Hablan los hechos

China y Hong Kong: Ecos de una relación disfuncional.

En un mundo fascinado con la tecnología, innovación y muestras de opulencia, Hong Kong suele abrirse paso con facilidad, alardeando de ser junto a Paris y Singapur una de las tres ciudades más caras del mundo, así como de poseer el puente más largo jamás construido sobre el mar, que durante 55km le comunica con Macao y China.

No obstante su desarrollo y vistosidad, Hong Kong guarda consigo una historia muy peculiar, que durante el último siglo y medio ha moldeado el ADN social de su gente. Sucede que, hace aproximadamente 174 años esta isla fue arrebatada a China por el Reino Unido, tras la primera Guerra del Opio. Esta apropiación sellada en el Tratado de Nanking, contemplaba entre otras cosas el pago de 21 millones en indemnización a la corona inglesa, la apertura de nuevos puertos, y la cesión de Hong Kong a “perpetuidad”, que en 1898 tomó carácter de arrendamiento gratuito por 99 años.

Es así como el 1ro. de julio del 1997, en una ceremonia cargada de simbolismo el Reino Unido devolvió a China el control sobre Hong Kong y otras islas aledañas, aunque protegida política, judicial, económica y socialmente bajo un régimen especial regido por lo que llaman una “Ley Básica” creada en 1977. La preminencia de dicha ley sobre esta zona fue parte del acuerdo de devolución, en el cual Hong Kong mantendrá un sistema autónomo de gestión, cuya vigencia será de 50 años, es decir, hasta el 2047.

A su vez, los hongkoneses poseen su propio gobierno bajo un esquema democrático limitado, regido por un Jefe del ejecutivo y un Consejo Legislativo de 70 miembros, que es monitoreado celosamente por las autoridades en Pekín. No obstante, a pesar de que China continental tiene facultad de interpretar según sus criterios el alcance de la Ley Básica, lo cierto es que Hong Kong ha gozado de prerrogativas exclusivas como la libertad de expresión, prensa y reunión, que no son común en China, ¿o podría esto estar cambiando?.

En efecto, según un informe de Reporteros Sin Fronteras, las libertades civiles en Hong Kong han evidenciado cierto retroceso en los últimos siete años, cayendo en el índice global de libertad de expresión del puesto 54 al 73. Quizás esto explique el surgimiento en el 2016 del Partido Nacional de Hong Kong (HKNP), que reclama la creación de una República independiente, y cuyo origen yace en el mundialmente conocido movimiento civil “Occupy Central” que tuvieron lugar en el 2014.

También conocida como “la revolución de los paraguas” (por el uso masivo de estos artículos por parte de los manifestantes), estas movilizaciones se extendieron durante 79 días y procuraban reformas en el sistema electoral que garantizaran elecciones libres y democráticas. En aquella movilización participaron otros grupos, sobre todo de activistas estudiantiles como son Scholarism y Hong Kong Indigenous, que pusieron en apuros al gobierno local.

Un dato interesante, es que con anterioridad los hongkoneses han hecho constar su resistencia a las políticas de Pekín, ya que para el 2003 protagonizaron protestas contra leyes de seguridad nacional, y en el 2012 contra la instauración de un programa educativo nacional afín a la visión de la República Popular China. Las reacciones sin embargo no se hicieron esperar, y el gobierno central en China consideró la creación del HKNP una violación a la Ley Básica, e impidió la investidura de dos jóvenes electos para el Consejo Legislativo, que contrario al protocolo, no juraron lealtad a las autoridades en Pekín, sino que abogaron por la autodeterminación de Hong Kong.

Sin embargo, cual si fuera parte de su ADN, esta región ha vuelto a ser el epicentro de masivas protestas cuando el pasado mes de junio, a pocos días de haberse conmemorado el 30 aniversario de los sucesos que tuvieron lugar en la Plaza Tiananmen en 1989, se congregaron aproximadamente 2 millones de Hongkoneses contra una potencial ley de extradición. El controvertido proyecto procuraba permitir que cualquier ciudadano detenido pudiera ser extraditado a China, sin necesidad de procedimiento judicial o condena previa.

Los manifestantes han contado con el apoyo de sectores sociales, como colegios, empresas, comercios, abogados y maestros, que se unieron a los reclamos y provocaron la suspensión temporal del proyecto. Vale destacar que la promoción de esta ley fue el resultado del interés de la República Popular China de disponer de sospechosos de delitos como homicidios y violación, pero los hongkoneses temen que la misma pueda ser usada para detenciones y extradiciones arbitrarias, en especial de opositores al gobierno chino.

Las movilizaciones, hasta entonces pacíficas, tomaron un giro inesperado cuando tras suspenderse la puesta en marcha de la ley, que en palabras de la jefa de gobierno Carrie Lam procuraba crear las condiciones para restaurar la paz, un grupo de activistas decidió ocupar el Consejo Legislativo. La toma del edificio se efectuó en víspera del 22 aniversario de la devolución de Hong Kong a China, procurando evitar la subida simbólica de la bandera china, lo cual provocó irremediablemente una fuerte reacción policial.

A pesar de ello, la marea parece ir retomando su nivel con el paso de los días, a pesar de que cada vez más hongkoneses alegan no sentirse cómodos con la creciente presión de China sobre la región, generando un efecto de absorción progresiva que tiene como fecha definitiva el 2047. Lo irónico es que, según datos de la Universidad de Hong Kong, actualmente solo el 18% de la población dicen sentirse chinos, mientras el 41% dicen sentirse hongkoneses y un 39% mixto.

Quizás sea cuestión de tiempo antes de que se presente un nuevo punto de inflexión, que genere indignación y provoque nuevas agitaciones sociales, pues si algo ha sido evidente, es que la pasividad social no es propia de los hongkoneses. Muestra de ello son las siguientes palabras expuestas por la catedrática Petula Ho, quien en medio de una huelga de hambre por los aprestos de ley de extradición sentenció:

“Ser un pueblo obediente, un pueblo manso, no es una buena estrategia. ¿Crees que un Gobierno se va a preocupar de ti si sabe que eres débil? Hay que ser una sociedad fuerte si quieres tener un futuro. Papá Estado no será bueno contigo si le haces caso en todo. Si te crees eso, estás siendo estúpido”. En fin, “No negamos ser chinos, pero lo somos de forma diferente”.

Noticias Relacionadas