Opinión

¿Tener estilo propio y no imitar es importante para los poetas?

Continuamos el diálogo entre Rosa Silverio, Manuel Llibre Otero y yo. (Carmen Imbert no participa de aquí en adelante; sus ocupaciones le impiden estar en línea los días y horas acordados).
ROSA: ¿Por qué para un poeta el estilo literario es importante?

JUAN FREDDY: Porque, como decía Buffon, el estilo es el hombre. De un poeta lo principal es que tenga un sello propio, una forma graciosa y nueva de decir las cosas, unos temas y enfoques distintos.
LLIBRE: Se ha hablado tanto sobre el estilo, y ciertamente debemos aceptar que es la marca distintiva de cada autor, pero no creo que sea algo que uno se proponga. Considero que es algo que vas desarrollando, que depende de tantas cosas como elementos y circunstancias tenga tu vida. Ángela Hernández me dijo, cuando estaba enamorado de ella (porque en una época todos estuvimos enamorados de Ángela) que escribir era “un ejercicio de felicidad”. Yo le agrego que es también un ejercicio de libertad, quizás uno de los más puros; por lo tanto para mí el estilo tendría que ver con la forma en que logras conjugar en una obra la felicidad y la libertad de escribir. Porque aunque se escriba de tristezas y decepciones, de amargas situaciones, miseria y quién sabe de cuántos entuertos y tragedias más, escribir siempre será un acto de alegría, de felicidad. Al menos eso siento yo.
JUAN FREDDY: El verdadero estilo sale del carácter, gustos, inclinaciones. El estilo te dice en qué temas y enfoques eres fuerte o débil. Por ejemplo, Vallejo era fuerte en asuntos tristes y experimentos verbales. Neruda en la humedad del placer hombre-mujer y la sencillez.

PAUTAS PARA HALLAR EL ESTILO

ROSA: ¿Y creen ustedes que a un escritor incipiente pueden dársele algunas pautas para que encuentre su propio estilo?
JUAN FREDDY: A un joven poeta, me parece, los mejores consejos que podemos darle para encontrar un estilo, son: 1. Leer a los grandes escritores y ver cuáles son más afines a sus gustos y biografía personal. 2. Aprender a leerse a sí mismo, conocer sus emociones y ver cuáles pueden ser comunicadas al lector hechas palabras. 3. Entrar en contacto con su país, su gente, su naturaleza, su cuerpo, y conocer qué impresiones de ese mundo son útiles a su poesía.
LLIBRE: Nadie suele llevarse de consejos, y menos los jóvenes; pero uno podría comunicarles ideas para que se identifiquen con alguna forma particular de articular su discurso. Por ejemplo: 1. Si te gusta, escríbelo. 2. Si te gusta y sientes que está bien, sigue escribiéndolo. 3. Ya que has terminado de escribir eso que te gusta y que sientes que esta bien, rómpelo; no sirve, porque el gusto y el que esté bien, no son buenos para hacer literatura. Recomiendo a la gente más joven que escriba sobre cosas que no sabe, que no le son agradables, que ni siquiera sepa si están bien, pero sospeche que no están muy mal.
ROSA: ¿Y qué es lo que sirve para hacer literatura?
JUAN FREDDY: Me parece que aquello que produce una emoción distinta de lo común, intensa, humana, creadora y profunda, inolvidable, que producirá una feliz tristeza o feliz alegría.
LLIBRE: Para mí es todo lo que causa pasión por vivir.

¿CÓMO EVITAMOS EL VICIO DE IMITAR?

ROSA: Me preocupa mucho que nosotros los jóvenes, tendemos a caer, muchas veces inconscientemente, en la imitación. Aunque creo que es una etapa por la que pasan la mayoría de los escritores cuando están en esa búsqueda de su propio estilo; se supone que luego superamos eso. ¿Y qué pasa con quienes no lo superan? ¿Con quienes se quedan en la imitación o en la repetición del mismo esquema, en más de lo mismo? Esos escritores que al leerlos sientes que es copia de otro autor o que has leído todo lo suyo porque sus textos parecen la misma cosa.
JUAN FREDDY: Yo creo que si eres auténtica, si trabajas con tus propias emociones y no con las ajenas, no imitarás a nadie, aunque leas a miles de escritores y te gusten. Solo imita el que de por sí tiene poca cosa qué decir, y por ello dice la que ha dicho otro.
LLIBRE: Puedes nunca haber ido a París y escribir como si hubieses ido a fuerza de ganas, pero para qué escribir sobre París. Hay un tipo por ahí que se inventó un pueblo llamado Macondo y hasta un Premio Nobel le dieron.
JUAN FREDDY: La clave para no imitar, me parece, es aprender a ser tú mismo. Y eso no es un aprendizaje de escritor. Es una fuerza individual que te lleva a querer ser tú mismo y no otro. Cuando tienes eso, no necesitas ni siquiera cuidarte de no imitar, porque de forma natural no lo harás.
LLIBRE: Estoy de acuerdo, se imita en una primera etapa como una forma quizás de estudio, de ejercicio técnico, pero si pasada esa etapa sigues escribiendo imitando a Cortázar, entonces podemos decir que la sección de clasificados esta llena de oficios interesantes para ti. No sé si sea un exceso decir esto, pero quien tiene mucho qué decir y ha ido escribiendo de acuerdo a los diferentes momentos de su vida, no tiene tiempo para la imitación ni para pensar en la búsqueda de un estilo, apenas tiene tiempo para juntar palabras y hacer algunas consultas al diccionario, y claro, ver algo de porno e ir a cenar a Il’Pasticcio de vez en cuando, porque también hay otros placeres en la vida.
JUAN FREDDY: El próximo domingo, seguimos…

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