikileaks. Este caso comprende la filtración de información sensible que compromete a Moreno y su familia en casos de corrupción y paraísos fiscales.

Tras su entrega a las autoridades británicas, Assange enfrenta ahora la posibilidad de ser extraditado a Estados Unidos acusado de conspiración, país con el que Moreno ha procurado congraciarse en detrimento del legado de su antecesor. Oportunismo, venganza o traición, intereses en conflicto sentenciaron el destino tras este ícono de la filtración.

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