Opinión

¿Dólar para rato?

Podría pensarse que en la actualidad no existe una alternativa al dólar debido a que la economía norteamericana continúa siendo la principal a escala planetaria al aportar alrededor del 21 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial.

Peter S. Goodman es un analista económico de EE.UU. que el 25 de febrero del presente año se preguntó: “¿Por qué el dólar sigue siendo la moneda del mundo?”. Esa pregunta contiene un dejo de desconcierto ante el factor causal que permita ofrecer una lógica respuesta al fenómeno monetario-financiero objeto de nuestra exposición.

Durante las décadas que sucedieron al establecimiento del dólar como la divisa por excelencia de la economía mundial tras la entrada en vigencia de los históricos acuerdos de Bretton Woods, New Hampshire, Estados Unidos (1944) suscritos en vísperas de finalizar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) prevaleció el sistema monetario-financiero internacional con el dólar como moneda mundial.

Pero a partir de 1971 cuando el gobierno norteamericano presidido por Richard Nixon dispuso la no convertibilidad del dólar en oro, el billete verde pasó a competir en los mercados internacionales con divisas de diversos países con incidencia dentro de las actividades productivas, comerciales y financieras, tales como el euro (moneda única europea), yuan (China), yen (Japón) y libra esterlina (Gran Bretaña), entre otras.

El siglo XXI perfectamente puede considerarse como el espacio temporal de ruptura de la hegemonía del dólar como principal divisa internacional de la economía mundial, por lo que resulta engañoso guiarse por las apariencias al afirmarse que en los últimos años la moneda estadounidense se ha convertido en el depósito preferido para los ahorros globales, el refugio supremo en tiempos de crisis y la forma clave de intercambio de materias primas como el petróleo, según exponen diversos analistas.

Podría pensarse que en la actualidad no existe una alternativa al dólar debido a que la economía norteamericana continúa siendo la principal a escala planetaria al aportar alrededor del 21 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial.

Mark Blyth es un economista político internacional de la Universidad de Brown y así se expresa: “No podemos vivir sin el dólar y eso le da a Estados Unidos un poder estructural impresionante”. Pero el dólar ya no está sólo dentro del espectro monetario global.

Durante la década 2008-2018 se mantuvo la mayor concentración de reservas internacionales de dólares en los bancos centrales del mundo con un 62 por ciento, seguido por el euro (20 por ciento), yen (5 por ciento) y libra esterlina (4 por ciento), correspondiendo el restante 8 por ciento a un menú de divisas.

Más del 87 de las transacciones económicas que se efectúan en el globo terráqueo se realizan mediante el uso del dólar.

A Estados Unidos le conviene mucho la prevalencia de su moneda nacional como divisa por excelencia de la economía mundial toda vez que ante cualquier desajuste presupuestal podría acudir a superarlo mediante la puesta en práctica de la maquinita para imprimir papel moneda.

La capacidad dual de emisión monetaria constituye una especie de privilegio exclusivo reconocido a un solo país. Porque ser el proveedor mundial de liquidez confiere al Estados Unidos el mayor poder político y económico que pueda añorar un Estado.

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