Responde a una sana tradición en República Dominicana y gran parte del mundo festejar la fecha del nacimiento de Jesús, que aunque se ha dicho que no corresponde a diciembre, tiene tantos años de celebración en el último mes del año que se hace muy difícil concebir otra.
La tradición nos lleva a compartir en familia, estrechar vínculos y renovar votos a favor de la felicidad, el bienestar y la sana diversión para celebrar el acontecimiento que marcó el inicio de una nueva época.
En nuestro país, como sucede en otros territorios, se tienen formas particulares de celebración que incluyen festejos, ceremonias religiosas, sin que se queden la música y las expresiones gastronómicas.
La alegría tradicional de la fecha en este 2022 ha quedado en gran medida en penumbra por la incertidumbre y el desasosiego predominante en la ciudadanía.
Ese estado de tribulación, desdicha e infelicidad se origina en la tensión de salir a unas calles de tránsito caótico y el pánico por la ola delincuencial que estremece al país.
A ese estado de aprehensión, de temor colectivo, se ha agregado este año el alto nivel inflacionario que llevó a la familia a disminuir la cantidad y calidad de la cena de Nochebuena, celebración que niños y adultos anhelan desde inicio del año.
Previo al 24 de diciembre y el mismo día de Nochebuena las quejas de consumidores y comerciantes abundaron por los altos precios de las comidas y bebidas y por la reducida afluencia de compradores.
Siguiendo la pauta del marketing que caracteriza a la presente gestión de gobierno, una avalancha de noticias prefabricadas y saturación publicitaria ha pretendido cambiar la real situación de inconformidad, molestias y quejas de una ciudadanía a la que se le vendió un “cambio” que ha resultado un fiasco que lo ha trastornado todo.
Es un esquema que ahonda mucho más las inconformidades, pues se anuncia, se promete y no se cumple.
Cuánto se añoran las celebraciones en las gestiones de gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, con precios asequibles y facilidades para los que menos tienen; mientras tanto, paciencia y comedimiento es la recomendación oportuna para los días porvenir. En fin, no hay mal que dure cien años ni pueblo que lo resista. Y esta calamidad tiene fecha de caducidad: 16 de agosto de 2024.