Opinión

Escuelas de Padres y legitimización de la gestión escolar

La finalidad de las escuelas de padres es propiciar espacios de intercambios para que los centros educativos al iniciarlas, trabajen con las familias de sus alumnos, con el objeto de que se compartan experiencias para buscarle salidas a la integración efectiva, en aras de mejorar los procesos formativos de los centros escolares. En ese proceso de integración, se deben procurar mecanismos que faciliten informaciones precisas para buscar apoyo psicosocial y pedagógico.

Para que las familias mejoren sus recursos relacionados con la educación de sus hijos, estas ayudas son necesarias y muy pertinentes para el Estado y los gobiernos. Estas escuelas de padres se convierten en puntos de encuentros de personas con problemas similares, que junto a profesionales de la educación, que pueden poner en común sus estrategias, como vías para garantizar el bienestar de niños y adolescentes, se convertirían en grandes aportadoras de soluciones.

Los temas a tratar en estas escuelas de padres y madres, deben ser diversos y dinámicos, obedeciendo a las necesidades más inmediatas de las familias, los centros educativos y las instituciones organizadoras. A estas escuelas de padres van a acudir los interesados en participar en jornadas de orientación, como los talleres con profesionales de distintas áreas que pueden auxiliar a las familias, se trata de psicólogos, pedagogos, gestores educativos y expertos en diferentes conocimientos.

La necesidad de estas Escuelas recae en primer lugar, en el hecho que las familias son los primeros organismos sociales con responsabilidad directa de la educación de los hijos. En segundo lugar, sabemos que los conocimientos educativos no son innatos, que deben ser impartidos y asimilados. Existen muchas formas de adquirir estos conocimientos fuera de la escuela, es decir, conferencias, libros conversaciones con profesionales sobre puntos y temas específicos, se aprende leyendo, oyendo, así como a través de videos y películas con posterior reflexión. Las Escuelas de Padres ofrecen la posibilidad de compartir la propia experiencia con otras familias y participar en actividades dirigidas exclusivamente a la franja de edad de los hijos en conglomerados familiares con problemáticas similares.

Las Escuelas de Padres podrían trabajar en el fomento y reforzamiento de la relación entre las familias y los centros educativos, los que por demás sabemos, se encuentran en conflictos que muchas veces les distancia en perjuicio de la calidad educativa y la formación ciudadana. En la mayoría de los casos, existe una descoordinación entre la acción pedagógica familiar y la escolar.

Las Escuelas de Padres son una buena estrategia para aproximar el contexto educativo y familiar, y de esa forma encontrar puntos en común para establecer una línea de acción participativa, porque indudablemente, la colaboración entre los padres y los centros educativos en donde ocupan un asiento sus hijos, se traduce en el fundamento del desarrollo del niño, adolescente o joven.

La familia y la escuela deben trabajar en forma coordinada para desarrollar procesos que culminen con la adquisición de las habilidades y destrezas básicas -por parte de los alumnos- para implementar los de aprendizajes que van adquiriendo y deben ser demostrados en la práctica del día a día y no solo en la escuela delante de su profesor, sino en la familia, en comunidad y los intercambios interpersonales, en la misma escuela. Por igual ocurre con las normas establecidas en la urbanidad, demostradas en los comportamientos, en los modales que se viven a diario en los intercambios entre iguales, además de las responsabilidades, los compromisos que se validan en el cumplimiento de los mismos, los valores que se viven y no solo se predican, además de las buenas costumbres que deben ser exhibidas en todo momento de la vida social.

Sin dudas que la participación activa de los padres y madres en el entorno educativo favorece una mayor autoestima de los niños y jóvenes, un mejor rendimiento escolar, mejorándose como resultado de esas buenas practicas, unas mejores relaciones entre progenitores e hijos, pero sobre todo, una actitud positivas de los padres hacia la escuela, valorando en lugares preferentes al profesor y su labor de formador, facilitador y orientador social, no solo científico o técnico. Es que a través de la intervención de la familia se van adquiriendo esquemas y modelos encadenados como eslabones aprendidos y replicados. Es en torno a ese proceso, que se estructuran las relaciones sociales y se van desarrollando en los niños, las expectativas básicas sobre lo que se puede ir esperando de cada uno de ellos en el futuro. Estos esquemas modélicos en la familia, tienen gran influencia en el resto de las relaciones que se irán estableciendo, en las relaciones sociales de cada persona.

Esas son las razones principales de la importancia de esa coordinación entre la escuela y las familias y entre el profesor y los padres. Es de esa manera que se pueden establecer pautas positivas en la crianza de los hijos, en la mejora de sus calificaciones, en el crecimiento personal de cada uno. Esa coordinación no debe cesar hasta que los jóvenes terminen la escuela en su totalidad, es decir, hasta el bachillerato, porque es en esa etapa de autosuficiencia en donde llegan los peligros de mayor problemática social.
Es importante comprender, que la implicación de las familias en el entorno educativo de sus hijos es diferente en cada una de las etapas de su educación. Porque en la Educación Inicial y en Educación Primaria, las familias suelen participar activamente en las APMAES y asisten a reuniones más o menos periódicas. Pero a medida que los hijos van creciendo, la implicación disminuye y delegan la responsabilidad de la educación al centro educativo y esto puede convertirse en un futuro lleno de conflictos a causa de la incomprensión de la libertad que casi siempre tenemos los humanos en nuestra juventud.

En este contexto, las Escuelas de Padres se pueden convertir en orientadoras eficaces para trabajar en favor de las relaciones padres-hijos a través de un efectivo intercambio de información y acción pertinente.

Es evidente que el grado de interés de los padres es un factor determinante para el éxito o fracaso en esa etapa en donde se necesita formación especializada, para comprender la vida de la juventud en cada momento y los riesgos que corren las familias al abandonar su vigilancia y control.
Los padres menos preocupados por la educación de sus hijos son los que necesitan ayuda urgente de la escuela y de los profesores de sus hijos, debido a que ignoran los riesgos que corren en el sentido de llegar a una vejes agobiados por las conductas impropias de sus hijos. El asesoramiento a tiempo, procura sosiego futuro para las familias, cuando ya los padres son ancianos y no saben qué hacer con unos hijos problemáticos e inconscientes de su rol social.

El profesorado responsablemente y comprometido con el rol social de la escuela, la propia escuela con su administración y el sistema escolar en sentido general, debieran preocuparse por la creación de objetivos comunes entre los centros escolares y las familias de sus alumnos; entre docentes y padres, con el propósito de constituir un marco de trabajo común, que esté cimentado en la colaboración recíproca entre los actores escolares. Este es un asunto que trasciende a la escuela, entrando en las orbitas del orden público y la seguridad ciudadana. Estas acciones contribuirían con la legitimación de las acciones del sistma.

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