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Hong Kong en su cuarto mes de violencia sin precedentes

Hong Kong llegó a cuatro meses entrampado en una ola de violencia sin precedentes que genera creciente rechazo porque empuja al territorio chino hacia un estado de caos y deja profundas grietas en la sociedad.

Lo que comenzó con marchas en rechazo a una ley de extradición -ya eliminada- se convirtió en un movimiento hostil que siempre termina en altercados, destrucción de la propiedad pública y hasta agresiones a personas con puntos de vista distintos.

Según confirman las máximas autoridades, desde el 1 de octubre la situación se deterioró aun más y llegó al punto de que la policía endureció las medidas antidisturbios para controlar a los más extremistas.

«Los manifestantes sobrepasaron los límites. Con los sucesos de los últimos días crearon un estado masivo de pánico, una sensación de terror e impiden devolver la calma a Hong Kong», aseveró este martes la jefa ejecutiva de la zona, Carrie Lam.

Medios de prensa describen a la llamada Perla de Oriente como un pueblo fantasma donde sus ciudadanos temen salir a las calles, el transporte está casi paralizado, se ahuyentó el turismo y es nula la vida socioeconómica que le valió fama como uno de los más importantes centros financieros del orbe.

Datos frescos del Gobierno local cifraron en alrededor de 29 mil millones de dólares hongkoneses (más de tres mil millones de dólares) el total de ventas en los establecimientos comerciales en agosto pasado, lo cual significa una caída de 23 por ciento respecto a igual mes de 2018 y es el peor registro desde la crisis asiática de 1998.

Además a la ciudad solo llegaron 3,59 millones de visitantes en agosto para un declive interanual de 39,1 por ciento.

A fin de revertir el escenario negativo, el Gobierno anunció reducciones tarifarias, préstamos y otros incentivos para ayudar a las industrias y ciudadanos afectados por la agitación.

Aparte de sepultar la ley detonante de la crisis, puso en vigor el 5 de octubre otra contra el uso de máscaras en público con el propósito de apoyar a la policía en el combate a los actos criminales y evitar que los menores de edad se involucren en hechos de ese tipo.

También comenzaron las consultas con las masas para recoger opiniones sobre la situación y buscarle una salida definitiva.

Según reconoció la misma Lam, con el descontento salieron a flote muchas problemáticas políticas, económicas y sociales como los altos precios de las viviendas, la distribución de la riqueza y oportunidades al público de opinar sobre las decisiones estatales, entre otras.
Los manifestantes exigen la liberación de los apresados, sufragio directo, investigar la conducta policial y dejar de denominar las marchas como disturbios.

No obstante, en todo momento las autoridades de Hong Kong y de China continental deploraron la escalada violenta, denunciaron una agenda secesionista apoyada por fuerzas externas y la injerencia de Estados Unidos y Europa.

Beijing mantiene firme apoyo a la administración hongkonesa en el manejo de la crisis, pero considera la situación muy compleja y al borde de un punto crítico para el principio de Un país, dos sistemas, el cual está resuelto a proteger.

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