Por: Roberto Rodriguez Marchena | La conversación es una herramienta muy efectiva para el control social y político de la población.
Redes Sociales y medios de comunicación instalan las 24 horas del día relatos volátiles, como la cancelación o la ropa de un ministro, o relatos innecesarios como la reforma constitucional, con el propósito de que la gente se distraiga y se entretenga.
Bajo la apariencia de libertad plena, se siembra caos al entendimiento y se esparce la confusión.
“No hay manera de que se entiendan, ni que se pongan de acuerdo”, concluyen satisfechos quienes procuran presentar la babelización como fenómeno espontáneo, no provocado, para normalizarlo. Como la gente no se entiende y entonces desconfía, teme u odia a su prójimo, se mantiene fragmentada, no hay posibilidad de colaboración ni de acción conjunta para absolutamente nada.
Resulta evidente que la babelización de la conversación es un acción preventiva ante la peligrosidad de un relato común popular que convoque a la unidad.