Opinión

Preámbulo sobre la participación comunitaria

Desde la muerte de Trujillo la nación dominicana ha estado afanando por construir caminos democráticos, cabalgando sobre un proceso lento de conquistas inherentes a los derechos de la gente, y en ese trajinar de luchas cada migaja conquistada se ha saboreado entre sacrificios aportados por los hijos de machepa. El momento cumbre de esa construcción heroica lo constituye la elección libérrima de un presidente electo en forma democrática en diciembre del año 1962.

Por primera vez en más de 30 años, la gente fue a las urnas con el entusiasmo de poder elegir al gobernante de su simpatía, contrario a tiempos del régimen a pocos meses ido, en donde seguían obligados o inducidos la consigna del Jefe: “Y seguiré a caballo.”

En el refranero popular reza un refrán que dice: “muerto el perro, se acaba la rabia.” En esa historia de la construcción democrática de la nación dominicana, ese refrán deja de ser cierto, porque después de muerto el tirano, la rabia siguió esparcida por el cuerpo de la república apareciendo enmascarada en un golpe de Estado que truncó en su génesis el proceso democrático. Después de más de 30 años de gobierno tiránico, es difícil construir democracia, debido a que a través de 3 décadas de gobierno se fortalecen estructuras sociales de dominación que inciden directamente en la vida política de la nación en procura de mantener sus privilegios. Es una cuestión natural en las luchas sociales y políticas, en donde el miedo solapado ante el terror vivido en carne de vecinos, familiares y amigos, se vuelve adhesión.

Al cabo de dos años del derrocamiento de Bosch, en el calendario de abril una parte de la nación se enfrascó en una guerra civil que al cabo de días se convirtió en guerra patria.

El dolor volvió con violencia y resultó en la muerte de miles de ciudadanos, en su mayoría inocentes caídos entre dos fuegos producidos por personas que alegaban tener el mismo amor por el país. Fue de esa manera que se hizo posible el regreso del Doctor Joaquín Balaguer, quien camuflado con una excusa humanitaria regresó al país y se convirtió en candidato presidencial bajo la gracia del todopoderoso ejército norteamericano que intervino nuestro territorio el día 28 de abril de 1965.

Luego de 12 años de gobierno, en donde se impuso a la fuerza la voluntad del neotrujillismo, amparado bajo el pretexto de la inclemente “guerra fría” desatada entre los Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, apareció en el horizonte una esperanza de construcción democrática, bajo el gobierno de Don Antonio Guzmán Fernández.

Y fue así, como al cabo de 8 años de gobierno precedido por dos presidentes nacidos desde las celebraciones de elecciones libres en 1978 y 1982, que ocurrió algo inaudito, el Dr. Joaquín Balaguer volvía al poder, triunfante en unas elecciones libres. Fue un acontecimiento nacido de una inexplicable situación política, en que se produjo un proceso de acontecimientos matizados por la intriga, el chisme y la malquerencia entre adeptos de diferentes tendencias dentro del partido de gobierno.

El chisme -como industria todavía prospera en nuestra nación- trajo como producto el suicidio del Presidente Antonio Guzmán Fernández y el descredito público del Dr. Salvador Jorge Blanco, quien terminó acusado y condenado por corrupción administrativa. Pero desde el año 1986, año en que regresa al poder el Presidente Balaguer, trabajó el sector educación desde nuevas perspectivas, entre esas perspectivas estuvo una nueva apertura que creo las bases para hacer posible una mejora en las condiciones de vida de los profesores a través de incentivos, y al llegar al 1992 se inicia el primer plan decenal de la educación.

Esta esperanza de mejora, abre nuevas rutas de participación, especialmente el sector empresarial con un proyecto de apadrinamiento de escuelas. Pero en el aspecto de la participación de la comunidad sobre el proceso de planeación y ejecución de la docencia y la administración de las escuelas, se mantuvo igual que en los 12 años anteriores.

Volviendo al aspecto político, otro refrán popular dice, “el perro huevero, vuelve a comer huevo, aunque le quemen la boca.” Ese refrán se cumplió en 1990, bajo la égida del Presidente Balaguer, quien aprovecha las debilidades organizativas e institucionales de la nación, para montar un fraude electoral que le hizo “ganancioso de las elecciones.”

Para no cansarles con esta historia -que la mayoría conoce- cuatro años más tarde, en el año 1994 volvió a ocurrir lo mismo del año 1990, pero ya el mundo político internacional había cambiado y las artimañas del gobierno no pudieron con la presión nacional e internacional.

Fue de esa manera, que bajo unas negociaciones ya históricas, el periodo de gobierno se recortó en 2 años y al cumplir 10 años en el poder, el Presidente Balaguer se ve obligado a llamar a elecciones en el año 1996. Desde esa fecha hasta el 2020 habrán transcurrido 24 años y de ellos el PLD habrá gobernado 20.

Desde 1961 hasta la fecha actual, hemos vivido 58 de construcción democrática y todavía esa forma de “gobierno del pueblo y para el pueblo” no alcanza su consolidación estructural y sistémica. Creemos que ha hecho falta una planeación efectiva, para que las familias que tienen hijos en la escuela participen en forma directa, con el objeto de fortalecer los procesos áulicos y para iniciar la construcción ciudadana focalizada los asuntos de la ética y los buenos modales.

Creemos que todavía queda tiempo para preguntarnos desde el gobierno: ¿Podría la participación de la familia en la escuela, ayudar en la construcción democrática de la nación?

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