Por: Alejandro Herrera | “¿Para qué creamos leyes fiscales, leyes contra delitos financieros y contra el fraude, si luego toleramos las estrategias encaminadas a incumplir esas mismas leyes?”.
Estas incisivas interrogantes fueron formuladas por Churck Collins, destacado académico norteamericano del Instituto de Estudios Políticos en Washington, de 65 años, autor del libro: “Los acumuladores de riquezas, para explicar cómo los milmillonarios pagan millones de dólares para ocultar billones”.
Al leerlo, estoy seguro de que más de un millonario le querrá aplicar la censura medieval de la quema, por la forma en que desnuda con todos sus detalles el entramado erigido por “la industria de defensa de la riqueza”, a fin de ocultar grandes fortunas en detrimento de los sistemas fiscales nacionales, originando, al mismo tiempo, el incremento de la desigualdad social.
Y para mayor contundencia moral de su trabajo, no solo se trata de un acucioso investigador. Collins es además un millonario que voluntariamente renunció a la fortuna heredada de su familia, por mucho tiempo dedicada al negocio de la industria cárnica, y se concentró en la titánica labor de investigar y demostrar “cómo la riqueza una vez creada, -y en algunos casos, extraída – se oculta, se secuestra, se protege y se reinvierte”, poniendo al descubierto como la cada vez más agresiva “Industria de la Defensa de la Riqueza”, secuestra “enormes cantidades de dinero y los ubica en trusts dinásticos, compañías anónimas, empresas fantasmas y paraísos fiscales”.
“Los investigadores de Tax Justice Network Global… calculan que en el año 2015 la riqueza oculta estaba entre 24 billones y 32 billones de dólares, sin incluir activos financieros como propiedades inmobiliarias, yates, obras de arte y oro”.
Para Churck Collins “si a usted le preocupa la pobreza, la desigualdad de los salarios, la distribución de la riqueza según la raza, y el fracaso de las sociedades en cuanto a la creación de redes de seguridad adecuadas y sistemas de salud pública, el problema de la riqueza oculta es la causa de todo ello”.
Las islas Cook, Guernesey, Mauricio, Boca Ratón, Las Bahamas, Isla Caimán, Islas Nieves, Delaware EU, Mónaco, Suiza, Luxemburgo, Andorra, Belice, Las Seychelles, las Islas Vírgenes Británicas, son algunos de los lugares conocidos donde “los llamados guardianes de la puerta, ejército de abogados y contables expertos en Trusts, patrimonios, en legislación fiscal, en constitución de sociedades, en transacciones comerciales y en sistemas offshores ocultan riqueza de poderosos de todo el mundo”.
Los territorios offshore se caracterizan por lo fácil que resulta crear empresas. Un ejemplo es el Estado de Delaware EU donde “se puede crear una compañía de responsabilidad limitada en seis minutos”; igualmente, y sobre todo porque existen leyes que dificultan la identificación de los propietarios de empresas, hay un impuesto de sociedades bajo o nulo, constituyéndose así lo que se conoce como paraísos fiscales o jurisdicciones secretas.
“El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) con sede en Washington DC, en octubre del 2021 dio a conocer una de las investigaciones mundiales más importante de la historia”, revelando: “Los Papeles de Pandora”, que pusieron al descubierto casi 12 millones de documentos que dan cuenta del uso de compañías offshores en diversos paraísos fiscales, cuyos mayores pecados son la riqueza secreta, la evasión y la elusión de impuestos.
Antes, en 2016, por obra de Jhon Doe se filtraron “Los Papeles de Panamá”, que sacaron a la luz pública internacional 11,5 millones de documentos, manejados por el Bufete de Mossack Fonseca y reveladores del mismo entramado de ocultación de riqueza.
Nicolás Sartorius, en su más reciente obra: “La democracia expansiva o cómo ir superando el capitalismo”, sentencia: “Sin la recuperación de la eficiencia y la suficiencia fiscales no hay democracia avanzada posible. La imposición tributaria no es una cuestión técnica, sino filosófica y política, pues sin ella no hay destino común ni acción colectiva. Si pensamos históricamente nos daremos cuenta de que muchas grandes revoluciones han tenido su origen en cuestiones fiscales: así la francesa o la norteamericana. Por eso los paraísos fiscales o la desregulación financiera son, en mi opinión, incompatibles con la democracia. Esto así porque el Estado Social y Democrático, única forma de democracia aceptable en los tiempos que vivimos, solo es sostenible con potentes sistemas fiscales”.
Por su parte, el senador estadounidense Bernie Sanders, a modo de colofón, declaró en la Universidad Johns Hopkins, 2018: “Nuestro trabajo consiste en apoyar a los gobiernos del mundo para que acabe el absurdo de los ricos y las multinacionales oculten más de 21 billones de dólares en cuentas bancarias offshore con el fin de evitar el pago de los impuestos que le corresponden y exijan después a sus respectivos gobiernos que impongan una agenda de austeridad a las familias trabajadoras”.