Opinión

Ovación internacional, abandono nacional: la doble moral del discurso económico

secretaria titular de Asuntos Empresariales

La Organización Mundial del Comercio (OMC), en su reciente declaración, celebró el manejo macroeconómico y los supuestos avances en diversificación de la economía dominicana, señalando progresos en comercio electrónico y esfuerzos medioambientales. Si bien reconocemos la importancia de este tipo de evaluaciones, desde la Secretaría de Asuntos Empresariales consideramos ineludible advertir que estas felicitaciones se fundamentan en una lectura parcial, complaciente y, en muchos aspectos, descontextualizada de la realidad nacional.

Las estadísticas internacionales podrán mostrar estabilidad, pero esa “estabilidad” se sostiene sobre cimientos frágiles: un sistema productivo aún sin reforma estructural, una matriz energética que sigue siendo un obstáculo para la competitividad, y un aparato estatal que no ha logrado consolidar una política industrial moderna, inclusiva ni sostenible.

Mucho se habla hoy de diversificación, pero la verdad es que no existe un plan coherente que articule innovación, industria, comercio, energía y educación técnica en función del desarrollo nacional. Las pequeñas y medianas empresas enfrentan grandes retos: acceso limitado al crédito, competencia desleal por importaciones mal reguladas, y un Estado que no termina de ser aliado estratégico de la producción local.

Vale recordar que los verdaderos cimientos de la transformación digital y comercial que hoy se alaban a nivel internacional comenzaron a sembrarse durante los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana. Fue bajo nuestras gestiones cuando se aprobó y ejecutó el Plan Nacional de Banda Ancha, se modernizaron los registros mercantiles, se facilitó la formalización digital de empresas y se puso en marcha una estructura institucional para el comercio electrónico en alianza con el sector privado. Esos avances no fueron improvisados, sino el fruto de una visión estratégica que hoy otros cosechan sin reconocer su origen.

Hoy, mientras se celebran los logros de un país que aún arrastra una deuda energética estructural, una brecha tecnológica profunda y una dependencia excesiva de sectores vulnerables, insistimos en que no basta con aplausos diplomáticos. La transformación real exige una voluntad política que se traduzca en decisiones audaces, planificación técnica y justicia económica para todos los actores productivos, no solo para los grandes capitales o los sectores más visibles.

Desde la Secretaría de Asuntos Empresariales, hacemos un llamado a mirar más allá del maquillaje estadístico. La verdadera modernización económica debe construirse desde abajo: con educación técnica, con democratización del crédito, con simplificación regulatoria, con energía limpia y asequible, y con apoyo real a quienes producen riqueza y empleo en cada rincón del país.

Porque aplaudir lo superficial mientras se ignora lo estructural, no es progreso. Es autoengaño.
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