Caamaño y sus hombres llegaron al país de manera subrepticia el 2 de febrero de 1973. Desembarcaron en la costa sur y si internaron en la Cordillera Central no sin antes enfrentar algunos inconvenientes como el extravío de uno de los miembros de la guerrilla, Toribio Peña Jáquez, y el olvido en el «Black Jak», embarcación en la que llegaron, de la mochila del propio Caamaño con documentos claves del recorrido que harían los guerrilleros y dinero.
Esto nos lo recuerdan los periódicos cada febrero; de lo que no se habla es de que al margen de la acción de Caamaño, y más bien paralela a ella, en el país se había organizado un atentado contra el presidente Joaquín Balaguer con fecha cierta: el 10 de febrero. La operación para eliminar a Balaguer tenía nombre: «Águila Feliz». Esto significa que mientras Caamaño organizaba una expedición militar un grupo de dirigentes políticos de oposición al gobierno, en coordinación con un militar de alto rango conocido por el seudónimo de «Martín», preparaba el asesinato de Joaquín Balaguer.
El propio Balaguer sin dar detalles se refirió al plan «Águila Feliz» por su nombre en un discurso en el que pretendió el día 7 de ese mes vincular a los principales líderes del PRD, vale decir a Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, con el desembarco de Caamaño, al que consideraba una distracción porque lo que se procuraba en su opinión era debilitar la capital y otros puntos del país donde se abrirían otros focos guerrilleros.
De ser cierto lo de los preparativos de «Águila Feliz» la sorpresiva llegada de Caamaño y sus hombres afectó su desarrollo. Lo extraño es que de esta operación casi nunca se habla.
La llegada de Caamaño por playa Caracoles acaparó la atención de la sociedad dominicana al extremo de que se haya perdido de vista otros acontecimientos políticos no menos importantes. Nos referimos a la persecución desatada por el gobierno de Balaguer contra Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez con la intención de descabezar al principal partido de oposición, el PRD, deportando al primero y asesinando al segundo. Otro acontecimiento político que relegó a un cuarto o quinto lugar el desembarco de Caamaño y la persecución que le siguió fue la contradicción existente entre Juan Bosch y la Comisión Permanente del PRD, por un lado, y el doctor Peña Gómez, quien se sentía más cómodo con la Comisión Política y el Comité Ejecutivo Nacional.
La semilla de la división en el PRD recibió una oportuna dosis de abono durante los días del desembarco de Caamaño y su persecución. Esa semilla daría sus frutos con la renuncia de Bosch del PRD el 18 de noviembre de 1973 y el anuncio de la fundación del Partido de la Liberación Dominicana.
Mientras Caamaño y sus hombres ponían de manifiesto los conocimientos adquiridos en los entrenamientos de guerrilleros rurales para evadir a sus persecutores y lograr establecer contacto con campesinos que les apoyaran, de manera simultánea Juan Bosch también ponía en práctica sus conocimientos para desenvolverse sin inconveniente que lamentar en la clandestinidad y desde esa situación orientar a su partido y a gran parte del pueblo dominicano.
Esto está redactado de manera detallada en el libro «Juan Bosch, noventa días en la clandestinidad», del periodista Miguel Franjul.
En el libro se reproducen 12 manuscritos con los que Juan Bosch procura fijar posición y orientar a su partido, pero este no es el único valor del libro. Su autor contextualiza los manuscritos con entrevistas a dirigentes políticos que tuvieron participación importante en la ubicación de las casas y apartamentos en los que sería alojado Juan Bosch, pues según lo acordado no podía pasar más de dos o tres días en un lugar, en su traslado y contactos con dirigentes de su partido.
Del texto escrito por Franjul surge de manera clara, como si se tratara de una línea trazada con carbón sobre un fondo blanco, un contraste en la actitud de Juan Bosch y de Peña Gómez durante los días que ambos tuvieron que vivir en la clandestinidad, con los sabuesos de Joaquín Balaguer pisándoles los talones. De esto se podría hablar en otra ocasión porque lo que interesa ahora, cuando nos hallamos a 9 de febrero, es reproducir el manuscrito que en esa fecha de 1973 Juan Bosch envió desde la clandestinidad al «Listín Diario», cuyo texto, en el que según Franjul va un mensaje a Peña Gómez, quien había iniciado contactos con funcionarios de la Embajada de Estados Unidos en el país, es el siguiente:
«A base de rumores, y de especulaciones periodísticas basadas en esos rumores, está siendo difundida la idea de que los líderes del PRD que nos hallamos perseguidos por los cuerpos policiales estamos protegidos por representantes diplomáticos de algunos países latinoamericanos o vamos a solicitar asilo en algún embajada.
«Si esa es una esperanza del gobierno y de algunos de sus personajes, que empiecen a abandonarla ahora mismo. Nosotros somos dominicanos con los mismos méritos y los mismos derechos que todos los demás dominicanos a vivir y a morir en nuestra tierra, pero además somos líderes políticos con la obligación sagrada de dirigir a las masas de nuestro partido y especialmente cuando son perseguidas por un gobierno que se caracteriza por la facilidad con que inventa mentiras para justificar el atropello y las actuaciones ilegales. Si se nos impide dirigir a nuestro partido a la luz del día, como lo manda la ley, lo dirigimos desde la clandestinidad como estamos haciéndolo y seguiremos haciéndolo duélale a quien le duela y pésele a quien le pese.
«El perredeísmo no va a quedarse sin sus líderes. Mientras tengamos vida estaremos cumpliendo los deberes del liderazgo día tras día, hora tras hora y minuto a minuto.
«¡Asilo diplomático no! ¡Lucha al frente del pueblo y en el seno del pueblo sí! Confiamos en la lealtad y la decisión del pueblo y le pedimos que confíe en nuestra lealtad y nuestra decisión.
«Juan Bosch
«Santo Domingo, 9 de febrero de 1973.»