Las muestras de soberbia, confianza y seguridad en el escenario global, suelen darse por sentado cuando todo el sistema gira en torno a reglas de juego bien pensadas, que han sido estructuradas para funcionar a imagen y conveniencia de una sola potencia. Pero, ¿qué sucedería si al descuidarse y subestimar potenciales adversarios, esa supremacía termina por ser superada en su propio terreno?.
Esta interrogante han tenido que enfrentarla en el pasado memorables potencias, que a lo largo de la historia vieron llegar su ocaso no muy bien empezaban a acostumbrarse a tiempos de gran esplendor. Casos como los del imperio romano, carolingio, la Francia napoleónica y el imperio británico son muestras de ello, pero como para toda regla tiene su excepción, hay quienes citan a China como un ejemplo milenario de resiliencia, mientras que a Estados Unidos parece complicársele el revertir el ciclo natural del conocido guión.
Son precisamente estas dos potencias, las que desde mediados del año pasado vienen protagonizando una confrontación abierta por la supremacía global, enfrascándose en una nueva versión de Guerra Fría que trasciende la dinámica política y Estatal, para tocar aspectos de dominio comercial, militar y de 4ta. revolución industrial. De hecho, la creciente tensión comercial documentada en pasados análisis que hemos compartido, comienza a evidenciar serias incongruencias para Estados Unidos, donde el propio asesor económico estadounidense, Larry Kudlow, ha admitido que los recurrentes aumentos de aranceles a productos chinos terminan afectando a las propias empresas locales y a la población en general.
En efecto, estos aumentos han llevado a que numerosos minoristas, casi 180 reconocidas empresas de calzados, productores agropecuarios y tecnológicas de Silicon Valley, emitieran un llamado de alerta al presidente Donald Trump, expresando su preocupación por las consecuencias de magnitudes aún insospechadas de esta guerra. Sin embargo, una nueva versión de esta confrontación global encontró su terreno más espinoso en la industria tecnológica, ahora abocada a la implementación del internet de las cosas.
Primero sería la embestida contra la empresa china ZTE, a la cual en marzo del 2018 el Departamento de Comercio Estadounidense buscó aislar, restringiéndole el suministro de componentes por siete años y una sanción de US$1,100 millones, por supuesta venta ilegal de productos a Irán y Corea del Norte. La cacería luego tendría por objetivo a la hermana mayor, Huawei, la segunda empresa tecnológica por ventas de móviles en el mundo, que por demás ha liderado la carrera por implementación de redes 5G.
Liderando a su vez desde el 2015 el mercado de equipos de telecomunicaciones, donde hasta el 2018 se había asegurado unos 25 contratos comerciales y 10,000 instalaciones de estaciones de tecnología 5G por encima de T-Mobile y Sprint, el auge de Huawei pareció despertar la alerta tanto de rivales rezagados, como de las autoridades en Washington. En este punto sería bueno explicar las bondades y alcance de las redes de quinta generación, la cual entre otras cosas permitirá revolucionar el mundo tal cual lo conocemos. Entre las características más destacables de esta tecnología prevista para el 2020, están: conexiones hasta 100 veces más rápidas; edificios y empresas inteligentes, incluyendo dispositivos de hogar y uso personal que se comunicarán entre sí y con el mundo; autos inteligentes, sin conductor; robots y drones autónomos; y el potencial de generar futuros empleos y crecimiento económico de miles de millones.
Como es de esperar, la carrera por la implementación y control de esta tecnología como forma de dominio futuro, es un asunto que ha ocupado no solo a China y Estados Unidos, sino que también ha despertado el interés de naciones con vocación tecnológica, como Reino Unido, Alemania, Corea del Sur, entre otras.
Ante tal realidad, la evidente delantera de Huawei llevó a sus rivales a denunciar supuestos vínculos con el gobierno chino, pudiendo esto implicar un riesgo para la seguridad cibernética de las naciones que acogieran sus servicios 5G, al quedar expuestas al espionaje. Es en ese contexto, que a finales del pasado año el gobierno canadiense detuvo a la directora financiera e hija del fundador de Huawei, Meng Wanzhou, por 23 cargos federales entre ellos de “fraude bancario y electrónico”, que implicarían su extradición a Estados Unidos. Paralelamente, Washington y Londres acusaron a las autoridades de Beijing de piratería, acceso ilegal y robo de datos de unas 45 instituciones privadas y gubernamentales, que contribuyeron a una mayor escalada de las tensiones.
Es así como llegamos al actual contexto, donde hace apenas unas semanas el mandatario estadounidense lanzó su mayor apuesta, declarar el estado de “emergencia nacional”, con la intención de “proteger” de potenciales enemigos las redes informáticas de Estados Unidos. Bajo esa premisa, las empresas de capital estadounidense pasaban a tener prohibido toda transacción de bienes y servicios con otras tecnológicas extranjeras, que casualmente solo ha afectado a Huawei.
Parecido a lo ocurrido con ZTE, estas medidas han tenido por objetivo mitigar el avance de la tecnológica china, una medida que por gravedad ha contado con el apoyo de aliados de Washington, en especial las naciones que conforman el grupo de “los Cinco Ojos” (Canadá, Reino Unido, Nueva Zelandia y Australia), que junto a Estados Unidos poseen desde la Segunda Guerra Mundial una alianza estratégica, de cooperación en espionaje, seguridad e inteligencia. Obviamente, también esto ha repercutido a nivel privado, donde Google ha dado el golpe más severo a las finanzas y orgullo de Huawei, al restringirle el uso del famoso sistema operativo Android en sus móviles. A Google le seguirían Intel, Microsoft, Qualcomm, Toshiba, VodaFone, Panasonic, y una decena de empresas de alta tecnología, que han optado por cesar sus relaciones con Huawei pese a la “prorroga” de 90 días ofrecida por el gobierno de Estados Unidos.
Sin lugar a dudas la embestida puede parecer determinante en esta etapa, pero como todo en la vida, la lucha por el 5G adolece de factores que se ven y otros que no, por lo que puede que Estados Unidos y sus aliados de los “Cinco Ojos” tengan razones para temer.
¿Será que el recuerdo de lo revelado por Edward Snowden les esté poniendo frente a sus propios fantasmas? veremos esta disyuntiva en una próxima entrega