Opinión

Haití, otra vez (I)

El autor de esta columna, en este periódico “El Nacional”, ha escrito más de mil columnas bajo el título de “Crónica del Presente”.

En cerca o más de 300 columnas hemos tratado con objetividad, apegados a la verdad, el problema que arrastramos hace más de cien años, con lo que todavía llaman República de Haití, que no es un Estado republicano, democrático, y mucho menos una nación, porque en términos históricos, no se han dado las condiciones básicas para esta figura histórica y ha terminado, desde imperio y reino, simbólicamente república, a convertirse en un “conglomerado humano”, como lo calificó Juan Bosch, el gran maestro político, dominicano y de América, prócer de la República y presidente moral eterno, que tenía un sincero y real respeto por los haitianos.

Pero ese tema no ha terminado ni va a terminar por ahora; porque vigente está una conspiración de carácter internacional, financiada por Estados Unidos de América, Canadá y Francia y una pandilla de organizaciones internacionales a la cual están integradas la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA), la llamada Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y una pléyade de organizaciones y agentes internacionales y dominicanos, pagados por la nefasta Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que en la realidad de los hechos es como si el pueblo dominicano estuviese enfrentado a una campaña internacional que lo que persigue, como primer paso, es unificar a nuestro pueblo con el conglomerado haitiano, para convertir un Estado satélite, dependiente, de fácil manejo, al servicio de los gobiernos de las naciones señaladas.

El pasado 27 de junio, el periódico “El País”, de España, dio publicidad en sus páginas a un artículo con el título de “Cicatrices de una frontera Sangrienta”, en el que aparecen los nombres de Tatiana Fernández Geara y David Marcial Pérez, a quienes el autor de esta columna desconoce y no sabe si son dominicanos, españoles o haitianos nacidos en territorio dominicano.

Cuántas mentiras y disparates en el orden histórico se recogen en este artículo, en el cual se pretende hacer una síntesis o reseña de aquello que fue en 1937, la matanza de ciudadanos haitianos, residentes en territorio dominicano, muy particularmente en las poblaciones de la llamada Línea Noroeste: Montecristi, Valverde, Dajabón y Santiago Rodríguez, así como en diferentes comunidades de Puerto Plata y Santiago, en la que los haitianos tenían negocios o pulperías, así como conucos o pequeñas parcelas en las que criaban cerdos y gallinas.

Esa matanza contra los haitianos fue ordenada por Rafael Trujillo Molina, presidente de la República, quien gobernaba el país desde el año de 1930.

La matanza no la ejecutaron oficiales del Ejército dominicano que es la institución militar que preserva la integridad, soberanía e independencia del pueblo dominicano.

La intención nuestra es dar una explicación para responder a estas mentiras, difamaciones y calumnias de la crónica del periódico español, porque estamos convencidos que no será la última vez que volvamos a hablar de éste episodio y de las consecuencias que ha generado para la nación dominicana, inmersa ahora en diferencias políticas partidarias e interpartidarias entre las cuales está, hasta el cuello, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), fundado, organizado y dirigido por Juan Bosch, en el cual el pueblo dominicano, mayoritariamente, ha depositado su confianza para que lo gobiernen, enfrentando todas estas maniobras y planes siniestros de los que quieren que desaparezca la República Dominicana.

Continuaremos…

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