La economía mundial ha experimentado grandes transformaciones tecnológicas desde que el 27 de agosto de 1859 en Pennsylvania, Estados Unidos, Edwin Drake realizó una perforación de unos 21 metros de profundidad, dando paso a la era sostenida de la extracción petrolera.
Unos 161 después de la citada primera extracción de petróleo Estados Unidos apretó el botón de la producción de petróleo no convencional (shale oil) mediante la técnica de la fragmentación hidráulica (fracking) registrándose un notorio incremento en la extracción energética colocando a la potencia económica en condiciones de aproximarse a la autosuficiencia y disponer de excedentes para ser colocados en los mercados internacionales.
Para el 2020 las autoridades energéticas norteamericanas proyectan una producción petrolera de 13,2 millones de barriles diarios, por debajo de registradas en años anteriores, en medio de limitaciones infraestructurales y un ambiente de reservas en las inversiones por parte de productores que siguen de cerca el comportamiento de la relación oferta-demanda del crudo.
Pero el surgimiento de un fenómeno asociado al factor de la naturaleza está incidiendo ya en la modificación de todas las proyecciones como el comportamiento de la economía mundial: los efectos adversos de la enfermedad denominada como coronavirus, bautizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como Covid-19, ya se hacen sentir sobre el desempeño de las actividades productivas, comerciales y financieras.
La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) ha procedido a reformular sus proyecciones sobre la relación oferta-demanda: “El nuevo cálculo sitúa el consumo mundial de crudo durante este año en 100,7 millones de barriles diarios (mbd), 230 mil barriles al día menos de la estimación hecha el mes pasado, antes del estallido de la epidemia que ha causado ya más de mil personas”.
China, uno de los motores centrales de la economía mundial está viviendo un enlentecimiento de su marcha económico, a tal punto que podría reducir en unos 200 mil barriles diarios de petróleo como reflejo de la reducción del consumo del crudo en la economía interna.
En momento de inestabilidad en las cotizaciones del petróleo -tal como ocurre en la actualidad- los presupuestos confeccionados por los gobiernos registran los ingresos y egresos de divisas que pueden ser registrados en las cuentas oficiales.
De modo que un país que dependa de las importaciones del crudo para poner en marcha el conjunto de la economía y el desempeño de la vida cotidiana de la sociedad se verá perjudicado en sus cuentas oficiales expresadas en el valor de las facturas petroleras.
En cambio, para los países exportadores de energéticos el alza en el precio representará una fuente positiva de más ingresos en divisas.
Siendo la economía petrolera un mercado politizado y global su incidencia en las actividades productivas, comerciales y financieras se proyecta también en la economía militar y en la esfera del transporte poniendo en evidencia la siempre presencia del crudo energético dentro del modo de vida de la sociedad contemporánea.
El mundo actual está impregnado de petróleo. Se ha considerado que el petróleo es la “savia del sistema económico y sociopolítico orbital y su control como eje de la política mundial”.