Opinión

Sin sentido común

Por: J. Osiris Mota | Vivir de espaldas al futuro es irresponsable para quienes tienen compromisos, pero que lo hagan los políticos y líderes empresariales es más que irresponsabilidad; es una muestra de irracionalidad ante un mundo que se encuentra en constante cambio, erosionando los principios y valores que hemos construido hasta este punto de nuestra sociedad. Se asemeja a un salto al final de la civilización, donde parece que nada se puede hacer para seguir construyendo un mundo nuevo en cada década o incluso menos.

El momento actual requiere líderes con una visión más clara en un mundo que se mueve a una velocidad creciente, con una población en constante aumento y recursos cada vez más escasos. Nos enfrentamos a una complejidad que nos exige respuestas a las preguntas que nos hacemos. ¿Qué estamos haciendo para abordar la incertidumbre que nos dejan los cambios constantes impuestos por la tecnología, la naturaleza y el comportamiento humano aparentemente irracional? ¿Puede alguien confirmar que estamos en lo correcto, o tal vez somos demasiado pesimistas?

Estamos en plena campaña, o más bien deberíamos decir que siempre lo estamos, y, sin embargo, no observamos nada nuevo en los discursos ni en la agenda de nuestros políticos. Peor aún, esto se aplica a los principales beneficiarios del sistema, quienes parecen dar por sentado que siempre tendrán un país y una nación de donde extraer beneficios. Aquellos pocos valientes que se atreven a abordar los grandes problemas que enfrentamos, y que se crean y agravan, son silenciados por el colectivo, ahogados por el resplandor del consumismo vanidoso y los placeres efímeros, sumidos en una sucesión interminable de excesos y resacas que carecen de sentido y utilidad.

Las masas de personas desinformadas a las que hemos mantenido en la ignorancia no provocarán cambios. Los pueblos no se alzan en revolución en ese estado; son sus líderes los que deben anteponer el bien común a sus intereses egoístas, elevarse por encima de la mediocridad y aspirar a la grandeza de forjar un camino nuevo y escribir nuevas hazañas en la historia.

Nos hemos conformado con los aplausos y las adulaciones de aquellos que solo buscan su bienestar individual, sus posesiones y placeres, pasando por encima de los ideales, valores y principios de nuestros antepasados. De esta manera, nos encaminamos directamente hacia el abismo, donde solo encontraremos calamidades, conflictos y muerte.

Enfrentar los grandes problemas que se están gestando frente a nosotros requiere enfrentar los intereses de aquellos que se benefician de la tragedia de lo común. Sin embargo, esto es lo que nos queda, y quienes no estén dispuestos a enfrentarlo deben abandonar sus aspiraciones y ceder el terreno a aquellos que estén dispuestos a hacer sacrificios. Necesitamos que nuestros líderes definan los desafíos que compartimos y busquen soluciones de manera colaborativa.

Ningún partido o sector por sí solo podrá lidiar con lo que tenemos ante nosotros: el problema haitiano, el calentamiento global y sus consecuencias, los cambios estructurales como el uso de la tierra, la reforma fiscal y laboral, la desigualdad social y la educación deficiente. Estos son problemas que afectan a todos, y solo trabajando juntos podremos enfrentarlos y construir los caminos hacia su solución.

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