Daniel Cruz
¿Por qué algunos compañeros ofrecen resistencia a la elaboración de los planes de trabajo, primero, y después a su ejecución?
La explicación de esta resistencia se halla en la condición social de nosotros. La mayoría procedemos de la pequeña burguesía pobre y muy pobre, y a estos sectores sociales la sociedad no les enseña nada. El bajopequeño burgués pobre tiene que vivir improvisando; no tiene seguros sus medios de vida y debe agenciárselos cada día de la mejor manera posible. Es así como un día hace una cosa y otro día hace otra.
Esa situación objetiva se manifiesta en su forma de pensar y en su conducta. Así es como desarrolla el hábito de la improvisación que lleva a las organizaciones a las que se integra, incluyendo los partidos políticos. En esa realidad y en su indefinición de clase se halla también el origen de las reacciones emotivas con que enfrenta las distintas situaciones que se les presentan.
Algo muy diferente ocurre con el capitalista, como le explica Juan Bosch en el libro «Clases sociales en la República Dominicana». Bosch dice:
«En respuesta al temor de equivocarse y perder su fortuna o parte de ella a consecuencia de un error, el capitalista ha creado el hábito de estudiar con calma todos los aspectos de los problemas que se le presentan, y ha podido hacerlo porque el hecho de ser el dueño de su tiempo le da la base material necesaria para no actuar de manera apresurada ni siquiera cuando se trata de hacer un negocio que a simple vista parece bueno. Los verdaderos burgueses estudian con calma por medio de los técnicos que tienen a su servicio todos los aspectos de los problemas, especialmente los legales, los económicos y los sociales, y eso es lo que explica el uso que hace el capitalismo de economistas, sociólogos y psicólogos, que no trabajan directamente en tareas productivas a pesar de lo cual son bien pagados, y el uso de abogados, así como el cambio operado en el último medio siglo en la especialización de los abogados en países que tienen el nivel de desarrollo de República Dominicana» («Clases sociales en la República Dominicana», novena edición, octubre de 1998, editoria Alfa y Omega, páginas 63-64).
Los dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana tenemos que hacer conciencia de esa realidad; tenemos que armarnos de paciencia y de la disposición de insistir, insistir, insistir con los compañeros para que elaboren sus planes de trabajo, y hagan el esfuerzo necesario para ponerlos en práctica.
La única forma de lograr progresos y avances políticos es con la planificación. No hay otra. El PLD llegó a convertirse en la principal fuerza política del país como resultado de trabajo planificado. Cuando un comité intermedio, pongamos por caso el General Augusto César Sandino, realizaba un esfuerzo concentrado cualquier domingo o cualquier sábado y tenía como resultado 60 casas visitadas, 10 ejemplares de Vanguardia vendidos, cinco lectores y un cotizante conseguidos y dos o tres personas interesadas en organizarse, a simple vista esos números parecían insignificantes, pero cuando usted sumaba esos numeritos con los que bien pudo haber conseguido ese domingo o ese sábado o el domingo o sábado anterior o consiguieran el domingo o el sábado siguiente los Comités Intermedios Caamaño, Domínguez, Allende, Máximo Cabral, en fin todos los intermedios que había en el Distrito Nacional y los Intermedios que había en el interior y los núcleos de trabajo, entonces ya estamos hablando de que los logros generales de la organización en dos o tres semanas eran extraordinarios.
Fue sobre la base de la sumatoria de esos «pequeños» logros, eso sí, constantes; sobre la base del esfuerzo dirigido a su consecución como el Partido se convirtió en la fuerza que conocemos.
Entonces, un dirigente del PLD no puede levantarse un día sin saber qué tareas tiene para ese día. Tampoco los organismos del PLD pueden seguir reuniéndose sin saber qué van a tratar en la reunión. Un organismo del PLD tiene que saber de antemano, y sus integrantes, qué se va a tratar cuando se reúnan, y eso lo garantiza el plan de trabajo. Las metas, las tareas de ese plan establecen de antemano la agenda de cada reunión.
En este asunto de los planes de trabajo estamos ante lo que llaman ganar ganar; no se pierde; solo se gana. Por eso, compañeros y compañeras, pongamos manos a la obra; elaboremos nuestro plan de trabajo y ejecutémoslo. Lo demás vendrá por añadidura, como dicen los viejos de nuestros campos.
21 de febrero de 2023