Daniel Cruz
Es cierto: una pelea de boxeo se gana en el ring. Sin embargo, el triunfo empezó en el gimnasio. También es cierto: una guerra la gana la infantería en el campo de batalla, pero el triunfo en esa guerra lo logró el estado mayor en su oficina con el diseño de las tácticas y las acciones apropiadas. Estos ejemplos nos presentan dos casos en los que las cosas en las que menos se repara resultan de la mayor importancia. Y es que con frecuencia lo que no se ve es están importante —cuando no lo es más— que lo que se ve.
Algo parecido está aconteciendo en la actual campaña electoral. Aparentemente la lucha se lleva a cabo en las calles, en las plazas; sin embargo donde realmente se realiza la lucha es en la mente de las gentes.
Los partidos y los candidatos están dedicados a posicionarse en la mente de los electores. Cuando quieren introducirse en la de un elector indeciso, el trabajo consiste tratar de entrar a la vez se evita que penetre allí el contrario a través de sus mensajes, sus ofertas, su imagen. Esto lo procuran de diferentes maneras. Algunas de ellas, por ejemplo, difundiendo más mensajes que sus adversarios, desacreditando los mensajes y la imagen de estos para desarrollar un prejuicio en la mente de esos electores contra la competencia. En esto último desempeñan función importante la campaña sucia y la desnaturalización de los hechos.
Pero no solo se trabaja en procura de los indecisos. También se dedica esfuerzo a socavar la buena imagen que los candidatos puedan haber logrado en electores. En este caso, las acciones van dirigidas no a los cuadros políticos, a los dirigentes, al voto duro; van dirigidas a los simpatizantes blandos, a los simpatizantes “light”, a los que se han identificado con los candidatos y su discurso recientemente, en el último momento. Parece que se asume la idea de que los criterios formados en la mente de los nuevos simpatizantes blandos de una candidatura son como huellas en la arena, que pueden borrarse con facilidad, mientras que el voto duro es una huella en cemento que ya secó.
Un recurso que se utiliza con frecuencia para sacar a un candidato de la mente de un simpatizante blando, vale decir para hacerlo reconsiderar su intención de voto, es la desmoralización política. Esto se logra haciendo ruido con falsas o reales renuncias, o creando las expectativas de que se producirán; publicando encuestas falsas o reales hechas en un contexto desfavorable a la organización cuyas tropas se desea desmoralizar.
De todo eso y mucho más ha habido en este proceso electoral. Sin embargo, el elemento novedoso ha sido la toma de las calles por importantes elementos de la clase media. (Debe recordarse que la campaña realizada por ese sector en pro del cuatro por ciento para la educación se llevó a cabo en un contexto no electoral.)
Aunque en apariencia los jóvenes de la Plaza de la Bandera asumen un discurso apartidista, sus acciones benefician a un determinado sector político y perjudican a otro. Así las cosas, el supuesto desinterés partidario es un sofisma, una patraña.
Ahora, lo que importa es el qué hacer, cómo proceder ante una acción que desmoraliza a nuestros electores blandos y provoca una definición de los indecisos adversa a nuestra oferta electoral. Nos parece que debe hacerse, entre otras cosas, lo siguiente:
1.- No invertir tiempo en enfrentar a los jóvenes de la plaza. En este caso lo recomendable es atacar al amo. Una acción, cualquier pronunciamiento contra esos jóvenes-carne de cañón es mal vista por la generalidad. Además, como los dirigentes saben qué línea obedecen, no lograremos cambiar su proceder, como tampoco creo que logremos la rectificación de los jóvenes que se han dejado dirigir por aquellos en esa dirección.
2.- Por la razón que sea, la clase media de los grandes centros urbanos no ha asumido nuestro discurso en esta coyuntura. Entonces, blindémonos en los sectores sociales donde somos más fuerte, o sea en la baja pequeña burguesía pobre y muy pobre y en los sectores altos de la sociedad. El blindaje implica acciones concretas que por razones obvias no podemos decir por aquí. Solo adelantaremos que la campaña electoral debe organizarse sobre la base de tres frentes: Gonzalo, Margarita y el presidente Danilo Medina. (Si digo donde debe actuar cada uno estaríamos diciendo lo que no debemos decir.)
3.- Lo que resta de la campaña debe centrarse en el fortalecimiento de las relaciones primarias de los compañeros con los electores, no en movilizaciones. Visitar a la familia, a los amigos, a las exnovias o exnovios, hablar con compañeros de trabajo o de estudio, de la Iglesia, del club. Todo el que figure en el padrón del PLD y en la plataforma Gonzalo2020 debe ser visitado y sensibilizado sobre el peligro que se corre si se vota de manera emotiva, y no con la racionalidad que debe caracterizar a personas maduras; hacerles comprender que queremos no solo su voto, sino que cada uno nos consiga otro voto, solo uno. Y eso no debe dejarse en el aire. Cada compañero y compañera debe tener una agenda de las personas que contacte, con su nombre, número de teléfono y la mesa donde vota. Los días del cierre de la campaña deberían dedicarse a un último contacto con cada uno de esos compañeros.
(Conviene destacar la conveniencia de que cada quien tenga su pequeña agenda con esos datos de las personas que contacte de manera directa o le contacte alguien, independientemente de que esa persona figure en la plataforma o en el padrón partidario.)
Nos parece que la mejor forma de enfrentar el prejuicio que se quiere implantar en la mente de las gentes en contra del Partido de la Liberación Dominicana y sus candidatos es con el fortalecimiento de las relaciones primarias con nuestros compañeros y relacionados.
Nota: la imagen ha sido tomada de HYPERLINK «https://www.lasegundaguerra.