El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) debe definir su candidatura presidencial con tiempo, no solo como una estrategia política, sino como una necesidad para reconectar con el pueblo y consolidarnos como una verdadera opción de poder en 2028.
La oposición que competirá con nosotros ya tiene su candidato definido y está trabajando en su posicionamiento. No podemos permitir que sigan marcando la agenda sin que el PLD proyecte con claridad su liderazgo y visión de futuro. En política, el tiempo es un recurso valioso, y esperar demasiado para elegir nuestra figura presidencial nos colocaría en desventaja.
Tener un candidato temprano nos permitirá construir una narrativa fuerte, organizar un plan de trabajo coherente y presentar una propuesta que genere confianza en la sociedad. Además, le dará a la militancia un punto de referencia claro, evitando dispersión y permitiendo mayor coordinación en el fortalecimiento del partido.
Por supuesto, la elección debe darse en un proceso democrático y participativo, que garantice la unidad y el compromiso de toda la estructura partidaria. Pero lo que no podemos hacer es retrasar indefinidamente una decisión fundamental para el futuro del PLD y del país.
El 2028 no se gana en 2026.La construcción de una victoria comienza desde ahora.